LA SENDA DE LOS MISIONEROS 2025
Por Carlos Granados Ortega
Este relato está dedicado a Elvis
sin olvidar a Esther, Armando y Margarita
mis padres, mamá Paz y papá Chonito
mis agradecimiento a Gaby Mi Esposa
Mis hijos Viry, Karla, Vale, Karina y Carlos
a todos mis hermanos, Esperanza, Martha, Luis,. Carmen Rosa, Dora Luz, Alma, Chayito y Anita
A todos los participantes, apoyadores, donadores y patrocinadores Gracias a todos DIOS LOS BENDIGA
Estamos en plena fiesta en Santa Ana, hoy 5 de noviembre del 2025. Nos hemos comenzado a reunir desde temprano. Nuestra intención es dar comienzo a la última caminata, de Santa Ana a Carichí, como último evento para conmemorar los 350 Años de la fundación de nuestro Pueblo. La hemos llamado, CELEBRACION 350 ENARACHI. Tenemos todo el año de planeación, porque no es solo la caminata, incluye también otros eventos, como la fiesta del pueblo, el yúmari de los rarámuri, las participaciones de las escuelas y otras actividades para reunir fondos.
Somos alrededor de 50 caminantes más los equipos de apoyo, Víctor y Jorgito, el Presidente Seccional de Ana, van y vienen atendiendo aquí y allá. Los gritos de Tere Luna se escuchan lejos, andamos contentos, como siempre. Muchas cosas se solucionan a última hora y aquí estamos. Hoy nos acompaña un numeroso grupo de rarámuri encabezados por Felipe, segundo gobernador del ejido de Baqueachi.
Planeamos con anticipación una pequeña fiesta en el pueblo de Santa Ana y el grupo de Matachines que convocó Felipe, ya preparan sus coloridas vestimentas para bailar toda la tarde en la iglesia de Santa Ana y parte fuera de ella. Como acostumbran en este tipo de baile, las maracas y las coronas con sus adornos de espejo hacen su aparición y los niños del pueblo comienzan a reunirse alrededor de Ellos, curiosos miran, al parecer en esta comunidad no hay muchas expresiones de la cultura indígena… Teníamos preparada una invitación a los habitantes del pueblo, que son pocos, para acompañarnos a cenar, pero el chile colorado parece que está malo, no lo refrigeramos, y no podemos hacerlo, pero la fiesta no se detiene los Matachines comienzan a bailar y la gente del pueblito y nosotros mismos, nos acercamos a verlos.


Los preparativos para la fiesta conmemorativa de los 350 años de la fundación de Carichí comienzan desde febrero. Hay quien nos dice que andamos muy adelantados pero nosotros sabemos que no. El tiempo vuela, comienzan las reuniones de planeación, ideas para actividades y eventos dentro de la celebración, invitación a autoridades civiles y religiosas etc…. Unas se logran y otras no, pero lo que sí tenemos claro desde un principio es que la participación rarámuri en esta celebración será crucial, la misma historia lo dice… los habitantes de Warucarichiqui recibieron al Padre Guadalajara con un YUMARI, fiesta tradicional de gran importancia para Ellos….. Toda la organización de los rarámuri desde los Matachines hasta incluso ejidos que aportan recursos para la fiesta, recae en Tere Luna, Ella debido a su trabajo tiene mucho contacto con la comunidad rarámuri y hace un trabajo estupendo, los resultados al término de la celebración lo confirman.
Este año se nos une Josefina Sandoval, señora muy activa que nos propone hacer una rifa para obtener recursos… rápidamente la nombramos a Ella misma como la encargada de hacer esta actividad, la cual, termina también, en rotundo éxito además va a quedar encargada de una de la actividades principales de la fiesta… más tarde comentaré más sobre esto.
Los Matachines están listos. Decidimos durante la planeación de la caminata, hacer el protocolo de salida desde el día anterior, debido a que el día primero la caminata es muy pesada, hay que recorrer un buen número de kilómetros, para llegar al primer campamento en el Rancho llamado, El Cerro Agujerado. Así que formamos nuestro círculo de la paz y comenzamos con las presentaciones y discursos de rigor así como los agradecimientos… pero mi mente se va a los inicios, imagino al Padre Guadalajara alistándose para la salida a Warucarichí, corriendo de aquí para allá con los últimos preparativos, sus guías y próximos anfitriones en ese remoto lugar, lo esperan pacientemente, Ellos no necesitan muchas cosas, una cobija, pinole, tal vez un trozo de carne seca y es todo, sus huaraches, hechos por Ellos mismos, son de cuero duro crudo en las suelas, grueso, de algún animal grande, búfalo tal vez. Las correas son también igual, aunque de cuero más delgado, son de tres agujeros, sus pies están llenos de callos y grietas, pero para ellos, eso no es nada, están acostumbrados, los huaraches ya están ajustados perfectamente a sus “pies ligeros”. Sólo falta el curita, pero se dilata, tiene que dejar mil cosas en orden antes de partir, anda muy emocionado con la invitación de los rarámuri de Warucarichí que vinieron a invitarlo a su comunidad para comenzar la evangelización en ese lugar, no puede esperar a su compañero José Tardá que se encuentra en Parral por órdenes de sus superiores y desaprovechar la oportunidad de caminar con estos Gentiles como les decían en esos tiempos, lograr un inicio en su relación con Ellos, es primordial… Todo le preocupa, y ¿si es una celada?, va a romper una regla que tenían en esa época debido a la inseguridad… no podían andar solos a ningún lugar, por los levantamientos constantes que se daban aquí y allá…. pienso con tristeza que hasta en eso nos parecemos en esta festividad. Algunos de nuestros caminantes y colaboradores cancelaron su participación, debido a los enfrentamientos que se dieron en la zona de Nonoava y que alcanzan hasta por acá, pero todo sigue, y aquí estamos… el Curita sigue con sus arreglos y finalmente cabresteando su animal de carga y gritando sus últimas recomendaciones a los pocos feligreses que lo acompañaron a su misa matutina antes del alba, parten a lo desconocido para Él y los rarámuri a su tierra.

Termina el círculo de la paz, suenan las maracas de los Matachines las guitarras dan sus primeros rasgueos, igual el violín, y la danza comienza, los acompañamos, unas mujeres regresan a preparar la comida-cena… Después de un rato de baile fuera de la iglesia, caminamos siguiendo a los Matachines hacia el interior, donde prosigue la danza, para entonces alguna gente del pueblo nos acompaña, mayormente niños, tenían catecismo hoy y los interrumpimos, pero que mejor catecismo que lo que están viendo y qué mejor ilustración de los hechos ocurridos en su pueblo 350 años atrás, todo esto lo explica el Prof. Marcelino con su gran conocimiento general de la región. Hoy le he escuchado una de las mejores participaciones que ha hecho referentes a la senda, hechos históricos y pasajes de la colonización y evangelización… termina la fiesta religiosa, caminamos fuera de la iglesia y cenamos.
