Cuento: Abañilería

Por Jesús Chávez Marín

Como le iba diciendo, amigo, yo a Venancio lo contraté para que me construyera la recámara de atrás, no para que se pusiera a enamorar a mi señora.

―¿Y por qué me cuenta eso, Benito? A mí no me gustan los chismes.

―Este no es un chisme, Fidencio, escúcheme, esto no es un chisme, es una vil traición. Y necesitaba contárselo a alguien porque si no voy a reventar, me dio mucho coraje.

―Pues a mí no me cuente nada, le digo que no me interesa. Además, soy bien comunicativo, ya me conoce. Al rato va a andar usted en boca de todo el barrio.

―Pues no me importa. Enedina fabricó una noche infiel en mi morada, como dice la canción de José José.

―Usted siempre sale con sus frivolidades, Benito. A mí platíqueme de cosas serias, no de amoríos ni de cuernos. No mame.

―Cómo será usted indiferente, Fidencio, ¿qué de plano le importa muy poquito mi dolor; ni siquiera quiere oírme?

―Pero qué quiere que oiga, oiga, si viene y me platica canciones de José José; a mí hábleme de cómo anda el país, del madral de gente que se ha muerto de Coronavirus, de las selvas arrancadas de raíz, cosas importantes; no del amorío de su esposa con el albañil ese guapo que contrató, es que de veras, ¿cómo se le ocurre?

―Ya todo ha acabado para mí. Yo ya sin Enedina no soy nadie.

―Bueno, tampoco era gran cosa antes, si me permite decirlo.

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