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Las cabras

Por Francisco Ortiz Pinchetti

Hace 38 años, el 5 de noviembre de 1983, publiqué en el semanario Proceso un extenso reportaje sobre Las Cabras, el enorme rancho del entonces gobernador de Sinaloa Antonio Toledo Corro, que antes fue secretario de la Reforma Agraria.  Para realzar ese trabajo investigué los orígenes de esa propiedad, los pormenores de la forma en que el mandatario la adquirió y las descripciones tanto del entorno natural como de las construcciones que ahí había, además de las costumbres de su propietario. También sobrevolé junto con el fotógrafo Juan Miranda los 25 kilómetros del alargado predio, a la orilla del océano Pacífico.

Ese es precisamente el rancho al que se refirió hace tres días Andrés Manuel López Obrador, que anunció su decisión de “rifarlo” en lotes, dada la imposibilidad de que alguien lo compre. Dijo que esos terrenos fueron adquiridos “de manera fraudulenta” por el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), aunque sin aportar algún elemento probatorio al respecto. No se sabe tampoco que exista alguna averiguación sobre el tema y menos que se haya procesado a algún responsable del supuesto ilícito.

Por lo demás, la historia es ejemplo típico y describe en mucho la realidad política y la corrupción inmensa que México vivía bajo los gobiernos del PRI, antes de la época a la que el Presidente se refiere como “periodo neoliberal”, justo en los inicios del gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988).

Esta es la descripción física que hice de Las Cabras en ese reportaje:

A lo largo de 25 kilómetros, en línea recta, las aguas del Pacífico bañan de azul la playa particular de Antonio Toledo Corro. Veinticinco kilómetros, sí, que vistos desde el helicóptero semejan un interminable listón oro, plata y azul: arena, espuma y mar. Una inmensidad desierta sólo interrumpida, justamente a la mitad, por una construcción blanca y circular como plaza de toros: la mansión playera del gobernador de Sinaloa.

La franja marina delimita al poniente una alargadísima lengua de tierra que transcurre entre el océano y un estero. El predio, de más siete mil hectáreas, está en su mayor parte sembrado de cocoteros y tiene hacia el sur verdes praderas en las que blanquea el ganado de alto registro del exsecretario de la Reforma Agraria.

Las Cabras se llama el rancho, paraíso privado del señor gobernador, situado a unos 28 kilómetros de Escuinapa, población sureña de Sinaloa. Ahí, Toledo Corro lo tiene todo: dos residencias —la de la playa y el casco de la hacienda— pista de aterrizaje, lagos artificiales, caballerizas, lienzo, albercas y toda la playa que ojos humanos sean capaces de abarcar. De no creerse y sí, porque quien conoce al patrón sabe que es hombre que disfruta de la vida, “mi trabajo me ha costado” suele decir. Y ahora goza su poder y su dinero.

Para Toledo Corro, fallecido el 6 de julio de 2018 a los 99 años de edad, ese predio tenía un significado muy especial: fue propiedad de su padre, José Natividad Toledo, que en su tiempo fue uno de los más ricos ganaderos del sur de Sinaloa. Al morir él, los medios hermanos del futuro gobernador del estado —que sufrió humillaciones y desprecios— descuidaron el rancho y acabaron por perderlo. Fue temporalmente propiedad de Héctor Escutia y después lo adquirió Ernesto Coppel, miembro de otra acaudalada familia sureña.

En 1976, durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez ocurrieron en Sinaloa los grandes movimientos campesinos en demanda de tierra. Durante los acontecimientos de ese año, Las Cabras (que era el sexto más grande latifundio del estado) fue dos veces invadido por campesinos que demandaban su afectación. Cuando el conflicto agrario de Sinaloa se resolvió mediante la donación —que no afectación— de 13 mil hectáreas por los agricultores, el predio de los Coppel quedó a salvo de toda merma, aunque la solicitud de afectación persistió desde entonces.

Convertido por su amigo el presidente José López Portillo en diputado federal y líder de la diputación campesina, recuperado ya de su bancarrota económica y política, Toledo Corro pudo, en 1977, ver materializado un viejo sueño: recobrar Las Cabras, que en realidad nunca fue suyo. Y se lo compró a los Coppel.

Desde su gestión al frente de la Secretaría de la Reforma Agraria (1978-1980) Toledo Corro transformó el rancho, asentado en su mayor parte sobre terrenos arenosos. Fue entonces cuando ideó el Plan Cocotero y llenó de palmas de coco su propio rancho.

La propiedad  fue dotada de todos los servicios. Tenía agua, electricidad, comunicaciones. Una carretera pavimentada de 28 kilómetros comunicaba el casco de la hacienda con el poblado de Teacapán, de donde puede seguirse a Escuinapa o a Mazatlán.

Toledo Corro hizo construir también una pista de aterrizaje de 800 metros para aviones pequeños, a un lado de la casona principal del casco, que fue totalmente remodelada.  La residencia tenía 10 confortables habitaciones, un gran comedor, cantina con cava, salones y todos los servicios.

Al sur de la residencia estaban las 12 casas para los caporales del rancho, en el que permanentemente trabajaban unas 60 personas. Había una docena de guardianes armados con rifles y metralletas. Algunos realizaban la vigilancia a caballo. Dos estaban permanentemente apostados en la entrada principal del rancho. Las caballerizas estaban al Sur del casco. Había ahí caballos pura sangre, árabes en su mayoría. También había “ponys”, que al señor le encantaban. El granero, un establo y un pequeño redondel de vigas completaban el conjunto del casco de la hacienda.

En ese entonces, unas cuatro mil hectáreas estaban cubiertas por los cocoteros, que forman sombreadas calzadas e interminables hileras; una palmera cada 10 metros. El ganado provenía de la simiente del rancho El Gargaleote, el latifundio que fue de Gonzalo N. Santos y que el gobierno lopezportillista afectó en San Luis Potosí precisamente durante la gestión de Toledo Corro al frente de la SRA.

La adquisición del predio por parte del gobierno federal se formalizó en 2009, pero debido a diversas irregularidades en la documentación nunca se ejecutó el desarrollo turístico proyectado. El premio mayor de la rifa incluye por supuesto toda esta historia. No olvide comprar su billete. Y suerte. Válgame.

@fopinchetti

Francisco Ortiz Pinchetti. Fue reportero de Excélsior. Fundador del semanario Proceso, donde fue reportero, editor de asuntos especiales y codirector. Es director del periódico Libre en el Sur y del sitio www.libreenelsur.mx. Autor de De pueblo en pueblo (Océano, 2000) y coautor de El Fenómeno Fox (Planeta, 2001).

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