Toda la tarde han llegado participantes, con nosotros veníamos tres grupos, uno de Bacabureachi, otro de Providencia y nosotros de Carichí, más tarde llega Tere Luna con su grupo de rarámuri, nosotros nos juntamos con el grupo de Chihuahua en el Mirador y llegamos juntos, y así todo el día se repite lo mismo, es un gran grupo, sobre todo por la presencia Rarámuri. Así fue en aquellos días de 1675, el Padre Tomás de Guadalajara seguramente se vio en problemas para atender a los que días después lo recibieron en Warucarichí, la comida escaseaba por aquellos tiempos, la vida era dura:
frío, calor, hambre, inseguridad… ¿Qué me mueve?, pensaría Guadalajara… al igual que Yo, ¿Por qué estoy aquí?, cuando se inició en este apostolado tenía idea de donde iba a venir a parar, todo lo que tendría que resistir, todas estas preguntas se quedarán en mi mente sin respuesta.
Estamos en el año 2025 y nos tocó vivir esta época, nos tocó sin querer, la magnífica oportunidad de organizar esta gran celebración, este jubileo, como le llama el Padre Max, quien nos acompaña por parte de la Parroquia de Carichí. Me había dicho con anterioridad, inviten a Jesuitas, pero si no los hay, Yo los acompaño, y lo cumple. Se invita a algunos Jesuitas y todos están ocupados para esa fecha, incluso al Sr. Obispo, se le invita a celebrar la Misa del día de la máxima celebración, se disculpa, tiene una reunión no recuerdo dónde. Así que el Padrecito Max lo hace, resulta un gran compañero, sus gritos de “FUGA, FUGA”, resuenan desde el primer día en los descansos o al principio de cada día, su buen humor nos contagia, y se esparce entre todos.
Llega la noche, tenemos problemas, los rarámuri, no todos llevan cobijas y cómo no llevamos leña para hacer una fogata, comenzamos a ver quien puede aportar una. Yo traigo una bolsa para dormir extra y se las doy. Otros prestan una cobija, Jorge Monge el Comisariado Ejidal, nos proporciona tres y con esas completamos. No creo que sean suficientes pero en algo ayudan. Ellos acostumbran dormir juntos y se hacen bola como comúnmente decimos, así que, veo grupos preparándose en esa forma y se soluciona el problema. Además los Rarámuri tienen gran resistencia al frío, lo resisten muy bien desde bebés, prácticamente andaban desnudos toda su infancia… la noche cae, las conversaciones dentro y fuera de la funeraria que nos ha servido de hotel todos estos años, decáen.
Pronto todos duermen, menos yo, no muestro mi tristeza, hoy por la mañana murió mi querida hermana Elvira, mi esposa Gaby me lo comunica por teléfono, cuando llegamos al Mirador, yo estaba con Ella y su familia en Chihuahua. Vine directamente de allá a la Cd. de Cuauhtémoc para unirme al grupo. Ya sabíamos que era algo irreversible y que sucedería tarde o temprano, pasa asÍ, pero la vida sigue. Pienso muy seriamente en dejar la caminata a cargo de Tere Luna y los demás, principalmente los guías, para regresar a Chihuahua y asistir a su sepelio. Estoy en un dilema hasta muy tarde, pero finalmente tomó la decisión de no hacerlo, a Ella no le hubiera gustado que abandonara la senda. Siempre fue gran apoyadora de todos mis sueños y a la Senda de los misioneros, debido a su gran corazón y religiosidad, le tiene gran cariño y nos lo demuestra año con año, acompañándonos, financiando, ayudando, llevándonos comida, recibiendonos en Carichí. Esta vez nos acompañará desde el más allá junto con Rey Calderón, estoy seguro que apoya mi decisión de seguir con el grupo y no acompañarla en su último viaje, “te necesitan más allá Charly”, así me decía… duermo un rato, no sé cuanto pero suficiente, estoy listo….muy triste pero listo… para el siguiente día, Tomás de Guadalajara también anda por aquí a estas horas con sus propios problemas, listo también.
Comienza a verse el alba y ya estoy levantado, poco a poco comienzan a levantarse todos los demás. Ponemos agua a calentar para el café y pronto todos desayunamos, nos preparamos, los equipos quedan cargados en las camionetas. Hoy vamos a caminar todos, excepto el Profesor Marcelino que nos apoyará en su camioneta por si hubiera una emergencia. Hacemos nuestro círculo de la paz, nuestra oración y caminamos a buen paso con el fresco de la mañana, salimos del pueblo, el tramo de carretera lo dejamos pronto y nos adentramos por los largos callejones con rumbo a Santa Rosa.
Hoy no veo los cercos de alambre de púas ni el ganado que pasta en los potreros, veo a Tomás de Guadalajara siguiendo al grupo de Siríames que vinieron desde Warucarichí a llevarlo con Ellos, para llevar la fé católica a esa región. Tengo entendido por plática de Rey Calderón que fue la única parte de la sierra Tarahumara donde sucedió de esta manera, en todas las demás regiones llegaban solos o con soldados del rey y eran vistos con mucho recelo… pero aquí fue así y Guadalajara iba contento, ya hablaba mucho de la lengua rarámuri, calzaba los mismos huaraches hechos por sus manos, muy parecidos a los de los rarámuri, aunque con talonera. Era ligero para caminar aunque no tanto como Ellos, además le estorbaba ir cabresteando su burro de carga que era lo más común en aquella época, los Siríames le ayudaban. Nada era igual, Santa Rosa no existía, el único pueblo era Santa Ana con unas cuantas casas alrededor del templo que probablemente no estaba aún terminando, pero aquí va siguiéndolos por estas veredas inmemoriales con paso seguro, a continuar con el compromiso que hizo cuando tomó los hábitos en su lejana tierra, Puebla de los Ángeles, lo que no ha cambiado es el paisaje.
El río está ahí, los lomeríos parecen interminables, el alto pasto del otoño cubre toda la región, mayormente en la ladera de los cerros previos al cerro de las antenas que ya divisamos no muy lejano. Vamos cruzando una zona llena de gatuños muy tupidos que nos obstruye el paso, pero Felipe nuestro guía Principal este año, nos encuentra paso seguro. Aún así hay caminantes que no les va muy bien como Javier Calderón, que cuando ya estamos en la vereda principal, me muestra los brazos, el estómago y pecho, lleno de pequeños puntos rojos, es sangre de las espinas de los gatuños, se salió un poco del grupo para encontrar su propia vereda y los gatuños lo castigaron feo, ni hablar, parte del reto, a todos nos castigaron pero no tanto.
