Está comprobada la política de Israel para respaldar y difundir a los influencers sionistas y pro israelíes donde asomen (notablemente en Estados Unidos). Favikon, por ejemplo, recomienda a los 20 youtubers más influyentes de Israel y divulga sus perfiles, todos impulsados con inteligencia artificial. En su mayoría dicen o documentan trivialidades, juegan en línea o difunden mensajes de alegría y optimismo desbordado, en un país en colapso ético tras el asesinato y la tortura de decenas de miles de sus vecinos palestinos y el arrasamiento de un territorio densamente poblado, tareas efectuadas por la juventud israelí bajo las órdenes del “ejército más moral del mundo”, según el premier Netanyahu: las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).
Por su parte, Masa Israel Journey promueve a los “20 influencers pro israelíes que debes seguir”, la mayoría residentes de Nueva York, judíos o no (se incluye un marroquí). La Universidad de Tel Aviv promueve la innovación en los de por sí innovados medios de comunicación digitales para incidir en lo que usuarios de Instagram definen como el “ecosistema de los influencers, donde la viralidad se mide en segundos y la polémica en likes”.
Característicamente, medios tradicionales como BBC prefieren denunciar a los influencers “pro Hamas” o “antisemitas” y el dineral que ganan posteando imágenes no verificadas o verificadas en otros conflictos con el fin de “dañar la reputación” del ente sionista.
En México se ha venido desarrollando una saga entre picaresca y tragicómica con amplia repercusión, involucrando a tres auténticos stooges, populares en TikTok (un millón 200 mil seguidores), que se hacen llamar Par de Tres. En los tiempos que corren nadie es inocente y lo suyo no es cuestión de humor ni de gusto (ambos muy dudosos), es político. Se trata de un trío de veinteañeros identificados como judíos mexicanos de clase alta y ciudadanos de Israel, al grado de haber participado en las FDI y exhibirse en redes como si fueran simples bufones cargados de incorrección política.
Como suele ocurrir en estos alardes de imbecilidad impune, acabaron estrellándose contra una clamorosa funa cargada de insultos simétricos a los que ellos profieren como si nada. Se presentan como huixinais (ricachones de Huixquilucan, una de las municipalidades con más millonarios en el país) y de Cuajimalpa, alcaldía que también abunda en guetos para el autoapartheid de los ricos. Sus nombres, hoy más famosos de lo que soñaron, aunque no por los motivos que esperaban, son Alex Thacher, David Beja y Moisés Shor Weizl.
Transmiten desde restoranes de lujo, o bien Sanborns, torterías (tampoco son muy aventureros) y diversas locaciones de lo que ellos consideran la Ciudad de México. Dándose baños de pureza, Par de Tres adelanta: “Los comentarios dichos a lo largo del video no reflejan la manera de pensar de ninguno de los participantes” (!). “Todo es únicamente con fines humorísticos y en ningún momento se intenta ofender a nadie”. Como si enunciarlo sirviera de antídoto.
De hecho, fuera de su círculo social, las emisiones resultan indignantes y, la mera verdad, nada chistosas para audiencias menos descerebradas que las suyas. ¿Cómo calificarlos? Clasistas, racistas, supremacistas, arrogantes, misóginos, discriminadores, se ríen de las clases socialmente desprotegidas y, de manera totalmente condescendiente, de sí mismos, como si cualquier judío pudiera ser Woody Allen.
Hacen mofa de la comida de los trabajadores, vejan a meseros y prestadores de servicios, hacen alarde de su poder adquisitivo, su condición de juniors impunes, su amistad con personajes como Vicente Fox y figuras del espectáculo, sus viajes al extranjero (uno de ellos ha visitado 55 países, sin que se le note), sus ganas de sonar como mexicanos, algo que ya son.
Aunque anunciaron la Navidad para una empresa telefónica, se han exhibido en Israel con el uniforme de la milicia o en Jordania haciendo turismo “simpático” a costa de palestinos y jordanos. En el contexto del genocidio en Gaza, la ocupación violenta e ilegal de Cisjordania y la destrucción del sur de Líbano, pasaron de ser meros whitexicans irresponsables a símbolo del abuso burgués y sionista. Su huella digital los delata. Siguen o participan en cuentas sionistas de Instagram y TikTok.
Qué añadir, si les parece repulsivo apellidarse con terminación “ez” (“uta, wey, imagínate llamarte Gutiérrez, Sánchez, Rodríguez, wey”), o bien comer tortas grasientas, viajar todo apretado en el Metro entre los “jodidos” (la expresión es suya), vestir mezclilla vieja. Sabemos que así habla entre sí la pirrurrada, sin pudor ni miedo a la funa. A éstos en particular les cayó el chahuistle.
