Acteal, 25 años de impunidad

Por Rubén Martín | Sin Embargo

Hace 25 años, el 22 de diciembre de 1997, ocurrió uno de los hechos represivos más infames del Estado mexicano contra su población. En un operativo artero decenas de sicarios paramilitares descargaron sus armas de fuego en contra la población de Acteal, municipio de Chenaló, Chiapas mientras realizaban una jornada de oración.

La comunidad de Acteal había convocado a una jornada de tres días de oración justo para tratar de evitar la violencia en su región que había ido aumentando en meses previos en el marco de la estrategia militar del gobierno mexicano, a través de la Ejército, en el plan contrainsurgente Chiapas 1994 que buscaba generar terror, violencia y miedo en las comunidades mayas que eran consideradas posibles bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Es una de las masacres más atroces prohijadas por el Estado mexicano contra una población indefensa.

La comunidad de Acteal se organizó en 1992 como La Voz de la Organización Sociedad Civil Las Abejas de Acteal como entidad autónoma indígena, inspirada en la Teología de la Liberación que impulsaba el obispo Samuel Ruiz en la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Como se recuerda, el 1º de enero de 1994 el EZLN declaró la guerra, por su sobrevivencia, al Estado mexicano. Después de semanas de guerra civil que no había vivido México desde la Guerra Cristera en los años 20 del siglo pasado, la sociedad civil mexicana se movilizó y obligó al gobierno de Carlos Salinas de Gortari a suspender la ofensiva bélica y procurar una salida pacífica al conflicto y al antagonismo social que propició el levantamiento de las comunidades indígenas mayas organizadas en torno al EZLN.

Ante esta desafiante movilización social el Estado mexicano respondió en congruencia con su ADN de Estado capitalista: desplegó una estrategia de gobierno maquiavélica. Por un lado ofreció diálogo y por el otro desplegó una feroz estrategia contrainsurgente.

Esta forma maquiavélica de gobernar propició que por un lado funcionarios del gobierno de Carlos Salinas y después de Ernesto Zedillo Ponce de León aceptaran dialogar con representantes del EZLN, de pueblos indígenas incluidos a petición de los mismos zapatistas, de académicos e intelectuales que acompañaban a los pueblos originarios. Fueron los diálogos celebrados en San Andrés Larráinzar entre 1995 y 1996.

Pero al mismo tiempo que presumían su rostro conciliador, tras bambalinas desplegaban su rostro violento y represor. A través de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) diseñaron el Plan Chiapas 94 que contenía una batería de estrategias y maniobras militares y represivas para contener, enfrentar y destruir al EZLN y sus bases de apoyo.

Como una parte de esta estrategia se planeó la preparación y entrenamiento de militares en operaciones contrainsurgentes y la organización, financiamiento y apoyo a grupos paramilitares que operaban supuestamente desde las propias comunidades y poblaciones como parte en conflicto, pero que en realidad eran organizados, financiados y dirigidos desde los mismos mandos militares de la Sedena en Chiapas. Así surgió el grupo Desarrollo, Paz y Justicia que terminó por ejecutar la masacre de Acteal.

El 22 de diciembre de 1997 la comunidad de las Abejas llevaba a cabo la segunda jornada de oración, de tres programadas, para tratar de conculcar la violencia que ya estaban padeciendo en forma intermitente, y de modo intempestivo decenas de paramilitares llegaron a la iglesia donde rezaban para dispararles a mansalva. 45 adultos y cuatro neonatos (en los vientres de sus madres) murieron en ese hecho represivo cometido por un grupo paramilitar cobijado y promovido por el Estado mexicano.

