Por Jesús Chávez Marín
―Tía, ya va siendo hora de que le demos una pintadita a las casas. ¿Quiere que le llame a Remigio?
―No, m’hijo, no me alcanza. Además, Remigio nos cobró carísimo la vez pasada, y eso que le metió vinílica de a cuatro pesos el tambo.
―Pues sí, pero la vez pasada fue el siglo pasado, no la friegue. Se ven rete gachas las fachadas. Y por dentro está peor.
―¿Y qué te apura? Tú no vives allí. Tu único trabajo es cobrar las rentas.
―Bueno, pero no se enoje. Es que no me tiene paciencia.
