Por Jaime García Chávez
La historia está plagada de experiencias que nos ilustran sobre la construcción intempestiva de liderazgos que luego la propia historia lamenta. Marx es famoso, entre otras muchas cosas, por haber escrito el 18 Brumario de Luis Bonaparte, donde narra cómo un hombre que no tenía más que un apellido y un lejano linaje (hoy en duda por el ADN), se convirtió en el amo de Francia entre 1848 y 1870, cuando una guerra lo hizo pedazos. Así hay otros ejemplos, entre ellos de personajes como Hitler y Mussolini.
Está en proceso –ojalá que por el bien del país se frustre– la insurgencia de María Eugenia Campos Galván, la gobernadora de Chihuahua que la impericia política de Ariadna Montiel, dirigente de Morena, proyectó a nivel nacional por particularísimas razones personales que no viene al caso comentar.
Maru Campos iba de caída, se le percibía con el anhelo de que su sexenio expirara por fin, para irse a disfrutar de su riqueza, cuando en eso apareció la señora Montiel y lanzó un desafío: una gran marcha por Chihuahua con la que se definiría la gubernatura que entrará en disputa formal el año que viene.
Un craso error de cálculo de la novísima dirigente arrojó una demostración pública que, aparte de verse pequeña, provocó la repulsa por la presencia de “Andy” López Beltrán. La soberbia partidaria, para la que no hay justificación en Chihuahua, condujo a una crisis local sucesoria que está pendiente de desenlace. Lo que hace el azar.
Empero, el problema de fondo se está dirimiendo en otra parte. Como ya es sabido, el Gobierno de Maru Campos se vio envuelto en un escándalo por la presencia de agentes de la CIA en un operativo para desmantelar un narcolaboratorio, que se ha dicho, sin demostrar, que era de una magnitud notable. Pero algo falló: un “accidente” causó la muerte de agentes locales, y sobre todo de dos de los cuatro miembros de la CIA destacamentados en Chihuahua, violando la Ley, y sobre todo pasando por la indiscutible competencia federal en la materia.
Morena en Chihuahua se envolvió con ese caso en una defensa de la soberanía que contrastó con la acusación y solicitud de extradición del gobernador morenista de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros ocho funcionarios de su Administración.
Al politizar Morena el caso chihuahuense, provocó que se pusieran en la balanza ambos acontecimientos con sus asimetrías lógicas, resultando más grave, de acuerdo a la percepción generalizada, la circunstancia sinaloense, aunque los dos casos tienen sus propios andamiajes legales; de manera que, siendo distintos, se les trató políticamente por el Gobierno federal con rigurosidad el caso chihuahuense y con obsequiosidad el de Sinaloa. Esto desató acá en Chihuahua el regionalismo absurdo.
El Gobierno de Maru Campos puso en circulación la idea de que no importa que el gato sea blanco o negro, sino que lo importante es que cace ratones. A ese grado llega su lamentable visión del Estado de Derecho, pero lo que no ha sustentado en este, le ha dado buenos dividendos en la percepción social. Hasta llegó a pronunciar la manida frase que ahora usa el morenismo, “estamos del lado correcto de la historia”. Ahora resulta que la historia tiene muchos lados.
Morena fracasó con su convocatoria a un gran acto de masas en la capital de Chihuahua, y Maru Campos, con el mal desempeño de la Fiscalía General de la República, y el peor de Ariadna Montiel, se montó en la ola del escándalo y el espectáculo, pretendiendo una dimensión nacional de la que carece. Y si proyectamos su Gobierno a ese nivel, estaríamos hablando de una de esas dirigentes que surgen imprevistamente, se empoderan, y luego hay que lamentarlo, como sucedió con Vicente Fox.
Morena ya estaba frotándose las manos por el apetecible trofeo de Chihuahua, donde el PAN ha mantenido una primacía opositora, pero la señora Montiel le causó el trastorno a su partido que no nada más se advierte en lo local, sino en dotar al PAN de una figura, artificial, que le hacía falta, ante la crónica sequía de liderazgos. Nadie sabe para quién trabaja, pero a estas alturas Montiel quizás ya se haya enterado.
En todo esto hay que lamentar que plumas como la de Sergio Sarmiento, que ignoran la circunstancia local, magnifique, sin un debido balance y objetividad, a una política como María Eugenia Campos, que ha sido cómplice de la corrupción política durante el duartismo, que cometió delitos que todavía están pendientes de ser juzgados, que ha hecho un mal Gobierno y, sobre todo, sin hacerse cargo de algo que hoy sólo manejo conjeturalmente, pero que con el tiempo se sabrá a fondo: Maru Campos trabaja para los Estados Unidos.
Cómo me gustaría que Sarmiento leyera el reportaje “Esclavos en la Sierra Tarahumara”, escrito a varias plumas por periodistas de la talla de Marcela Turati, que puede ser consultado en la página web A dónde van los desparecidos. https://adondevanlosdesaparecidos.org/esclavosenlasierra/
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Jaime García Chávez. Político y abogado chihuahuense. Por más de cuarenta años ha dirigido un despacho de abogados que defiende los derechos humanos y laborales. Impulsor del combate a la corrupción política. Fundador y actual presidente de Unión Ciudadana, A.C.