Seguimos, por la ladera, venimos rápido, el haber salido muy temprano nos ayuda. El sol ya está en lo más alto y el calor ya comienza a darnos fuerte, descansamos más seguido, y las risas, los chistes y las puntadas de los caminantes me ayudan a sentirme mejor…. traemos buena actitud. El grupo de Bacabureachi viene feliz, entre Ellos viene Poncho, gobernador Indígena de esa localidad y amigo mío, yo no sabía que venía y me dio mucho gusto verlo entre este grupo. Inmediatamente me fijo que es muy bueno para caminar y rumbear y le pido que me ayude en la retaguardia de la columna donde siempre me gusta ir, para asegurarme que nadie se quede atrás y se nos pueda perder. Él acepta y así puedo adelantarme en veces y ver como van en la parte delantera también, resulta una gran idea porque Poncho cumple a plenitud su encargo. Siempre lo veo en la retaguardia durante todo el trayecto haciendo su parte. Dejamos el faldeo y pronto estamos en los pequeños llanos que ya nos avisan de la cercanía del último cruce del Río San Pedro. Ya prácticamente en el Pueblo de San Francisco de Borja, pronto lo cruzamos. Los rarámuri y parte del grupo ya tienen buen rato esperando, nos atrasamos, y después de respirar un poco proseguimos. No quiero perder mucho tiempo, porque de San Borjas al Cerro Agujerado, donde va a ser nuestro campamento, está todavía lejos. Aquí se nos une Reyna Sáenz, gran caminante que no pudo acompañarnos el año anterior, pero este año no quiere perdérsela y aquí está. Su cuñado es de Tepórachi y se ofrece a traerla a San Borjas porque perdió su transporte en Carichí, nos da gusto encontrarla y llegamos en su compañía a las afueras de la Iglesia del Pueblo, descansamos en grande, tomamos agua, refresco, nos echamos un taco como decimos, las fotos de costumbre, tomadas por Víctor, que nunca nos abandona.
El grupo de choferes de los vehículos que se quedaron en Santa Ana parten hacia allá en la camioneta del Profesor Marcelino para traerlas al campamento. Nosotros esperamos un rato más hasta estar seguros de que la camioneta principal de apoyo, una Ford de tonelada que nos prestó mi primo Humberto Varela, sufrió un percance, se le quebró un soporte del motor, pero Isaac que trabaja con Humberto y que maneja el vehículo, rápidamente consigue un mecánico para solucionar el problema, y lo logran. Esta acción y el préstamo de la camioneta por parte de mi Primo, fue crucial para la organización de la caminata de este año, somos cincuenta individuos más los de apoyo y se necesitaba algo así para transportar todo el campamento, Ellos lo hicieron y aquí estamos siguiéndole…
Partimos, nos quedan cerca de 12 kilómetros todavía para llegar a nuestro destino. Yo voy cansado pero seguimos, vamos en fila india por el lado derecho de la carretera pavimentada y no es muy difícil caminar, así que aguanto vara y ya con la tarde encima por fin diviso la casa del rancho donde nos vamos a quedar, nuestro primer campamento, llegamos. Me tiro un rato en la banqueta junto a la ventana que da hacia la puesta del sol, me da de frente y con el fresco que hace me cae bien, cierro los ojos, medito. Veo a los Siríames buscando agua para llevarle al curita, bajan al cauce seco del arroyo, pero son expertos en encontrarla. Alguien grita algo en su lengua y señala una parte de arena fina que da a un barranco. Alguien excava con un palo y saca arena con las manos por buen rato, pero finalmente comienza a verse en el fondo como brota el agua turbia, primero, agrandan el pozo y van a reunirse con los demás. Más tarde regresarán cuando el agua ya esté limpia de barro y la llevarán al improvisado campamento para beberla y preparar además sus bates de pinole, junto con Guadalajara, sacan ademas sus exiguas raciones de comida y las comparten…
Nosotros hacemos lo mismo Tere, Reyna, y las demás mujeres andan muy activas dando cena a todos, incluso Isaac el chofer y su esposa, que lo acompaña con un bebé de meses con ellos, ayudan. Se han integrado al grupo fácilmente, me sorprenden, incluso una niña de 8 años que los acompaña, de nombre Gretel, la veo caminando desde el primer día. Busco preocupado a Isaac y le pregunto, “¿podrá la niña con la caminada?, ya pronto vamos a ir por veredas donde no hay apoyo de camionetas y por lo menos nos vamos a llevar medio día sin estas”, me contesta, “no se preocupe Carlos no habrá problema”. No muy convencido acepto y resulta cierto, esta niña hace toda la caminata desde el primer día hasta el último, como si nada, tienen tiempo hasta de jugar en los descansos. Ella, y otra niña, de nombre Evelyn, esta tiene doce años y se hacen amigas inseparables durante el trayecto. Evelyn es nieta de Lety que a su vez es hija de Margarita Rubio la mayor de las mujeres que nos han acompañado en las últimas cuatro caminatas, pero este año una mujer rarámuri de nombre María, le gana en edad. Ella ya tiene cerca de los 80 y aquí viene acompañada de dos más, una muy joven de dieciséis años, Berenice, nieta suya y la otra de mediana edad, Sara, todas Ellas de San José Baqueachi…
Llega la noche y para entonces todos tenemos, nuestros tendidos listos, yo estoy acostado desde que cené algo, no mucho, y para cuando todos duermen yo también lo hago, Guadalajara y sus gentes también lo hacen, esparcidos aquí y allá, con pocas mantas como lo hacen nuestros rarámuri de hoy, hasta en eso hay similitudes, dormimos…
Cinco de la mañana, despierto un poco antes de que suene el despertador de mi teléfono, comienzo a atizar la fogata y a gritar ¡¡¡WÉRIGA!!!, ¡¡¡WÉRIGA!!! y sí, comienzo a ver siluetas que se mueven en mi dirección, parecen fantasmas en ésta madrugada del segundo día, no se si son de esta época o si son de los compañeros de Tomás de Guadalajara y El mismo, todos confluyen a la fogata revueltos no logro distinguir unos y otros, todos con el mismo fin… llegar a Warucarichí… comienzan los gritos de Fray Max… ¡¡¡FUGA!!!, ¡¡¡FUGA!!!, los de Tere y las demás, llamando al desayuno, comienzan los chistes, las pláticas, las risas.
Veo la fogata de Guadalajara y su gente, Ellos platican en murmullos, todavía no les tiene la suficiente confianza para sonreírles, Ellos no lo harán, sus caras son herméticas como hasta hoy en día. Alguien ya comienza a ayudar al Padre a cargar sus enseres en el burro, pronto deambula, por aquí, por allá. Ya listo, comiendo un poco de pasto seco que lo hay en abundancia, antes de la partida, sabe que ya comenzando a caminar, habrá pocas oportunidades de hacerlo…
Nuestros transportes de carga ya están listos, para entonces ya casi amanece, todavía con un poco de obscuridad formamos nuestro círculo de la paz tan necesaria en estos días, y oramos cada quien en su creencia, en el centro veo a Guadalajara y sus Siríames Uno orando junto con nosotros y los otros imperturbables, todavía no saben hacerlo, pero esperan con respeto, sienten que algo importante pasa… Se rompe el círculo y comienza la acción, los transportes se arrancan adelante para no estorbarnos. Nosotros bajamos rápido al arroyo seco que está antes de la casa del rancho donde dormimos, y ya estamos caminando en la primer pendiente por la orilla de la carretera. Ya es completamente de día cuando coronamos la primera Loma, una larga fila india camina sin parar, hasta la puerta donde nos dejaran nuestros transportes y tomaremos veredas marcadas desde tiempo inmemorial, no los veremos hasta por la tarde….
