Por Jesús Chávez Marín
¿Ven aquel camión blanco al fondo en la foto? Allí va Silvia Jau, la mujer que he querido toda la vida, misma que nunca me hizo caso y mejor prefirió juntarse con Víctor, un vecino de nosotros que era guapo y estrella del futbol llanero. Pero así le fue a la pobre, el tal Víctor era un bueno para nada; en cuanto la mujer más bella del mundo, o sea Silvia, quedó embarazada, Víctor salió echo la mocha, se fue de mojado a los Estados Unidos y no le mandó ni un dólar siquiera para la maternidad.
Ella quedó casi en la miseria pues su papá la corrió de la casa, la mamá lloró mucho pero no la defendió, en el fondo estaba de acuerdo con el marido porque así se usaba en aquellos tiempos de cuando nuestra ciudad era poquito más salvaje que ahora.
Silvia Jau se fue a Ojinaga donde se estableció como sirvienta en una casa rica, pero como no la admitían con el niño, se lo dejó a su hermana Emilia. Yo me casé con Emilia y juntos criamos a Carlitos. Le pusimos mi nombre y lo registramos como de nosotros.
Con el tiempo me he ido olvidando de Silvia, aunque no te creas, es difícil. Ella sigues siendo la mujer más hermosa del universo para mis ojos y para mi corazón terco y un poquito imbécil.
