Por Fernando Mendoza
Era un módulo chico, de unos dos metros y medio de cada lado y dos cuarenta de alto. Todo cubierto de vidrio, a manera de ventanales, de tal manera que los entrepaños que estaban por dentro pudieran exhibir la mercancía. Lo veía cada vez que me adentraba al centro histórico. Me detenía gustoso a ver lo exhibido en mis años de chaval.
Una tarde de viento insoportable pasé por el lugar. Una joven entrada en la madurez cargaba con unas cajas pesadas. Le ayudé con la caja más grande y por primera vez ingresé al módulo. Todo lleno de libros. Casi el paraíso…
De vez en vez, pasaba por las calles del centro y me detenía a saludar a la joven y a darle una mirada a los libros exhibidos. Si mi memoria no me mete en líos, todos tenían el logo de la Secretaría de Educación Pública, aquel con las siglas cuya “e” central estaba en minúsculas.
Aunque quisiera, me era muy difícil comprar algún libro de la exhibición por aquel período de vacas flacas. Pero seguí pasando por el módulo para seguir saludando a la joven con madurez y a los libros que me sonrían esperanzados.
Más cercano a los 18 que a los 15 años, hice mi ahorro. Y visité a la joven madura. Perdón, quise decir que asisté al módulo. No sabía qué libro escoger. Estuve media hora en el proceso de la selección. Y me decanté por Aspectos del conflicto religioso de 1926 a 1929, sus antecedentes y consecuencias, de Alicia Olivera Sedano.
Conocía muy poco del tema. Había leído los artículos de Víctor Ceja publicados en la revista Impacto y unas veinte páginas del tercer tomo de los libros de Jean Meyer.
Quería conocer más.
Eran los primeros años después de cumplir mis primeros veinte cuando comencé a leerlo. Iba entiendo lo que leía pero no entendía todo el contexto. Lo terminé con esfuerzo, pero no era el tiempo propicio. Con el paso de los años, terminé por olvidar lo que con tanto brío me costó.
Lo dejé en una segunda fila entre otros tantos de historia en el librero grande de la sala amplia de la casa, pero sabiendo que allí estaba.
El año pasado lo saqué y le leí de tirón. Otra cosa. Creo que el texto es comparable con lo mejor que se haya escrito de la persecución religiosa en México. Incluso en algunos aspectos, más profundo y explicativo que los tres clásicos de Meyer. De ese tamaño. Creo.
Olivera Sedano, fallecida en 2012, hace un gran trabajo de investigación y un mejor en su narración. La parte de los antecedentes es, creo, que la mejor parte. Explica a conciencia las diversas causas y estudia y da razón de lo que ella consideraba que fueron las principales.
La creación del Partico Católico Nacional es una parte muy bien tratada en el libro. Ubica en el tiempo los hechos que lo conformaron, su trabajo en las elecciones de la década revolucionaria, sus triunfos y el por qué se apagó. Además traza magistralmente, la transición de los personajes que lucharon desde el Partido Católico hasta la creación de la ACJM y su conexión a la Liga, con la consecuente participación en la cristiada de 1926.
Destaca en la investigación de Olivera los hechos que llevaron a René Capistrán a solicitar ayuda a Estados Unidos para la causa de la Liga, y explica las razones por las que no logró su cometido.
La historiadora razona las razones de los católicos y razona las razones del gobierno. Y las transmite tal cual.
“No hubo por parte de los cristeros ninguna batalla verdaderamente importante o que pusiera en peligro al gobierno. Utilizaron siempre el sistema de guerra de guerrillas, que surtió efecto en muchas ocasiones y en otras los llevó a controlar algunas regiones. Nunca ocuparon ninguna capital ni ningún pueblo por más de dos días. Los ejércitos se sostuvieron a base de la cooperación pública y arrebatando en los combates o comprando los pertrechos a las propias tropas del ejército federal”.
En cuanto a los arreglos, transmite que los cristeros no fueron tomados en cuenta, a pesar de que serían los que sufrirían las consecuencias y hace notar -como otros autores- que fue una decisión tomada solo por parte de los Obispos.
La primera edición de Aspectos del conflicto religioso de 1926 a 1929 salió en 1966. Casi a la par que los de Meyer, aunque aquél ha tenido menor fama que estos. Creo que con ocasión de los cien años del cierre de los templos de 1926 se debería rescatar su lectura y darle su lugar. Creo. Supongo que hay nuevas ediciones del texto. Lo desconozco.
Lamento que el módulo de las calles céntricas de mi ciudad haya desaparecido. Era un lugar para adquirir grandes joyas literarias, históricas y poéticas, principalmente de autores mexicanos. Después de comprar este libro de Olivera, seguí visitándolo y pude comprar unos pocos más. Me sentaba entre las cajas y me deleitaba con la plática entretenida de la joven con madurez. Nunca le pregunté por su nombre. No era necesario. Importaban las historias que me contaba, y que yo se las creía en los tiernos años de mi primera juventud.
Nos leemos la próxima. ¡Hay vida!