Las últimas fotos por parte de Víctor, Él regresa a San Borjas, la gran carrera anual que se organiza en este Pueblo, es coordinada por un grupo llamado Amigos de San Borjas, Víctor es uno de estos miembros más destacados, tiene mucho trabajo que hacer, así que nos deja, le agradecemos toda su ayuda de siempre y partimos. Ahora cuesta abajo por la primer vereda, los transportes ya van rumbo a Tepórachi por la carretera, seguimos, vamos muy bien, salimos a muy buena hora y pronto coronamos la primer sierrita que nos separa de Tepórachi. Caminamos por la cumbre de Este a Oeste y repentinamente tenemos a la vista a Tepórachi, lugar donde vivió un tiempo, TEPORACA, según dice la leyenda, Él fue el rarámuri que organizó la más grande insurrección rarámuri, allá por los años 1652.
Alguna de las Señoras de Bacabureachi me pregunta el nombre del pueblo que tenemos a la vista y cuando le contesto que es Tepórachi, me dice: “mi hijo venía a jugar Béisbol con el equipo de Bacabureachi contra el equipo de aquí, en ocasiones especiales, como fiestas patrias o del pueblo”, me dice, “yo no sabía dónde estaba”, pero mi asombro viene cuando le pregunto si se venían por El Mirador o por San José Baqueachi, pensando que venían en camioneta, pero me dice, “no lo sé… se venían a caballo”, me quedo pasmado. No entiendo como lo hacían, pero ni hablar, todo es posible ¿Cómo venimos ahora en ésta caminata?, ¿Qué nos mueve?, a mí, ya lo he dicho antes, la aventura, la nostalgia de aquellos misioneros y colonizadores, redescubrir las rutas perdidas, Tomás de Guadalajara las de Él, esas son unas de las referentes a mi, pero ¿y los demás?…
Tomamos la larga bajada hasta la primer calle de Tepórachi, pero no entramos al pueblo, seguimos por el otro lado del arroyo y prácticamente nos regresamos un buen Trecho hasta un rancho muy bonito que siempre hemos visto en la entrada del cañón del arroyo que baja de Boréachi. Hoy buscamos una ruta más corta hacia Allá. Tomamos la decisión de hacerlo por ahí, Felipe y Tere que van adelante, llegan con los encargados del Rancho, a preguntar si hay pasada por el cañón hacia Boréachi, le informan afirmativamente, entonces les solicita permiso para que el grupo pase por ahí, y se lo dan.
Seguimos entonces y ha poco andar comienzan los problemas, cruces de cerco tres veces en cada cien metros, pasadas imposibles, veredas incompletas con barrancos no muy altos pero suficientes para caídas con traumas graves, cruces del arroyo interminables las mujeres rarámuri son las que batallan más, las grandes faldas que usan les dificulta más cada cruce de cerco que nos topamos… Tomamos descansos continuos, pláticas, anécdotas, comemos un burrito, un dulce… el lugar es una maravilla natural, pocas he visto como está en todas mis correrías. Es un cañón natural cortado a pico por la naturaleza, de unos doscientos metros de altura y más en algunas partes, grandes riscos repartidos aquí y allá, formaciones rocosas de todas las formas inimaginables y todo esto por kilómetros, y con abundante agua, vale pena el esfuerzo que vamos haciendo entonces.
Gretel y su amiga Evelyn se meten al agua en uno de los descansos, quieren bañarse pero no las dejamos, vienen aburridas porque descansamos mucho, dicen. Así que seguimos, comemos lo que podemos y como al medio día pasado un poco, repentinamente Felipe desaparece, vamos río arriba por el mismo cañón pero más abierto ya, y comenzamos a no saber si seguir por el río o por un arroyo seco que sube la montaña, hemos perdido la vereda. Estoy indeciso, gritan los rarámuri compañeros de Felipe, no hay respuesta, ya para entonces estoy preocupado. “Por acá encontramos una vereda”, la seguimos un rato pero no voy seguro. Finalmente nos alcanza Chuma del grupo de Providencia y dice, por aquí debe ser Carlos, hay que seguir el río, espero que pase todo el grupo y consultó con Poncho, quien opina lo mismo, así que seguimos por el río, con mis dudas y pasandome miles de cosas por la cabeza, seguimos avanzando, sigo preocupado y de Felipe ni sus luces.
Pregunto la hora y veo que aún es temprano, eso me anima un poco, así que seguimos, el cañón se ha abierto completamente y caminamos por las dos márgenes del arroyo cruzando constantemente. Después de un tiempo que se me hace eterno, alcanzo a ver las dos crestas altas de roca maciza que están antes de llegar a Boréachi por el camino de camionetas, me vuelve el alma al cuerpo. Caminamos otro trecho y cuando doy vuelta a un recodo de la vereda, subo y alcanzo a ver a lo lejos la camioneta del Profr. Marcelino que nos espera, sabe que a esa hora ya venimos cansados. Después de descargar la camioneta en el campamento, se regresa un par de kilómetros para los que vengan muy cansados, hagan el resto del trayecto, arriba de su troca. Se suben todas las mujeres en la camioneta, me dicen que me suba que vengo muy cansado, pero me niego, quiero hacerla completamente entera.
Insisten, principalmente, Gaby Gil, pero me vuelvo a negar. Gaby llegó a la Senda por Rey Calderón, y se quedó, Ella viene de Guadalajara (aunque nació en Toluca) y trabajó un tiempo con dependencias del Gobierno y con Asocioaciones Civiles a favor de los pueblos indígenas. Gran colaboradora y apoyadora de la Senda, ama la sierra Tarahumara y a su gente. Así que cuando llega a nuestro grupo, cae en tierra fértil, como coloquialmente decimos y se integra fácil al la mística del grupo, todos la queremos. Las veo a todas en la caja de la camioneta, Ella al centro, “¡sube Carlos!” me grita por última vez, “yo soy hombre” contestó bromeando, “nos vemos en el campamento”.
Las veo desaparecer en la primer curva cuesta arriba de la Loma que comenzamos a subir, nos quedamos todos los hombres, se adelantan unos, nosotros vamos atrás. Vengo realmente cansado pero seguimos, subida y bajada de lomas, el camino se allana un poco, alcanzo a divisar a lo lejos el campamento: Boréachi al fin. Y aunque aún es temprano, el día se me hizo muy largo, tal vez, debido al incidente de la pérdida de la vereda, veo un lajero de piedra blanco en medio del arroyo y comento, “aquí voy a venir a bañarme al rato que descanse”… “nos dices para venir también”. Escucho un coro de voces, entre ellas la de Nacho Becerra, que vino desde Guadalajara donde radica, exclusivamente para hacer la caminata, escucho también a mi tocayo Carlos de Delicias que se apunta a última hora, para la caminata y pese al clima de inseguridad que prevalece, cumple, y aquí viene, le gusta caminar, ha estado en otras además de esta en las que ha participado con entusiasmo, es joven y nos contacta por invitación de Gaby Gil…
Llegamos, busco mis cosas y extiendo el catre de campaña del Profr. Marcelino y me tiro largo a largo, ¡que día!, Dios mío. Qué belleza de paisajes, Boréachi en sí es bellísimo, abundancia de agua, acéquias de riego viejas, abandonadas, ruinas de ranchos solos desde tiempos muy lejanos, manzanos viejísimos, pero con unas frutas de sabor único… pero el cañón que veníamos, es incomparable, con esto, más los acontecimientos y todo lo visto en el día, me hacen caer en un estado de relajación extrema, duro así por largo tiempo.
