Por Francisco Ortiz Pinchetti
Clavados como estamos en descubrir las trampas que esconde el llamado Plan B de Claudia Sheinbaum Pardo —entre ellas su pretensión de meterse a la boleta electoral en 2027 a través del recurso muy lopezobradorista de la “revocación del mandato”—, no tenemos conciencia plena de que hay un señor color zanahoria que allá en el rancho grande trae otros planes en su morral. Sus intenciones cada vez son más claras y evidentes, aunque las disfrace con lisonjas como la de ponderar la hermosa voz de la mandataria mexicana.
Es el juego preferido de la Casa Blanca en estos primeros meses de 2026: el agotamiento del Plan A. Durante meses, Trump se ha dedicado a una diplomacia de terciopelo, calificando a la Presidenta Sheinbaum como una “persona muy buena”, una wonderful person de “hermosa voz”. Pero no nos engañemos; esa amabilidad era el metódico llenado de un expediente.
Para el magnate, el Plan A consistía en seducir al gobierno mexicano para que aceptara, por las buenas, la entrada de sus tropas. Al recibir el “no” rotundo de Palacio Nacional —esa respuesta de “once veces no” que la Presidenta presume—, Trump ahora muestra su verdadera cara con la satisfacción del que dice: “yo lo intenté, pero no me dejaron otra opción”.
Está cantado.
La ironía es punzante. Mientras aquí nos desgastamos en un debate bizantino sobre los sueldos de los diputados locales o el ahorro de unos pesos en el INE, Donald Trump ya ha pasado a los planes operativos con la parsimonia de quien afila un cuchillo. No es sólo su declaración del domingo 15 al pie del Air Force One, donde soltó con esa malicia tan suya que “por alguna razón, ella no quiere aceptar mi ayuda”; es la carga de sospecha que deja caer sobre la mesa.
Y ojo: ese “por alguna razón” es el dardo envenenado. Es Trump sugiriendo ante el mundo que el rechazo a su ejército no es por nacionalismo, sino por complicidad con quienes, según su mantra inamovible, son los que realmente “gobiernan a México”.
Ante tal diagnóstico, el Gobierno de Claudia ha intentado calmar a la fiera con ofrendas que parecen rituales de apaciguamiento. Ahí están los “sacrificios humanos”: esa entrega a vía fast track de decenas de narcos presos que son enviados al norte como tributos para saciar una sed que es insaciable. Tan sólo en lo que va de este 2026, el traslado de objetivos prioritarios se ha acelerado fuera de todo protocolo tradicional, pero para el Orange God esos son sólo peones prescindibles en un tablero donde él busca al rey.
Tampoco parecen surtir efecto las alegres estadísticas de Omar García Harfuch. En las mañaneras se regodean desgranando cifras: que si van 346 toneladas de droga y 24 mil armas decomisadas, o las recientes 14 millones de dosis de fentanilo incautadas en Colima apenas el 12 de marzo. Para el mandatario gringo, sin embargo, esas montañas de polvo y pastillas no son prueba de eficiencia, sino la confirmación de que el vecino es el epicentro de una tragedia que le cuesta 300 mil vidas anuales a su país. Mientras aquí se presume el éxito de la estrategia nacional, allá en Washington la DEA, la CIA y el Pentágono usan esos mismos datos para documentar lo que ya llaman, sin ambages, un “estado fallido”.
La desconfianza es absoluta
Desde los búnkeres de Virginia ya no nos ven como el socio estratégico, sino como el vecino incómodo cuya gobernanza ha sido suplantada por una gerencia criminal. Para el aparato de inteligencia estadounidense, compartir información con las instituciones mexicanas es hoy un riesgo de filtración inmediata. Por eso Trump ofrece “ayuda” con tal seguridad; lo hace con el respaldo de agencias que han decidido dejar de negociar extradiciones lentas para empezar a procesar a México bajo la lógica de un objetivo operativo, mandando la soberanía al cajón de los estorbos administrativos.
Ni siquiera el abatimiento de Nemesio Oseguera, “El Mencho”, el pasado 22 de febrero en Tapalpa, logró el milagro de la distensión. Mientras aquí se celebraba el golpe casi como el fin de una era, Trump respondió exigiendo que México “redoblara esfuerzos”, dejando claro que los trofeos de la sierra ya no le bastan. Bajo la sospecha de que el crimen organizado tiene las riendas del país, el magnate apunta ahora hacia el verdadero “Capo de Capos”, ese que no habita en la clandestinidad, sino que ha transitado por las guaridas más altas del sistema político de la autollamada Cuatroté.
La exclusión de México de la cumbre “Escudo de las Américas” en Miami, celebrada apenas el pasado 7 de marzo, es el sello definitivo de esta ruptura. Al formar una alianza militar regional con líderes alineados para “erradicar el cáncer de los cárteles”, Trump ha formalizado nuestro aislamiento.
Su seguridad al ofrecer “ir por ellos” nace del respaldo de un ejército que ya no confía en su contraparte del sur. Basta mirar el espejo de Venezuela: la captura de Nicolás Maduro en enero, tras la operación Absolute Resolve, fue el tráiler de la película que Trump ya empezó a filmar aquí.
Y aguas: si Washington decide desclasificar expedientes que apunten al corazón del régimen, el golpe será devastador. Estamos ante un escenario de “pinza”: por un lado, el Plan B de Claudia para salvar sus votos; por el otro, el Plan B de Donald Trump para asegurar su territorio e ignorar las fronteras. Mientras aquí se reforman leyes para garantizar la permanencia, allá se firma la estrategia para invadir la cancha, sin más. Y ese Plan B del norte, por desgracia, no se vota: se padece. Válgame.
DE LA LIBRE-TA
NI PÍO
. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) resolvió de forma definitiva el caso de Pío López Obrador, quien fue denunciado por presunto financiamiento ilícito a Morena y la campaña presidencial de su hermanito Andrés Manuel, en 2018: no hubo delito electoral alguno. Qué bueno que se aclare que esos sobres amarillos repletos de billetes que todos vimos en video eran en realidad donativos a la colecta dominical de la parroquia de Macuspana. ¡Bendito sea Dios!
@fopinchetti
