Cuento: “La paletita”

Por Jesús Chávez Marín

El envidioso irredento no tenía por qué serlo, ni lo uno ni lo otro, porque había triunfado en la medicina y, según esto, era jefazo en el Seguro Social; además tenía su consultorio en Cima, le iba muy bien, manejaba un carro lujoso y vivía en el Campestre San Francisco. Pero la envidia es un diablo verde y terco.

Como su esposa era bonita y de buen carácter, le caía bien a todo mundo; todo lo contrario del higadito de su marido que siempre llegaba dándose importancia y por eso apenas lo saludaban con un desabrido hola doctor que al susodicho le llenaba el hígado de piedritas.

En La Camelia, cantina donde se reunían los jueves, sus cuates, resignados, escuchaban autoelogios y quejumbres:

―No cabe duda de que vivimos en la ignorancia y el oropel, colegas. Díganme ustedes, ¿cómo puede ser posible que a ella la lleven y la traigan nomás por ser bonita y a mí, que soy el científico, el primer cirujano que hizo aquí un trasplante a corazón abierto, ni me pelen? Me traten como a toda la bola de mequetrefes que asistieron a la boda de mi hermana.

O sea, el bato envidiaba la belleza de su, como vulgarmente se dice, cónyuge.

Otra: Un día llegó a un congreso médico el doctor Modesto, afamado cirujano plástico. Llegó en su carrazo Mustang 2022 color azúl plúmbago. Ver otro carro más bello en el estado de Chihuahua y sus alrededores era imposible. Pero al doctor Susodicho se le nublaba todo. Se le hacían lentos los días para que llegara el jueves y la tertulia de La Camelia tuviera que oírlo:

―Solo en esta dimensión de El Mundo Bizarro sucede que un charlatán, un burro de seises que terminó medicina por piedad y sin haberse quemado las pestañas para hacer, aunque fuera, una pinche especialidad de otorrino o algo, con la sola práctica de merolico estafe a millonarias gordas y les cobre las perlas de la virgen y ahora resulta que tiene hospital propio y vida de sultán, cuando de estudiante siempre andaba a la última pregunta.

Envidiaba el carrazo.

La tercera y nos vamos. El hermano de su otra vez como vulgarmente se dice señora esposa ganó un concurso y le publicó el gobierno municipal un libro de poemas, lo presentaron con bombo y platillo en La Quinta Gameros. Lo pusieron por las nubes, como se estila en ese tipo de actos costumbristas. Esta vez el doctor Eminente Mamón esa misma noche le dijo a la mujer, la mismísima hermana del vate laureado (por un día).

―Oye, nunca me hubiera imaginado que tu hermano escribiera libros. Qué bueno que le publicaron, de veras que me alegré mucho. Luego de tantos fracasos ya era hora de que alguien le diera la mano. Ojalá en el Departamento de Archivos donde trabaja le den un aumento, ¿no crees? A ver si un día de estos hasta logra salir de perico perro.

Envidiaba que otro cualquiera fuera la Reina por un Día.

Pero así son los envidiosos, desde niños se fijan hasta en la paletita que andan saboreando otros, mientras aferran en las manos bolsitas de oro.

 

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