Más tarde que veo a Felipe, me comenta que se metió a bañar y nos dejó ir adelante, dando por sentado que seguiríamos el arroyo, pero ya no le doy importancia. Estamos todos sanos y salvos y lo demás es por demás. Sigo descansando por largo rato, me siento mejor, me levanto y busco algo que comer y tomar, aunque es tarde, todavía no se mete el sol, así que voy de grupo en grupo, platicando, comentando lo del día, están encantados también con la nueva vereda, les pido disculpas a los del grupo de Providencia por el incidente, “ya estamos aquí”, me contestan, “cuál es el problema”, agradezco eso…
Alguien comenta que un grupo de mujeres se fue a bañar río arriba, entre Ellas nuestras niñas Gretel y Evelyn… se les cumple su deseo… entonces voy por mis cosas y les grito a los compañeros que se apuntaron para el baño. Tomamos camino río abajo y cuando llegamos a la gran laja blanca, nos tomamos un largo baño, yo me tiro largo rato en la corriente y me relajo… Comienza a oscurecer cuando regresamos al campamento, las fogatas ya están a todo lo que da, yo ceno algo ligero y después cambio el catre del Profr. Marcelino de lugar y me recuesto en él, escucho las risas y las pláticas en las fogatas. Al rato llega Gaby Gil y comenzamos una larga plática, me comenta que se fue a bañar con las niñas, “¿y no tienes frío?”, le pregunto, nada más en las manos me dice. Comentamos lo del día y me dice … todo el tiempo que anduvimos perdidos, andabas hasta pálido, y seguramente así era: Tomás de Guadalajara y su gente hasta se burlaron de mí posiblemente, con toda razón. Finalmente Gaby se va a dar una vuelta a la otra fogata, donde se escucha un gran alboroto y la inconfundible risa de Tere Luna, más tarde la veo regresar y se pierde en su tienda. Poco a poco comienzan a llegar los compañeros de dormitorio, las risas decáen, las conversaciones también, unas pocas duran hasta tarde pero luego se extinguen, rezo una oración y luego soñar… soñar.
Los rarámuri se ajustan sus huaraches, nosotros los zapatos. Estamos en el tercer día de caminata y es para mi el día de la gran cuesta se nos viene encima. Boréachi se encuentra exactamente en la parte baja de la montaña que tendremos que subir éste día, puro cuesta arriba, de comienzo a fin, literal. Habrá que llegar hasta ” El Tablero” en la cumbre de la sierra, además en el tramo hasta el Rancho La Laguna, de mucha pendiente y además sin apoyo de camionetas, habrá que cargar el lonche y el agua o refresco, así que nos preparamos con la menor carga posible, luego ya vamos arroyo arriba en cuanto hay luz suficiente, vamos rápido.
Felipe es un gran guía, con una vez que pasó por aquí, la caminata pasada, este año ya nos lleva por veredas que nos ahorran camino. Los demás rarámuri también opinan, están en su puro fuerte, ven veredas que nosotros no vemos, pasadas más fáciles que nos ahorran camino. Son descendientes de los mismos que fueron por el Padrecito Tomás de Guadalajara a una fiesta que se celebraba en San Borjas en ese tiempo llamado Tayégachi o Tagúrachi, aquel lejano noviembre de 1675. Ellos vienen viendo los mismos paisajes, contemplando las mismas maravillas del camino, los mismos cielos repletos de millones de estrellas, por las noches, que brillan para todos, y por último, tal vez pisando los mismos lugares que sus ancestros pisaron. Con la única diferencia, que la suela de los antiguos era de cuero crudo de búfalo o venado y hoy son de llanta de camioneta, pero es lo mismo, caminamos juntos Rarámuri y Chabochi, tratando de entender nuestras ideas y costumbres, que hasta la fecha hemos mantenido separadas.
¿Seremos algún día una sola raza?, no lo sé, pero aquí vamos como en aquel tiempo lejano y a la vez tan cercano, tratando de entender nuestra gran diferencia de pensamiento y vida… a Guadalajara y sus Siríames, los veo cada mañana a la hora de hacer nuestro círculo de la paz, cuando todavía no amanece bien, y todos parecemos fantasmas… los veo en el centro, pero desaparecen en cuanto la luz es completa…
Sorprendentemente me mantengo bien durante la cuesta grande, me cuesta trabajo, pero menos que el año anterior y entre descanso y descanso vamos ascendiendo el cerro grande. Las vistas panorámicas se van haciendo mejores, apenas si logramos ver unos pequeños destellos de los techos de lámina galvanizada de las casas de San Borjas, allá, muy lejos, pero las vistas de la sierra de Satevo en la distancia es preciosa, color café claro del otoño.
Llegamos a la cueva de Gustavito, esto nos avisa que lo más pesado de la gran cuesta esta por acabar. La vista hacia el sur es grandiosa, la sierra azul de Carichí en todo su esplendor, es parte de esta misma, solo que nosotros estamos en la parte norte y más alta del cerro grande… una maravilla, sierra casi virgen… Me comenta un rarámuri ya mayor que nos acompaña, que ellos, pasaban cuando era niño por veredas ya perdidas, por este lado de “El Tablero” precisamente, en camino hacia La Máquina de Ojos Azules y, a veces hasta “La Capilla de los Remedios” a buscar maíz para llevar a San José Baqueachi.
En los tiempos de escasez de este grano básico, para la elaboración del pinole, principal alimento de los rarámuri. Me sorprende lo que me dice, pero tiene lógica, la sierra está más quebrada pero es más derecho y como en esos tiempos todavía transportaban sus productos a lomo de burros, para ellos era más fácil hacerlo por este lado de la sierra, además de que el maíz se daba más en estas partes que menciono, obviamente tenía mejor precio. Como ha cambiado todo, qué mundo tan diferente, como dice la canción… pasamos esta vez de largo el Rancho La Laguna. Felipe manda a un grupo de jóvenes a traer unas botellas con agua del Rancho y nosotros después de un largo descanso, comenzamos el último trayecto de la gran cuesta, pero ya es más benévola. Subimos en zig zag por un camino de camionetas que dá al Tablero, pronto nos alcanzan los jóvenes y siguen rápidos hacia arriba.
Poncho y un grupo de la retaguardia seguimos atrás, sus compañeros de Bacabureachi, nos dejaron en Boréachi, regresaron a Carichí, porque tienen exposición de productos en la mini feria del dia 9. Ellos participan en el programa sembrando vida en Bacabureachi y tienen compromiso de hacerlo, así que nos dejan en Boréachi y parten con las camionetas de apoyo.
