Detente, Satán maldito

Por Francisco Ortiz Pinchetti

— La alusión presidencial al Detente, como una protección infalible contra el coronavirus y otras calamidades, tiene mucho de religiosidad añeja, pero también de exorcismo, superchería, fetichismo y santería. Y también con la picardía del albur en algunas pastorelas mexicanas.

De lo que no tiene nada es de originalidad.

El uso de los Detente es una viejísima devoción popular, que se remonta al siglo XVII. Y precisamente se recurre a ellos para enfrentar epidemias como la que ahora nos amenaza.

Descubro que el origen del Detente se remonta a santa Margarita María de Alacoque, que recibió las apariciones del Corazón de Jesús, y que escribió una carta del 2 de marzo de 1686 a su superiora, la Madre Saumaise: “Él quiere que hagas escudos con la imagen del Sagrado Corazón para que todos aquellos que quieran honrarlo lo pongan en sus casas, y ordena que se usen otras más pequeñas “.

El pasado 13 de marzo, cinco días antes de que el Presidente mexicano aludiera al tema desde el púlpito de Palacio Nacional y mostrara tres diferentes Detente que guarda en su cartera, el padre Javier Lozano escribió un texto en el portal de Internet Religión en Libertad, perteneciente a la fundación Nueva Evangelización para el siglo XXI, una institución formada en 2012 exclusivamente por seglares católicos, que son padres de familia y tienen distintas sensibilidades espirituales, con sede en Madrid.

Leo ahí que mientras los médicos luchan de manera incansable para ayudar a los miles de contagiados por el coronavirus y los científicos trabajan a contrarreloj para encontrar una vacuna, hay cosas que se pueden hacer desde el ámbito espiritual.

El autor, que es el coordinador de redacción del aludido sitio digital, menciona que además de las medidas prácticas que se están tomando en la iglesia para evitar contagios desde el Papa hasta los obispos, sacerdotes y líderes eclesiales, se está haciendo una importante llamada a la oración, tanto por las víctimas como por los propios médicos. Pero además, desde la iglesia se hace un llamamiento a ponerse de cara a Dios y afrontar estos acontecimientos desde el ámbito de la fe, y en este aspecto también entra el pedir la protección de dios, la virgen, los ángeles y los santos.

En ese contexto se ubica el Detente:

“En los últimos días y ante el avance veloz de la pandemia del coronavirus se está hablando de un instrumento que durante siglos han utilizado los católicos para luchar contra epidemias, guerras y catástrofes. Se trata del conocido popularmente como Detente o Salvaguardia del Sagrado Corazón”.

Pone el texto que la historia demuestra la eficacia que ya tuvo en el pasado con otras epidemias, especialmente con la de peste bubónica que se produjo en Marsella en 1720 y donde el Detente, que lleva la leyenda de “el Corazón de Jesús está conmigo”, logró frenarla de manera casi milagrosa.

El mensaje del Sagrado Corazón trasmitido por santa Margarita María de Alacoque a su superiora en 1686 se cumplió a cabalidad. Así nació la devoción del escudo del Sagrado Corazón. La santa lo hizo con sus propias manos y siempre lo llevó consigo, invitando a las novicias a hacer lo mismo. Al principio, la práctica fue autorizada en los monasterios de Visitación.

Por lo anterior, escribe el padre Lozano, pedir al Corazón de Jesús que interceda en esta pandemia del coronavirus es algo que muchos cristianos están ya haciendo. “Es básicamente ponerse a los pies de Jesús”, escribe.

Con esto se quiere mostrar, destaca el autor, que estos actos de fe no son simbólicos y aún menos inútiles, sino que Dios puede actuar. De hecho, los Detente son actualmente muy utilizados por militares, que llevan esta imagen del Sagrado Corazón al que llaman “Detente Bala”.

¿Lo habrá leído don Andrés?

Por otro lado, un simple recorrido por el mercado Sonora, en la capital mexicana, permite constatar la íntima relación que los famosos Detente, que ahí se venden en muy variadas versiones, tamaños y colores, tienen con la santería y el fetichismo. Se ofrecen al lado de toda clase de amuletos como los colibrís desecados, los ajos machos, las herraduras, las patas de conejo, los escarabajos, los tréboles de cuatro hojas y otras supercherías.

Queda claro en esos objetos que el Enemigo –así, con mayúscula– al que se refiere el Detente no es otro que el mismísimo Satanás, el Príncipe de las Tinieblas. Esa suerte de amuletos religiosos son usuales tanto para llevar consigo en la cartera o como escapulario, o también como pequeñas placas que se colocan en las puertas de las casas, para que no entre en ellas el demonio o para exorcizarlo.

Hay algún estribillo lépero que también alude al Detente en algunas frases comunes en las letanías y pastorelas. Y también en los albures populares: “Detente Satán Maldito, no abuses de tu poder, que si a este quieres joder, a mi me …” Válgame.

@fopinchetti

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