Por Jaime García Chávez
¿Quién puede poner en duda el narcisismo de Andrés Manuel López Obrador? La realidad. Aunque el expresidente, en estos casos, será el último en recibir la noticia. Se trata de un personaje político con méritos reconocidos, ciertamente, pero insuficientes para sus propios afanes egocéntricos y de poder.
Estamos en presencia de una personalidad como las que examinó Hannah Arendt en su famosa obra Los orígenes del totalitarismo, porque se finca en un carisma excesivo y enfermizo que además se autoconstruye con la intención de dotarse de características que están sujetas al juicio de la historia, cuando esta se toma con seriedad y no se abusa de ella.
Antes de asumir la Presidencia nos ofreció que sería “el mejor de los presidentes de México”, lo que aquí se entiende superior a Benito Juárez o a Lázaro Cárdenas. Hasta a intelectuales orgánicos de la Cuatroté les pareció, apoyándose en Groucho Marx, algo así como redactar la reseña del libro sin haberlo escrito aún. Y ahora que no está en la Presidencia, reproduce la conducta asumida por Plutarco Elías Calles, que se hizo llamar “Jefe Máximo” de la Revolución mexicana, terminando en el exilio.
A los caudillos como él no les basta lo que abonan en su propia tierra, sino que se piensan con una dimensión al menos continental. No pueden estar por detrás de un Bolívar, un Lincoln, un Castro. Y ya que menciono a este último, entro más al tema.
Hace unos días el expresidente López Obrador convocó a una colecta para recabar fondos de apoyo a Cuba en este momento trágico que vive, lo que no está en duda. Sin embargo, la lectura de esta iniciativa se puede abordar –y así lo han hecho los epígonos más fanáticos de la Cuatroté– como una conducta altruista, generosa y de grandes dimensiones humanas.
Otros pensarán que está labrando su liderazgo hemisférico. Pero la realidad es que hay que verlo en la coyuntura política concreta que vive nuestro país, para lo cual hay que proporcionar algunos elementos.
En primer lugar, la Constitución establece que la conducción de la política exterior de nuestro país está en manos y como facultad exclusiva del titular del Poder Ejecutivo, en este caso de Claudia Sheinbaum como Jefa de Estado.
Maquiavelo aconseja que “en la dirección de los asuntos importantísimos conviene al éxito que uno solo ejerza el mando supremo”; y remata: “vale más encargar cualquier empresa a un hombre solo (o mujer) de mediana prudencia, que a dos de gran mérito con igual autoridad”. Quiero decir con este apoyo doctrinal que la colecta lopezobradorista tiene una intencionalidad de intromisión en las facultades de la Presidenta y la cancillería, pues siendo el líder número uno del Movimiento de Regeneración Nacional, no le deja campo de maniobra a la Presidenta Sheinbaum para abordar el tema cubano en la era de Trump y en la circunstancia dolorosa que atraviesa el pueblo cubano, como nunca antes, en el ámbito material de la subsistencia, y en lo político el padecimiento de una larga dictadura.
López Obrador ha abierto un campo restringido que constriñe a la Presidenta a actuar en apego al dictado de su mentor. Hay una crisis de mando. Abajo, en la base social del movimiento, la supuesta congruencia de la política exterior del Estado se medirá por la voz del caudillo, y eso es más que delicado por el abuso que hace AMLO de su convocatoria tramposa, porque aparentemente tiene bondad pero lleva un filo difícil de advertir, aunque existente sin más en este momento de imperialismo exacerbado y detestable de los Estados Unidos.
Con su convocatoria, López Obrador es desleal a la presidenta y al país en general, y si ésta última está de acuerdo con el tabasqueño, pues peor para ella y, sobre todo, para México. Estaríamos en presencia de un engaño recíproco, en los términos que otro italiano, Gramsci, plantea en su obra.
Si sólo se tratara de la autobiografía de un personaje, sería inocuo. Pero estamos hablando de la política exterior de un país al que pertenecemos más de 100 millones de mexicanos y una gran diáspora en los Estados Unidos que no se puede meter a la horma de una aparente convocatoria pecuniaria para socorrer a la República desde una iniciativa personal, injerencista e intervencionista en el ejercicio de las facultades constitucionales de la jefatura de Estado.
Los próceres del pasado se embarcaban a los lugares de la crisis para empeñar sus espadas. Ahora basta aperturar una cuenta bancaria sin las requisitorias excedidas de las instituciones de crédito y hacendarias para presentarse como uno de los principales “libertadores” de América.
Cada día se confirma más la caracterización que un día hizo Porfirio Muñoz Ledo de Andrés Manuel López Obrador: “es un costal de mañas”. (Lo publiqué hace ya muchos años).
***
Jaime García Chávez. Político y abogado chihuahuense. Por más de cuarenta años ha dirigido un despacho de abogados que defiende los derechos humanos y laborales. Impulsor del combate a la corrupción política. Fundador y actual presidente de Unión Ciudadana, A.C.