Ya la mayoría llegaron cuando lo hacemos nosotros… por fin “El Tablero”, la cumbre de la sierra, prácticamente ya llegamos, el siguiente día es puro cuesta abajo… Sólo hay un problema, ya es un poco tarde y las camionetas no han llegado, comienzo a preocuparme porque hay una subida que debido a las abundantes lluvias del año, destruyeron una curva de tal manera, que no tiene pase… Mi amigo Juan el dueño de La Laguna me prometió… “si los de Presidencia no vienen a arreglarla nosotros lo vamos a hacer, por ahí voy a andar, ese día”, me dijo, pero no lo veo por ningún lado, ni huellas de camionetas que hayan pasado al rancho.
Mi teléfono está descargado y ahí traigo su número, comienzo a pensar qué hacer porque se comienza a hacer tarde. Una opción es seguir caminando hasta el rancho El Sabino que queda antes de la cuesta destruida, pero me viene una idea: la Secretaria de la parroquia es prima de Él, así que le pido al Padre Max que por favor le llame y me contacte con Ella, lo hace y sí, suerte que lo tiene, me lo dice, le marco y… suerte otra vez porque la señal para celulares es escasa en estas latitudes… U obra de Tomás de Guadalajara porque contesta, andan arreglando un camino en otro rancho, pero por el rumbo, apenas le entiendo, el ruido de la máquina que opera apenas me deja escuchar, pero le alcanzo a entender… “los de Presidencia no pudieron venir pero la cuesta la arreglamos nosotros, me dijo, yo subí ayer por ahí y bajé al rancho”. Le doy las gracias y entrego el teléfono, un respiro profundo, todo bien, permiso para juntar leña, y encender la fogata, “las camionetas tienen pase” les digo a los compañeros, “estarán aquí de un momento a otro”.
Y sí, comienza a caer la tarde cuando escuchamos el primer motor, pronto aparece la troca grande, enseguida el Profr. Marcelino, mi primo Andrés y por último Juan Rascón y Anita que también se nos unen para este último campamento, los acompañan también una joven que les ayuda en su tienda y su hija, les damos la bienvenida. Chenda y mi primo Andrés son recibidos efusivamente, son parte de La Senda. Gaby Gil y mi tocayo Santos llegan también, tuvieron que ir a Carichí a atender una reunión virtual de su trabajo. Llega también con Ellos Chava Castillo, nos da mucho gusto verlo a todos, ha sido nuestro mejor guía en las caminatas pasadas, este año no ha podido aco mpañarnos y no esperábamos verlo aquí en El Tablero…
El número de participantes creció, todo es actividad, levantan tiendas, preparan cena, buscan más leña, yo estoy tirado en el camastro del Profr. Demasiado cansado para unirme al grupo. Medito, el tiempo de la senda se termina, no todo marcha bien, la obra emblemática que es la gran cruz que estamos construyendo en el lugar que llamamos… Cruz de la Misión, ha tenido problemas. El Ingeniero Paniagua le ha invertido mucho dinero, tiempo y maquinaria a la obra, yo le he metido pues lo poco que he podido, pero la desconfianza ha hecho su aparición, incluso dentro del mismo grupo, y aunque eso no me molesta, sí influye en el ánimo de los donadores y nos vemos en problemas, en plática con el Ing. Paniagua me dice… “no se apure Carlitos así nos lleve un año esta obra se termina porque se termina”, opino lo mismo, lo que hable la gente, no debe importarnos, si nos ponemos en ese plan, nunca se haría nada en ningún lado…
Escucho las pláticas desde mi camastro, Gaby Gil viene un rato a conversar, todo marcha. Tere Luna viene también un rato y me comenta que todo está listo en Carichí para la fiesta de la celebración, habló al pueblo y le avisaron los coordinadores que todo va bien y en forma, las vacas para el “Yúmari” ya fueron sacrificadas y todo esta listo para el día siguiente 9 de Noviembre del 2025… 350 años de la fundación de Warucarichí. Sigo viendo entre los grandes pinos que abundan por el lugar, Los Siríames que acompañan a Tomás de Guadalajara o serán los Rarámuri que nos acompañan de San José Baqueachi, entre la obscuridad de la noche y el reflejo de la fogata no logro diferenciarlos, sigo meditando y soñando con aquellos lejanos tiempos…
Tere y Gaby se han ido hace rato, escucho a Toño Salgado haciendo un ejercicio con el grupo, hace una pregunta de por qué su participación en la caminata, a lo cual cada quien responde segun su propia percepción. Vino hace rato a pedirme permiso para hacerlo, yo le digo, Toño no debe de pedirme permiso a mí, consúltelo con la gente y hágalo. Toño y su Hermana se nos han unido en Boréachi, los ha traído el esposo de Ella, no han podido hacerla completa por cuestiones de trabajo, según me han comunicado, pero llegaron, aunque con dificultades por parte de la Señora, aquí están con todos en El Tablero.
Julio Cesar Bustillos alias “El Cholo” fue pieza clave para lograr la cuesta grande, ayuda enormemente a algunas participantes que se vieron en problemas para subir la gran cuesta. Hijo de la Maestra bilingüe, Enelia Bustillos, amiga mía, se crió prácticamente toda su vida en la sierra, por lo cual tiene una resistencia física impresionante para caminar. Como él lo dijo, siempre caminando desde niño por las veredas en las comunidades de toda la sierra grande de Carichí y Guachochi, cómo no voy a tener buena condición física, nos repite. Él ayudó con su mochila, a la hermana de Toño y a alguien más, además las jalaba o sostenía en las pasadas difíciles. Según esto, venía a manejar una camioneta de apoyo y terminó de ayuda a lo largo de toda la caminata, porque un vehículo finalmente no se utilizó, cosas de la vida, o planeación de Tomás de Guadalajara, lo que sea, pero fue de gran ayuda…
Comienzan a llegar mis compañeros de dormitorio bajo las estrellas, lo repito, llegan como fantasmas y más lejos sigo viendo Siríames, fantasmas reales o Participantes de la senda. Sigo divagando en el pasado, me remonto a aquel día, años atrás, no recuerdo ni el mes, ni el año. Solo recuerdo que recorríamos por el camino viejo de Providencia una caminata corta de un día, de Ciénega de Ojos Azules a Carichí, dialogábamos en los descansos. El Profr. Marcelino, Rey Calderón, su hermano Joaquín, que en esta también nos acompaña, Manolo Calderón, que nos acompañaba esa véz y otros que se nos acercaban.
Todos nos preguntábamos y especulábamos el “¿por qué?”, gente como Tomás Guadalajara, Neumann, Marco del Río, Ratkay, Tardá entre otros… ¿Por qué dejaban sus comodidades en los lugares de donde venían, mayormente de Europa, miembros de familias aristocráticas y de gran poderío económico, la mayoría de ellos, y se trasladaban prácticamente a otro mundo, lleno de penalidades y peligros, incluso con riesgo de perder la vida?, ¿Qué los movía?… parece ser la esencia del vivir de estos personajes, o ¿Simplemente aventura? No encuentro respuestas, lo que sí se es que, puedo nombrar hambre, frío, cansancio, sed, calor infernal, condiciones apenas de supervivencia… pero aunque sigo sin respuestas lo que sí se es que la esencia de La Senda, sigue vigente, puedo sentirla hoy acostado en este magnífico lugar entre estos pinos enormes que me rodean. Puedo sentir la esencia de La Senda en la gente que va y viene entre este grandioso pinar, hablando en Rarámuri y en Español, y no sé si son Guadalajara y sus Siríames o son mis compañeros de caminata.