Fue un hecho represivo brutal que marcó no sólo a la comunidad masacrada, sino a Chiapas y al mundo, dada la resonancia que alcanzó este acontecimiento. Así lo recordó Juan Vásquez Luna, sobreviviente de la masacre el pasado 17 de diciembre: “En este día realizamos una jornada de ayuno y oración junto con las y los sobrevivientes de la Masacre de Acteal para honrar la memoria y el espíritu de mi papá Alonso Vázquez Gómez, mi mamá María Luna Méndez y mis hermanas: Rosa, Verónica, Antonia, Margarita de 2 años de edad y Juana de 8 meses quién en brazos de mi mamá fue alcanzada por una bala de arma de grueso calibre de uso exclusivo del Ejército mexicano. Así mismo honro a mi abuela Juana Gómez Pérez y mi tío Victorio Vázquez Gómez. Todos ellos y ellas mi familia, junto con el resto del total de 45 hombres y mujeres y más los 4 bebés que fueron sacados del vientre de sus madres, por paramilitares priistas de Chenalhó el 22 de diciembre de 1997. En esta masacre fueron heridas de bala mis hermanas Ernestina y Rosalinda. Y junto con mi hermana Guadalupe y mi hermano Manuel (Manuelito) salimos ilesos de ese ataque cobarde. Gracias a mi papá, a mi mamá a mis hermanas y hermanitas, y el resto de las 45 hombres y mujeres que ofrecieron su sangre para que yo, mis hermanas y el resto de las personas que también se encontraban el día de la masacre, hayamos podido sobrevivir. Y a 25 años de esa cruel masacre, seguimos vivos y organizados en la lucha de Las Abejas de Acteal”.

La masacre de Acteal marcó un punto de inflexión en la guerra en Chiapas, pues desnudó la estrategia contrainsurgente del Estado mexicano. Y si bien no se ha detenido esta estrategia de agresión y ataques al EZLN y sus bases de apoyo hasta la actualidad, la masacre de Acteal denunció al gobierno a escala nacional e internacional. La masacre en Acteal del 22 de diciembre de 1997 desnudó mundialmente al gobierno mexicano como un Estado represor.

Pero a pesar de que inicialmente hubo algunas detenciones, los detenidos fueron liberados por la Suprema Corte de Justicia de la Nación en 2007. Ante esta falta de justicia en México, la comunidad de Acteal presentó su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y está a la espera de que dicte justicia.

Acteal fue un crimen de Estado, como ya lo admitió el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, el pasado el 3 de septiembre de 2020 y ofreció a la comunidad un “acuerdo de solución amistosa” que no ha sido aceptado por la mayoría de la comunidad atacada.

A pesar de que el gobierno federal reconoció que fue un crimen del Estado mexicano, el caso sigue impune como recordó La Voz de la Organización Sociedad Civil Las Abejas de Acteal en el acto conmemorativo de la masacre el pasado 22 de diciembre.

La representante de las Abejas de Acteal señaló: “Han pasado 25 años de la masacre de Acteal y hasta la fecha este crimen de Estado, sigue impune. Como lo hemos venido denunciando mes con mes durante un cuarto de siglo, los gobiernos sean priistas, panistas o morenistas, en vez de aplicar la justicia, han creado estrategias y políticas de desgaste hacia nuestra organización”, denunciaron a través de un comunicado.

Mientras el Estado sigue negando la justicia. A 25 años, sigue pendiente la justicia para la comunidad de Acteal y para toda la sociedad mexicana. Cada masacre no resuelta, cada acción represiva impune, propicia que se reproduzcan hechos represivos en el presente. Las represiones del pasado se continúan en el presente. Se debe hacer justicia para los asesinados y sobrevivientes de la masacre de Acteal.


Rubén Martín

Periodista desde 1991. Fundador del diario Siglo 21 de Guadalajara y colaborador de media docena de diarios locales y nacionales. Su columna Antipolítica se publica en el diario El Informador. Conduce el programa Cosa Pública 2.0 en Radio Universidad de Guadalajara. Es doctor en Ciencias Sociales. Twitter: @rmartinmar Correo: rubenmartinmartin@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *