Cuento: Despedida de soltero

Por Jesús Chávez Marín

Entre las noches que más recuerda Ramiro Magallanes está una de octubre de 1995 cuando Thelma Granados lo mandó al carajo por infiel, a pesar de que Ramiro en eso era más inocente que el mínimo y dulce Francisco de Asís.

La cosa estuvo así: las compañeras de la maquila donde trabajaba Thelma inventaron el chisme de que el ingeniero Magallanes se volaba con Marlene, la supervisora de la línea 47, y que una vez hasta la había llevado a bailar a La Rotonda, cuando los de aquel legendario salón trajeron a La Sonora Santanera; allí bailaron de lujo, cenaron un corte cada quién, tomaron unos whiskis y de allí se fueron al Confort Motel, que en aquel entonces se llamaba Las Escobas.

Thelma esa vez no acompañó al novio porque andaba en Namiquipa, había ido a visitar a sus padres y a un bautizo. A Ramiro se le hizo fácil invitar a Marlene, a la cual le traía ganas desde que ella empezó a trabajar en Motorola, donde habían sido compañeros de trabajo, ella muy tímida y modosita porque en ese entonces era casada. Luego el ingeniero se cambió a Electronic Ixu, y dos años después también ella, luego del desastroso divorcio que la puso de nuevo en circulación.

Lo malo de esa posible feliz pareja fue que Ramiro ya andaba con Thelma, hasta le había dado el anillo y se iban a casar en diciembre. Pero fue en octubre cuando ella lo supo todo y decidió mandarlo al cabrón.

La inocencia de Ramiro consiste en que fue nomás una salidita, no era para tanto. Una simple y sencilla despedida de soltero que se dio a sí mismo, además de cumplirse el antojo de Marlene que, como quiera que sea, fueron buenos compañeros de trabajo en Motorola y ahora volvían a serlo en Electronic Ixu. Oh vida injusta.

 

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