Sigo con los ojos cerrados por un largo rato y después los abro, el cielo estrellado me recibe, hoy no hay luna llena como otros años, pero el cielo sigue siendo excelente. Ya casi no escucho conversaciones, en el silencio de la noche sus ruidos característicos, comienzan a presentarse, las chispas de la fogata bajan a muy poca intensidad, ya no hay conversaciones, sigo pensando, no me doy cuenta en qué divago cuando me duermo. Sueño esta noche en unas manos heladas que toman las mías…
Ya está bien claro el día cuando emprendemos la marcha, el último tramo será hoy. La actividad fantasmal, comenzó desde la madrugada, los rarámuri de hoy revueltos con Siríames, chabochis, Tomás de Guadalajara por ahí cargando sus pocos enseres, una cobija de lana pura, hecha por manos femeninas rarámuris, un guaje para el agua, una bolsa de cuero suave de venado curtida a mano, con el imprescindible pinole, un cuero bruto entero para ponerlo abajo cuando duerme, todo lo va acomodando con ayuda de los Siríames, perfectamente en el lomo del burrito que lleva de auxilio. Las demás cosas referentes a su investidura religiosa ya están cargadas en las angarillas que previamente le acomodaron en el lomo al animal… Está contento el Sotana Negra, hoy llegará a su destino, abrirá las puertas a una nueva comunidad, serán invitados a ser parte de la fe Católica. No será como en otras comunidades que llegaban con la Cruz y la Espada, en ésta, los habían invitado a venir, por lo cual se sentía jubiloso, su encomienda seguía su curso, después de esta serían muchos lugares y muchos indios como les decían en esa época, los que Él y su compañero, José Tardá evangelizarían, en el curso de los siguientes años…
Bajamos rápido hasta el rancho El Rosal y seguimos cuesta abajo por el camino viejo, bajada dura de grandes piedras y bancos, deslaves y empinada. Cuesta buen trabajo hacerlo, somos cerca de 60 o más con los que se nos unieron anoche. Los caminantes del grupo de Providencia vienen contentos son tres, Chuma, Saúl, y otro que no recuerdo su nombre. Este último, se nos acerca y nos dice: “mi señora me dijo que no iba a aguantar” y lleno de orgullo nos dice, “véanme, vengo al cién a pesar de que tengo una rodilla lastimada”. Se les nota la alegría, comentan que nunca habían participado en algo así y ya están haciendo planes para el año que entra, al igual que los de Bacabureachi.
No los quiero desilusionar y no les digo que esta es la última caminata que se organiza con éste fin, todo tiene su término y a la celebración 350, este año se le acaba, por lo menos organizada por nosotros, después… ¿qué vendrá? No lo sé. Tal vez algo bueno, pero el compromiso hecho entre nosotros aquel año en aquella caminata, Ciénega-Carichí, hoy termina… Traigo un sentimiento de tristeza y alegría por haberlo logrado. Esta madrugada en la bruma diaria, cuando se mezclan los fantasmas, alcanzo a ver el rostro de Guadalajara con una sonrisa en sus labios, como diciendo, gracias a todos por traerme a revivir el tiempo tan hermoso de aquel 1675, cuando descubrí para el Señor el gran Valle de Warucarichí. Su rostro desaparece por última vez, conforme la luz del día llena por completo el campamento de los Pinos grandes “El Tablero”…
Ya estamos abajo caminando rápido por las márgenes del arroyo que da a la Piedra Pinta, un descanso largo en la última tinaja con agua. Después dejamos la margen derecha del arroyo y damos a la mesa de la Piedra Pinta. El gran valle de Carichí, se abre ante nosotros, vemos a lo lejos el Pueblo con su gran Iglesia que aunque todavía no la podemos apreciar, destaca entre todas las construcciones… La iglesia de Carichí, por datos de Rey Calderón fue construida por lo menos casi en su totalidad por un sacerdote Jesuita y arquitecto de apellido, Pícolo, al parecer según recuerdo, Él estaba en Parral terminando otro encargo y luego fue enviado a construir la Iglesia de Carichí… El Diseño lo dice todo, no está hecha como los demás templos de la sierra, todos siguen un mismo patrón y son preciosas, pero esta es magnífica. Los puntales que sostienen el techo son únicos, son un pino cada puntal, estos árboles debieron ser enormes para poder sacar un Puntal de las dimensiones que tienen, son seis de cada lado de la nave y tienen una circunferencia de dos metros.
Cuentan los que cuentan, que estos pinos fueron cortados en las cercanías, de la construcción, y sí lo creo porque transportarlos desde lejos y en aquellos tiempos, para mi, sería imposible, lo que sí es que ahí está, impresionante, magnífica. No tengo datos del tiempo en que comenzaron a “arreglarla” o reconstruirla porque según una foto que nos mandó Manolo Calderón al grupo en una ocasión, se veía muy deteriorada, era una foto de los 1900. Hoy luce como la describo… para mi en toda la sierra Tarahumara y la barranca, solo dos compiten por el primer lugar, La Iglesia de La Sagrada Familia de Carichí y La Iglesia de Satevó a 5 kms. al sur de Batopilas llamada “La Catedral Pérdida”, obra que tengo entendido fué de los Franciscanos…..
Comenzamos el último tramo, bajar desde la Mesa de la Piedra Pinta hasta Carichí. Ya caminamos el tramo de la Mesa y damos a una bajada infame llena de piedras deslavadas por las fuertes lluvias del año, con un ángulo de pendiente muy pronunciada y con el cansancio que traemos es terrible, pero lentamente lo hacemos, paso a paso. Luego de un tiempo, que parecen horas, estamos abajo. Una última cuesta no muy larga y ya estamos en camino real como decían antes, bajando al Barrio de los Chavira desde donde podemos ver la gente reunida en la pista de aterrizaje esperando por nosotros. Estamos en el último callejón y veo correr niños a encontrarnos, dos de Ellos son mis Nietos Damián y Andrea, que me abrazan efusivamente, me da mucho gusto verlos, ya caminan con nosotros y a poco llegamos a la Pista. Abrazo a Gaby, mi esposa y a Karina, mi hija, abrazo a mucha gente que nos espera, nos tomamos un descanso mientras esperamos que nuestros rarámuri se pongan sus vestimentas tradicionales. Luego caminamos el pequeño trecho a la Cruz de la Misión donde se está construyendo la Cruz Monumental que mencioné antes, será la obra emblemática de la celebración 350, el grueso de la gente está esperándonos aquí. Abajo y a un lado del camino, de donde estamos, es el lugar donde se está celebrando el Yúmari, nosotros de aquí partiremos hacia la Iglesia con nuestro acompañamiento rarámuri, como recibimiento Oficial, tal como fue en el 1675. Por lo pronto estamos aquí parados esperando al monarca que manda al grupo de Matachines, esta vez los bailadores son de la Comunidad de Narárachi…
Seguimos aquí esperando, al parecer El Monarca se ha echado unas cervezas y no lo encuentran, pero no me importa, la vista desde acá arriba es grandiosa. El colorido de los Matachines y las vestimentas rarámuri son como mágicas, me dan una paz interior, grande muy grande, además el grupo de Matachines baila ahí estacionados, los veo como embrujado, su música y baile son de bienvenida me explica alguien. El Monarca sigue sin aparecer y Tere Luna se va a buscarlo, el grupo de Matachines no se moverá si no es por orden expresa de Él, es una regla de los rarámuri y no la vamos a romper. Ellos mandan aquí. Yo sigo embelesado con la vista hacia abajo, la Iglesia, además el baile especial de los Matachines me mantiene así.
