Los nuevos bárbaros: la Comunidad Europea y los USA


Encerraron a más de dos millones de palestinos en esa pequeña franja de tierra junto al mar, para poder eliminarlos mejor. Para agravar su perversidad, les cortaron el agua, el suministros de alimentos, la energía, los medicamentos para los hospitales. Y para colmo, usan contra la población bombas de fósforo blanco que queman a las personas hasta los huesos

Por Leonardo Boff

La verdadera guerra de exterminio que el Estado de Israel está llevando a cabo contra los más de dos millones de palestinos de la Franja de Gaza, al mando de un criminal de extrema derecha, Benjamín Netanyahu, apoyado por la mayor potencia bélica del mundo, los Estados Unidos y además por toda la Comunidad Europea (OTAN) nos legitima para llamarlos nuevos bárbaros. Encerraron a más de dos millones de palestinos en esa pequeña franja de tierra junto al mar, para poder eliminarlos mejor. Para agravar su perversidad, les cortaron el agua, el suministros de alimentos, la energía, los medicamentos para los hospitales. Y para colmo, usan contra la población bombas de fósforo blanco que queman a las personas hasta los huesos.

Ha sido una reacción totalmente desproporcionada tras el ataque terrorista de Hamas (la parte militarizada de la población civil) contra Israel del 7 de octubre de 2023. Esta reacción no conoce límites éticos, humanitarios ni de mínima compasión. Han sido asesinados más de 11.000 niños, miles de madres, cerca de 70 mil civiles y hay cientos y cientos de heridos, además de dejar en escombros 400 mil casas arrasadas con bombas de gran potencia que juntas equivalen la destrucción de la bomba atómica sobre Hiroshima, 

Cómo no llamar a esta carnicería barbarie por parte de los USA y de aquellos que orgullosamente consignaron en el Preámbulo de la Constitución de la Unión Europea lo siguiente:

Una de las zonas bombardeadas por Israel en Gaza
Una de las zonas bombardeadas por Israel en Gaza

Europa es un continente portador de civilización, en el que sus habitantes, llegados en sucesivas oleadas desde los tiempos más remotos, han venido desarrollando los valores que sustentan el humanismo: la igualdad de las personas, la libertad y el respeto a la razón…”

Esta visión no es dialética. No incluye ni reconoce las frecuentes violaciones de esos valores, las catástrofes que la cultura europea produjo con ideologías totalitarias, guerras devastadoras, matando a cerca de 200 millones en el continente y en las colonias,   colonialismo, esclavismo, imperialismo, genocidio de pueblos originarios (bajo la acción de los europeos, en un siglo fueron muertos en guerras y por enfermedades y trabajo forzado en América del Sur 61 millones de indígenas), diezmando naciones enteras, en contraste frontal con los valores proclamados. Lo que la Comunidad Europea, como cómplice, está haciendo en la Franja de Gaza muestra su tradicional arrogancia y actitud farisaica. No hablo de Estados Unidos que viven siempre en guerra contra algún país, cometiendo las mayores barbaridades. Me detengo solo en los europeos.

Dimensión trágica

Toda esta dimensión trágica solo ha sido posible porque nunca se reconoció, de hecho, al otro como su semejante y nunca se respetó de forma consecuente al diferente. Esta comprensión todavía no ha sido superada en la conciencia de la mayoría de los países europeos.

Vamos a tomar como ejemplo de la inferiorización del otro, el caso del tratamiento dado a las mujeres.

En la cultura occidental en general (sin considerar otras culturas) ha sido central la visión patriarcal y machista que conjugó y organizó los principales valores de forma masculina. Debido a esta dominación, la mujer fue sometida, marginada y hecha socialmente invisible.

Se creó una justificación ideológica para esta inferiorización. Se la buscó en Aristóteles, que acuñó una comprensión prejuiciosa, cuya resonancia llegó a Santo Tomás de Aquino, con ecos en Freud y Lacan. El filósofo afirmó que la mujer es “un hombre que quedó a medias”, “un ser incompleto e inferior”.

Algunos sectores tradicionalistas de la Iglesia comparecen como bastiones culturales que mantienen viva y reproducen todavía esta inferiorización de la mujer. Para esos sectores las mujeres no gozan aun de plena ciudadanía eclesial. Esto acabó prevaleciendo en el Sínodo Amazónico, en el cual se pretendía dar un rostro indígena a la fe cristiana. Predominó el paradigma machista, romano y occidental. Un indio casado no puede ser sacerdote. Se negó a las mujeres el sacerdocio; a una pequeñísima parte se le concedió participar en la administración institucional de la Iglesia. Pero nos les es permitido ejercer su libertad con referencia al derecho reproductivo, entre otros, siendo que más del 50% pertenecen a la comunidad cristiana.

Esta inferiorización de la mujer divide la humanidad de arriba abajo. Concede demasiado poder al hombre. Este, al no reconocer la alteridad y la igualdad de la mujer, ha perdido al interlocutor que la naturaleza y Dios le habían dado para vivir juntos de forma cooperativa. Cuando el Génesis dice que son imagen de Dios y hechos hombre y mujer, entiende este hecho no como posibilidad de reproducción de la especie, sino para ser compañeros entre sí e interlocutores permanentes.

Ese cara-a-cara entre hombre y mujer impediría una relación de dominación. Y esta, por razones que no cabe exponer aquí, se implantó. Sin la mujer, el hombre proyecta su fuerza física y su capacidad intelectual en la lógica de la competición, en la cual solo uno gana y todos los demás pierden. Impide la cooperación, en la cual todos ganarían. Deja el campo abierto a la aparición de estructuras de poder que implican jerarquización y exclusión. Efectivamente se atribuye al patriarcalismo y al machismo el tipo de Estado centralizado que tenemos, el recurso a la guerra y el establecimiento de costumbres sociales machistas y de leyes discrecionales.

Demolición de la sociedad patriarcal

Pero gracias a la lucha histórica de las mujeres se está operando una demolición sistemática de las falsas razones de la sociedad patriarcal. Ellas han elaborado una visión más holística del hombre y de la mujer y de su misión en la historia: crear relaciones de asociación respetando las diferencias teniendo como objetivo una relación más inclusiva y menos conflictiva entre los géneros y en beneficio de la paz política y religiosa entre los pueblos. 

Lo que vergonzosamente está ocurriendo a cielo abierto en Gaza, es la prevalancia de la violencia masculina, la falta de piedad hacia los más débiles y la pura y simple eliminación de personas que, para los sionista radicales, no deberían existir. No obstante reitero que, con mucho esfuerzo, creemos que el ser humano puede ser mejor: puede hacer del distante un próximo y del próximo un hermano y una hermana. ¿Pero cuando?

*Leonardo Boff escribió con Rose Marie Muraro el libro Femenino y Masculino: una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias, Trotta 2004; El rostro materno de Dios, Ediciones Paulinas 1991, Editorial Santa María 2015.

About Author

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *