García-Chávez: El artificial liderazgo de Maru Campos

Por Jaime García Chávez

El 2027 es un año crucial en la vida política nacional. El morenismo estará indiscutiblemente en la disputa y buscando refrendar su hegemonía a través del mayor número de gubernaturas que conquiste en los estados que someterán a elección los poderes ejecutivos locales.

La lectura de todo este proceso tendrá que adentrarse en una visión al microscopio de cada caso en particular, de cada entidad, y eso debe figurar en el debate nacional, sin reducirse a las competencias por las localías en las entidades. Habrá procesos interesantes, como la búsqueda que hará Luis Donaldo Colosio Riojas en Sonora, midiendo su potencial para una candidatura rumbo al 2030.

Por lo que se refiere al panismo en los estados, hay dos casos que pueden llamar la atención por el significado de sus resultados. El primero es si se interrumpe o no el largo predominio que el PAN ha ejercido en el bajío, en este caso en Guanajuato, que ha gobernado ininterrumpidamente durante varias décadas.

El otro caso es el de Chihuahua, donde el PAN ha gobernado alternadamente durante tres sexenios, uno de los cuales está por fenecer, que encabeza María Eugenia Campos Galván.

Se trata de las dos joyas que aún ostenta la abollada corona panista. En ese marco, la gobernadora de Chihuahua debe ser objeto de atención especial porque artificialmente se le ha pretendido asignar un liderazgo nacional del que carece, lo que habla de las pocas cartas que ese partido tiene para la disputa de 2030.

Como se sabe, Chihuahua tiene una historia particular de resistencia electoral que le ha generado el predominio, hasta ahora, de tres mandatos. El actual estará en disputa y seremos testigos de un comportamiento de la gobernadora con características especiales que no se puede perder de vista. En ese sentido, aporto, para un conocimiento más general, los siguientes apuntes:

Nos encontramos en la precisa frontera en que se configura la contienda electoral de 2027 con los perfiles de candidaturas prácticamente definidas. Ya sabemos que defraudando la Ley, por esta temporada no se llamarán “precandidatos”, pretendiendo engañar a todo mundo de que no estamos en una desgarradora disputa sumamente adelantada.

El PAN ya se decantó por Marco Bonilla y hoy se desempeña en la dualidad de Alcalde en ejercicio y candidato único de ese partido a la gubernatura. Él es partidario de ir en alianza con el PRI, pero es algo en lo que no se ha dicho la última palabra, aunque algunos líderes ya lanzaron mensajes cifrados a favor.

El novísimo partido Somos (antes Somos México) tendrá como candidato simbólico a Julián Lebarón, que mediáticamente puede llamar la atención pero no estará en la real competencia. MC, si decide hacer el ridículo, tendrá a Alfredo “Caballo” Lozoya como portador de su estandarte, y en el Diputado Francisco Sánchez a su fiel escudero.

MORENA, por último, decidirá entre Cruz Pérez Cuéllar, Alcalde de Ciudad Juárez con licencia, y la también Senadora en receso, Andrea Chávez.

Es cuestión de días y ya prácticamente se va a configurar el escenario fundamental, preservándose como una contingencia delicada la reyerta panista en el municipio de Chihuahua, que dicho sea de paso, ha lesionado a ese partido y orillado a que de manera franca y abierta María Eugenia Campos Galván asuma un cuestionado papel en el proceso que viene y en el futuro político inmediato.

Realmente esa es la nota y lo que he dicho hasta ahora es un mero apunte. Tenemos que el PAN y la gobernadora han propalado que ésta será candidata a una Diputación federal; obviamente no se ha dicho si en un distrito, por tierra, o por palomeo en la lista plurinominal. No hay un desmentido al respecto. Por el contrario, cuando la gobernadora, por otra parte, ha anunciado que realizará la “ruta por Chihuahua”, lo que nos está indicando es que será un acto político en franca campaña electoral.

Requiere una lectura especial este tema. Que Maru tenga ambiciones, va acompañada del derecho a concretarlas; pero de ahí a que se le quiera proyectar como una figura nacional con vistas al 2030, hay un buen trecho. Su inasistencia al Segundo Informe presidencial de Claudia Sheinbaum, no tiene más propósito que hacerse notar en calidad de gran ausente.

Empiezo por señalar que la votación de Chihuahua no alcanza ni el dos por ciento a nivel nacional, lo que quiere decir que se está sobrevalorando y está fuera de competencia en ese ámbito. Y además, a querer y no, le haría sombra a su propio candidato; se le vería como el segundo a bordo que tendría que luchar vis a vis en su contra, de tal manera que su liderazgo tendería, ante los electores, a adelgazarse.

En otras palabras, lo que sostengo es que Maru ya dio lo que iba a dar, si es que dio algo, porque se ha mostrado como absolutamente falta de pericia para mantener la concordia en su propio partido, y es difícil que quien no puede con lo menos, pueda con lo más.

El síndrome presidencial Maru exhibe una miseria política del PAN. Es su crisis no reconocida, que se reduce a unas cuantas palabras: la ausencia de un profundo liderazgo concentrado en una personalidad individual, en tiempos en los que el carisma juega un papel importante, y hay que decirlo, pernicioso.

Sin embargo para reducirme a la escena local, la incursión de Maru en una campaña electoral, que la obligaría por Ley a abandonar el cargo en tiempos de rendición de cuentas, se ve como una maniobra para evadir responsabilidades y usar recursos públicos indebidamente.

Pero no sólo eso, sería el anuncio de que aquí en Chihuahua, como lo estamos viendo a nivel nacional, habría sendas puertas para ir a tocarlas en busca de soluciones y produciendo así el efecto de duplicidad de poderes y debilitamiento de la opción que representa su incursión electoral de última hora.

Pero estoy claro de que cada partido apuesta con las cartas que tiene en la mano y, por lo que veo, no se estaría gestando para los intereses del viejo panismo la mejor de las opciones. Maru ya se agotó para su propio partido y en su propia tierra.

Estará en juego el artificio de convertir a un partido en un brazo del gobierno, contra lo que luchó el PAN históricamente, pero que ahora, sin pudor alguno, asume para refrendar un poder que encuentra una ventana de oportunidad en la precariedad de los precandidatos de MORENA.

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