El alquimista, de Paulo Coelho

Por Fernando Mendoza

Todos los libros que lee, ¿le gustan? La pregunta provino de un alumno que me había interrogado insistentemente sobre las lecturas de ese momento en aquel semestre de aquellos años en que era temido por mis exámenes finales.

Les había dicho por entonces que releía a García Márquez, pero que lo que había leído en mi primera juventud de este autor ya no me atraía igual. Prefería sus cuentos y sus crónicas periodísticas. Y había comenzado a leer a algunas autoras latinoamericanas y me estaba dando gusto con Isabel Allende.

No todo lo que leo me gusta, a veces creo que es el tiempo o cómo se sienta uno como lector para congeniar con el autor y su texto. Fue mi respuesta. Sigo pensando de la misma manera. Si releemos lo que hoy no nos gusta, quizá podamos digerirlo mejor en algún momento del futuro. O maduramos o nuestra conciencia está en otra sintonía o nuestras experiencias empatan con el libro o la vida nos lleva a un mejor encuentro.

Pero el alumno especificó más. ¿Le gustan los libros de Paulo Coelho? Suspiré. Mirada fija e incisiva. Seriedad. Acomodé mis hombros. Espalda vertical y rígida. Afiné la garganta.

Recordé aquel consejo de no responder con una pregunta, pero en ese momento yo era el profesor y podría darme mis licencias. Mi respuesta: A ti, ¿te gustan?

Su respuesta: sí, mucho.

Dije: Es lo importante, que te gusten, que te llenen, que sientas empatía, que quieras terminar un libro sin querer terminarlo, que te acompañen siempre… luego en un momento dado, con otras lecturas, podrás entender que a veces has leído algo que no vale la pena.

Lo dije así, en general, pero creo que él lo entendió con una dirección exacta. Creo.

Debo aclarar en primera instancia, que leo muy pocos bestsellers. No critico a quien los lee, porque algo deben de tener para que haya tanto personaje que se gaste un buen importe de dinero para tenerlos. Lo que pasa es que no encuentro algo que me inspire leerlos.

Y Coelho es bestseller.

Sin embargo, he leído uno que otro, y me confirma lo que he pensado siempre. A Coelho le di la oportunidad con El Peregrino. No me gustó. No me atrajo ni me atrapó. No encontré la veta de la emoción ni la intriga. Luego, a diversas insistencias tomé El Alquimista. Y… pues tampoco. ¿Qué te pareció? Me preguntó quien me lo regaló. Muy fumado, le respondí.

Creo que Coelho escribe novelas con un dejo de consejos espirituales, tratando de comunicar un mensaje místico a los lectores. En El alquimista, creo que Coelho intenta dejar un consejo espiritual sobre la vida, sobre el caminar hacia un punto mejor, alcanzar un tesoro -cual sea que sea este- en el transitar por este mundo.

En El alquimista no encuentro la veta literaria ni una buena prosa. Quizá la intención del brasileño no sea tanto la forma, sino el contenido. Quizás, pero es que tampoco le encuentro el contenido, más allá de una serie de consejos ligados con lo que se ha puesto de moda desde finales del siglo pasado, con una remembranza por los temas orientales.

Coelho, como yo, quedó impactado al hacer el Camino de Santiago. La novela de El Peregrino trata el tema. En El alquimista, el personaje es Santiago, un joven pastor español que decide hacer un viaje a Africa, porque siente que en su tierra natal no encuentra su lugar, y cree que “conocer el mundo era mucho más importante que conocer a Dios”, según él.

Se ocupa en África como vendedor de productos de cristal. En uno de sus viajes comerciales se une a una caravana que va a Egipto. En el camino, sueña con encontrar un tesoro. Entonces, aparece un sabio alquimista que le dará una serie de consejos, que componen la enseñanza que intenta dar a conocer Coelho a sus millones de lectores.

Los consejos del alquimista son una serie de enseñanzas entre oraciones cristianas, expresiones esotéricas, enunciados chamanes, máximas budistas y decires tomados de algunas culturas orientales. Creo.

Un libro new age. Es decir, una mezcla mal amalgamada entre diversas doctrinas, que buscan despertar emociones gentiles para vivir una vida paciente y cercana a los demás, sin un compromiso serio con un Dios que es persona.

Leí El Alquimista como novela y me dejó un hueco literario. No encontré mucho valor. No intenté leerlo como guía espiritual, porque no hay asidero firme en su mezcolanza de afinidades doctrinales. Tampoco intento dar un juicio definitivo sobre los lectores afines a Coelho. Alguien podría haber encontrado un valor literario y una guía espiritual en sus muchos libros, incluyendo El alquimista. No lo dudo. No soy yo uno de ellos.

A mi alumno le dije más o menos esto. No soy yo quien deba decidir qué se lee y qué no. Pero si me preguntan mi opinión, es esta. Ciertamente no me gusta todo lo que leo. A veces decido terminar el libro, más por deber que por gusto. A veces, decido cerrarlo, porque tengo tanto qué leer y sigue esperando el momento. La vida consiste en seguir buscando la lectura que en ese momento preciso empate corazones. A seguir buscando…

Nos leemos la próxima. ¡Hay vida!

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