Gaby Gil está a pocos pasos de mí y le pregunto si está desesperada y me contesta que no, está igual que yo, ni cansancio siento a pesar de estar ya alrededor de una hora ahí parados… De repente veo movimiento y El Monarca y dos de sus Siríames hacen círculos frente a los rarámuri que encabezan la marcha del Recibimiento. Los Matachines se integran, los músicos se incorporan, en cuanto los jefes comenzaron sus círculos de baile, en preparación a la marcha, su música es suave pero a la vez maciza, dura, fuerte, una contradicción, nunca la había oído así. Todo el grupo de Matachines ya baila junto con los Siríames, van y vienen, evolucionan, siguen yendo y viniendo, los rarámuri, hombres y mujeres que estaban dispersos se acercan al grupo, atrás de los Bailadores, junto con nosotros, esto me muestra que pronto comenzaremos a caminar. Y así sucede, lo hacemos despacio al ritmo del baile, caminamos un trecho y paramos mientras el grupo evoluciona, y así, seguimos. Llegamos hasta el gran arco adornado con ramas de tascate como se hacía en las festividades especiales de la Iglesia que recuerdo de mi niñez. Ahí las evoluciones de los Bailadores duran un poco más, seguimos caminando un corto trecho, y finalmente llegamos al frente del atrio de la Iglesia que está completamente lleno de gente, al igual las calles aledañas, incluso por todo el camino que recorrimos desde el Arroyo hasta donde vamos, la gente se ve contenta.
Mis hermanas Alma y Dora y Carmen Nos abrazan al llegar, Ellas y otras muchas nos saludan, felices, comenzamos a caminar por el lado derecho del Atrio, haremos una vuelta hasta la Presidencia y regresaremos por el costado sur de la Iglesia, la feria de los compañeros de sembrando vida, están en todo el parque, nos saludan, alcanzo a ver en la calle frente a la Escuela YERMO Y PARRES, las carpas y mesas donde se ha estado sirviendo comida, para toda persona que quiera acercarse. Comenzaron desde muy temprano y terminan a las 9:00 de la noche, hicieron un gran trabajo, su Organizadora fue la Sra. Josefina Sandoval, coordinada por Tere Luna, pero además ayudadas por grandes colaboradores, Armando Torres, Luis Torres y su Esposa Bety, Elias Varela Jr., Polín Romero y varios más que seguramente se me pasarán. El Inge Paniagua, por iniciativa propia, nos instaló un tanque con agua potable, cerca de este lugar, mil gracias… No puedo dejar de mencionar al grupo Musical que amenizó todo el evento, me refiero al conjunto de Don Melquiades Rocha y sus amigos, que lo hicieron completamente gratis, incluso, los gastos de traslado que hicieron… No pude verlos para agradecerles personalmente por su gran bondad, pero algún día lo haré seguramente, Ellos vinieron de la comunidad de “El Rayo”.
La Hermana Erika ha tenido una participación muy destacada en la organización del Evento, Es la Directora de la Escuela Yermo y Parres. Ella y sus Chicas como las llama, nos reciben año con año en el Atrio de la Iglesia efusivamente y además nos ofrecen siempre algo que degustar para después de la comida que nos ofrece año con año, el DIF Municipal. Cristy Orozco quien está a cargo de Este, siempre nos recibe Oficialmente en Nombre de Presidencia. Este año El Municipio ha participado activamente en la organización, Alejandro Gutiérrez el Presidente ha colaborado enormemente en el financiamiento y ayuda para la Celebración, tanto por parte de Presidencia como por parte familiar, Dios los bendiga…
La Hermana Erika Cueto nos dijo el año anterior durante la cena del recibimiento… nuestra comunidad ofrece siempre en estos casos, algo hecho por nuestras manos… además este año organiza la hechura de unos murales referentes a la Celebración y la Historia de Carichí, pero además, con la participación, de otras Escuelas. No pude verlas porque se nos hizo muy tarde y para cuando salimos de la Misa Solemne, ya los habían retirado, pero no importa, seguramente lo disfruto mucha gente, no recuerdo exactamente cómo llegó la Hermana Erika a la Senda de los Misioneros, solo recuerdo con agrado que le gustaban mucho los Textos históricos o participacipaciones comunes que hacía Rey Calderón en el Grupo de Whats… al igual que a mi me impactaban sus escritos, un poema en cada uno, gracias Hermana dondequiera que esté.
Caminamos por las calles, la magia sigue, respiro hondo, comienza a caer la tarde el ambiente me envuelve, voy recordando las caminatas pasadas los acontecimientos que han pasado. Gran estrés, compañeros que nos han dejado, muchos problemas por resolver, pero ha valido la pena. Los misioneros antiguos estarán contentos de que los recordemos, de transmitirles que sus sacrificios no fueron en vano, que escribieron historia, que dejaron huella imborrable, su persistencia tuvo sus frutos. Y así, sintiendo esa tranquilidad y paz llegamos a la Iglesia, donde nos esperan nuestros hermanos los Fray que aunque esta vez son Franciscanos, representan lo mismo, también son misioneros y tuvieron una participación tal vez igual o mayor que los Jesuitas en toda esta zona. Su trabajo de evangelización desde aquellos primeros años, de marcha tierra adentro, fue muy importante…
La Misa es sencilla pero solemne, ya ha caído la noche, me pide Fray Iván que cargue la cruz que ha venido con nosotros desde Santa Ana, cuando comience la entrada de los sacerdotes hacia el Altar, y que llevemos las Ofrendas Gaby mi esposa y Yo a la hora del Ofertorio. Aceptamos de buen corazón, sigo bajo la magia del camino, me he dejado la mochila en la espalda a propósito, quiero este sentimiento, hasta el último momento. A lo lejos alcanzo a escuchar todavía la música de los violines y guitarras, seguramente los Matachines siguen bailando afuera, los momentos son místicos, me sacuden. La misa en curso y los murmullos de la música en la lejanía me transportan de nuevo a aquel 1675, veo la fiesta del recibimiento de los Rarámuri, Los Siríames, Guadalajara, todos juntos como hoy, dos mundos formando uno solo, un mundo nuevo tratando de caminar juntos… algo bueno saldrá de todo esto.
Carichí, Chih., a 6 de Agosto del 2026
