La escuela mexicana de pintura

Jesús Chávez Marín

El teórico de las bellas artes recibió un telefonema de Raúl Gómez Franco, leyeron ustedes bien, telefonema: el teórico de las bellas artes no maneja celular ni computadora porque, a pesar de que está forrado de billetes, esos cachivaches globales le dan urticaria, él es de pueblo chico y a mucha honra. Luego de saludarlo con irónico modo, la voz en el teléfono exhortó:

―Maestro te llamo para invitarte a la cena navideña de nuestro Grupo Aura, del cual eres uno de los pilares más conspicuos.

―¿Dónde va a ser? ―interrogó el oscuro personaje.

―Este año preferimos que sea desayuno, debido a la avanzada edad de los miembros, jajaja, no te creas, pero es que Luis David así lo sugirió, y todos estuvimos de acuerdo. Va a ser en el restaurante de Liverpool.

―¿Y quiénes van a ir? ―espetó el teórico de las bellas artes, desconfiado como taimado.

―Todos los del grupo: yo, tú, Víctor, Héctor, Chávez, Ramón, Luis David y Óscar. No pude conseguir a Ceferino, me dijo su mamá que anda en el Tíbet.

―Pues yo tampoco pienso ir, me van a perdonar ―exclamó tajante el susodicho.

―Pero cómo, José Pedro. No nos hagas esto. Sin ti nada sería igual ―recitó Gómez Franco en una de sus acostumbradas arengas en las que nadie sabe si lo dice en serio o en broma.

―Bueno pues. Iré. Pero con una condición: Que no inviten a Chávez.

Y claro que no me invitaron. No les falta razón, no soy tan conspicuo y, para acabarla de amolar, a principios de ese mismo año escribí en El Heraldo de Chihuahua una crónica que no le agradó al teórico de las bellas artes.

 

About Author

Deja un comentario