Ortiz Pinchetti: “El riesgo es la intención, no la Ley”

Por Francisco Ortiz Pinchetti| SinEmbargo

“Es increíble la ignorancia de los políticos y funcionarios públicos, incluidos por supuesto los encargados de la comunicación social en diversas dependencias y entidades, sobre los aspectos más elementales de la actividad informativa. No tienen idea. Tergiversan todo. Confunden los géneros periodísticos. Llaman ‘ataque’ a las informaciones adversas. Se quejan de ‘campañas orquestadas’ cuando hay críticas fundamentadas, con fuentes o declarantes. No son capaces de diferenciar entre una nota sustentada, con fuentes, crítica, de un artículo de opinión en el que el autor analiza y opina acerca de un hecho. Son intolerantes y a menudo represores y violadores de los derechos constitucionales a las libertades de Prensa y de Información.

“Y me refiero a funcionarios de todos los tamaños, todos los niveles y todos los colores. Con demasiada y preocupante frecuencia hoy mismo buscan descalificar a medios y comunicadores que les son incómodos. Igual que siempre, usan la publicidad oficial para ‘comprar’ favores informativos con recursos del erario. Están convencidos de que la manera de obtener notas favorables es pagándolas, ya como ‘entrevista’, ya como ‘gacetilla’ (ya habrá ocasión de ocuparnos de los falsos periodistas dedicados a esquilmar funcionarios, que son otra lacra). Y en consecuencia, recurren todavía al viejo ‘chayo’, al cohecho vil para tratar de ganarse la voluntad del informador. Es lamentable, pero cierto y vigente”.

Escribí los párrafos anteriores en julio de 2014, hace 16 años, en este mismo espacio. Me sorprende su absoluta vigencia. Pienso que dibuja la actitud actual de los gobernantes y sus empleados ante la prensa. Con la diferencia de que hoy se agrede a los medios y a los comunicadores públicamente desde el más alto nivel: la Presidencia de la República.

En sus clases de periodismo, el profesor Andrés Manuel dio cátedra… de manipulación y engaño. Deliberadamente confundió los géneros informativos, para hacer creer que la opinión es información y de paso victimizarse como “el presidente más atacado por la prensa desde Madero”. Recordemos aquellas listas de columnistas y articulistas que exhibía en sus conferencias desde el púlpito de Palacio Nacional y que según lo “atacaban”. En eso sustentaba su aseveración. Jamás desmentía con datos una información que acusaba como falsa. Lo que invariablemente hacía era descalificar al medio o al informador.

Su discípula Claudia mal aprendió esa enseñanza.
Vale la pena repasar el tema, ahora que se discuten los famosos lineamientos en defensa de las audiencias. De manera sucinta, podemos catalogar esos géneros en dos grandes y bien definidos campos: los géneros informativos, por un lado, y los géneros de opinión, por el otro. Así de claro y tajante.
Los géneros informativos son: la nota informativa, la entrevista, la crónica y el reportaje. Básicamente son los instrumentos con que cuenta el reportero para hacer su trabajo, cuya obligación es informar. En ellos está vedado opinar.

Los géneros de opinión, en cambio, son como su nombre lo indica, aquellos en los que el respectivo autor analiza y emite apreciaciones personales sobre los hechos. Básicamente son tres: el editorial, el artículo y la columna, como ésta. Me parece que la caricatura también lo es. Quienes escriben esos textos no son reporteros en activo, sino analistas, comunicadores, comentaristas que deben tener la libertad de expresar sus ideas.

Dada su naturaleza, los géneros informativos pueden ser desmentidos, si la información que proporcionan es inexacta, incompleta o falsa. Tiene ese sentido el famoso derecho de réplica que compete a quien se sienta agraviado. Está en la Ley.

Las opiniones son otra cosa. En su caso, pueden ser rebatidas por el aludido, o por cualquiera otra persona que esté en desacuerdo, que al hacerlo recurre a argumentos y aclaraciones, a sus puntos de vista.

Pienso que está claro, ¿o no?

Si yo publico en mi columna de opinión, por ejemplo, que el régimen morenista nos conduce al autoritarismo, es mi opinión. La puedo sustentar en menor o mayor medida, pero es lo que yo pienso. Tengo pleno derecho a opinar. Y podrá el lector estar o no de acuerdo conmigo.

Si un diario, El Universal por ejemplo, publica en su primera plana una nota en la que “juristas, exmagistrados y especialistas agrupados en el Centro de Estudios para un Proyecto Nacional Alternativo (CEPNA) advirtieron que la propuesta de “Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias”, elaborada por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, podría derivar en censura y autocensura en radio y televisión, con efectos sobre el debate público y el proceso electoral 2026-2027”, eso es información. Tiene fuentes, citadas. Consigna lo que esos juristas, exmagistrados y especialistas entrevistados opinaron sobre el tema, incomode o no al oficialismo. Decir que es una noticia falsa es por supuesto una aberración. Y una vil mentira.

Ahí radica el problema. Los lineamientos sobre derechos de las audiencias no son en sí una amenaza a la libertad de prensa, particularmente de los medios electrónicos. Básicamente están ya contenidos en la Ley vigente. El problema y el enorme riesgo –además de tener claro destinatario–, es quién va a juzgar qué es opinión y qué es información; cuándo una noticia es falsa o verdadera. Y no es asunto sólo de ignorancia, sino sobre todo de mala fe.

Si la propia Presidenta de la República manipula un video de hace 30 años, mutilado e incompleto, para tratar de justificar con una frase del periodista Sergio Sarmiento –cuya integridad es inobjetable–, que los medios mienten, es de suponerse –y temerse—cuál es la intención censora escondida de una normatividad que se trata de presentar como un instrumento del pueblo bueno para acceder al derecho a la información. Válgame.

DE LA LIBRE-TA

PANISTAS IRRESPETUOSOS…. Y APESTOSOS. Aunque usted no lo crea, el gobierno de la Alcaldía Benito Juárez, la más panista de la capital, hizo colocar un contenedor para excremento de perros ¡en pleno monumento al fundador del PAN, don Manuel Gómez Morín! Así puede constatarse en la esquina de los ejes viales Félix Cueva y Gabriel Mancera, donde se ubica el parque “Pascual Ortiz Rubio”, en la colonia Del Valle Sur. Según la información del portal Libre en el Sur, el maloliente armatroste –que es a la vez un estante con pantallas para publicidad comercial, ojo–, estorba incluso la vista del espacio dedicado al insigne chihuahuense, la figura más emblemática del panismo nacional, creador además del Banco de México y autor de la autonomía de la UNAM. Vaya.

@fopinchetti

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