Cuento: Cofradía

Por Jesús Chávez Marín

Pepe García despertó temblando a las cuatro de la mañana, no había guardado ni un trago para curársela de urgencia, anoche se tomó con avidez el resto de la botella. Tenía la sensación de vomitar, pero no salía nada, apenas un amasijo agrio de amarga revoltura. Lo que más le angustiaba era que faltaban tres horas para que pudiera ir por el remedio con sus amigos del barrio que eran como él: alcohólicos, las cosas por su nombre, pensaba: No catarrines ni teporochos como nos decían los de la colonia para burlarse; si superan lo terriblemente doloroso que es esto no se burlarían: esta sed eterna, este cuerpo que vibra de miedo, estos pensamientos plastosos, estas ganas de morirse pero no, porque siempre llegará en algún momento la felicidad de un traguito. Cuando los vea, mis amigos y yo juntaremos monedas para comprar un alcohol de botica, cortaremos quelites, prenderemos una lumbre para cocinar nuestro desayuno de quelites con sal y para compartir la botellita de plástico y así todos los días, mientras nos vamos muriendo uno por uno.

 

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