G. Ángeles: Dibujo

Por GuadalupeÁngeles

Te regalo un dibujo torpe: verás, en él hay una lengua que a punto está de saborear una flor; no tendrás dificultad en darte cuenta que la proximidad a la delicia está, con toda la intensidad que adivina, en esa línea simple que a manera de ojo cerrado hace también las veces de un suspiro.

No estás pero te doy este dibujo, sí, soy ese ser de orejas puntiagudas, en ellas sigue resonando tu voz, tu risa.

Las raíces de la flor son las de tu vida, que la breve garra del animal informe parece a punto de cortar; en el tiempo del dibujo eso no ocurre. Y mira, la lengua parece también una hoja de árbol prendida en ese rostro dulcificado por la redondez ambigua de su perfil.

Así son las cosas en esa tierra (de la que la flor aún no es separada): no siempre azul oscuro ni brillo de mediodía. Lo sabes. Llegamos a ese conocimiento juntos. Digamos que este dibujo es homenaje a las figuras que ambos hicimos y ahora veo en el pensamiento como único público de una representación involuntaria en la que, sólo yo, puedo dar fe del frío, pues mi piel lo sintió, de los colores percibidos sobre los párpados mientras el oleaje marino era canción de fondo; y vivir era verte desde un tercer piso haciendo danzas tus brazos sobre la arena para darme un dibujo como una manzana.

Me atrevo a dejar este juguete de papel en el altar del sueño, para que ahí tengamos una cita sólo posible porque mis ojos te saben de memoria.

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