Pandemia y paranoia

Por John M. Ackerman

— La respuesta del gobierno de Andrés Manuel López Obrador a la propagación del coronavirus en el país ha sido certera, segura y responsable. En Italia esperaron hasta que hubiera 2 mil casos confirmados antes de cerrar las escuelas y en España hasta que hubiera mil infectados comprobados, mientras en México anunciamos el cierre del sistema educativo nacional cuando apenas había 100 casos.

Esta medida no era estrictamente necesaria, ya que tanto los niños como los padres y las madres de familia no son poblaciones particularmente vulnerables al virus. De hecho, no existe un solo caso en el mundo de un niño o un joven que hubiera fallecido a causa del Covid-19. Casi la totalidad de los muertos son de personas mayores de 60 años, con una muy alta concentración entre los mayores a 80 años, de acuerdo con estudios científicos recientes.

Un factor que ha facilitado la letalidad del virus en otros países es precisamente el alto número de personas de la tercera edad. Por ejemplo, la mitad de los italianos son mayores a 46.5 años. Esta edad mediana es una de las más altas en el planeta. En los países europeos y Estados Unidos también es común la práctica de enviar las personas de la tercera edad a asilos para ancianos, lo cual aumenta el factor de contagio entre esta población al estar concentrados en un solo lugar.

Otro elemento que ha aumentado el contagio en China, Europa y Estados Unidos es el frío. Un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad de Maryland sugiere que el Covid-19 tendría un comportamiento muy similar a la influenza estacional, donde el calor de verano reduce de manera significativa la propagación del virus. Otro estudio de científicos chinos ha llegado a la misma conclusión (véase: https://bit.ly/2WAwyWo).

La mecánica es sencilla. Por el mismo motivo que utilizamos la refrigeración para preservar productos como la carne o la leche, los virus también sobreviven mucho menos tiempo en la intemperie cuando están sometidos a altas ­temperaturas.

Hoy en Roma la temperatura llega a un máximo de 15 grados. En Nueva York difícilmente rebasa 14 grados. En Wuhan, China, la temperatura se mantuvo debajo de 10 grados a lo largo de todo enero, el periodo de mayor propagación del virus.

Ahora bien, en México nuestra edad mediana es de 29.3 años y los ancianos normalmente viven con sus familias. Tanto la juventud como la unión familiar que caracterizan la sociedad mexicana son importantes antídotos frente a la pandemia. La eterna primavera mexicana también nos fortalece, ya que sobre todo en el centro y el sur del país la temperatura en esta época del año típicamente rebasa 30 grados durante el día.

Si bien estos factores demográficos y climatológicos nos favorecen, de ninguna manera nos hacen inmunes a la pandemia y es importante tomar precauciones. El Covid-19 es altamente contagioso en toda circunstancia y cualquier contacto con la saliva, las manos o la tos de alguien afectado puede fácilmente transmitir la enfermedad.

Es por ello que son muy importantes las medidas tomadas por instituciones públicas y privadas para eliminar las grandes aglomeraciones de personas y facilitar la realización del trabajo desde la casa. Tal como señala la Jornada Nacional de Susana distancia, la mejor forma de protegerse es el constante lavado de manos, evitar el contacto con extraños, así como mantenerse resguardado en casa.

Pero, ¿por qué no tomar medidas más extremas? En España y Argentina, por ejemplo,sus gobiernos ya han implementado toques de queda para la sociedad en general.

Existen dos razones fundamentales para no seguir estos ejemplos extranjeros, por lo menos en este momento de propagación relativamente controlada del virus en el país.

Por un lado, estas medidas violan los derechos humanos básicos de la población. Tanto España como Argentina tienen experiencias recientes con las dictaduras y su cultura política es más abierta a este tipo de acciones. Sin embargo, nuestra cultura política es más libertaria y democrática, algo que complicaría la aplicación de este tipo de medidas.

Por otro lado, en México la mitad de la población se encuentra en situación de pobreza. Y entre los que tienen la fortuna de tener un trabajo la mitad labora en el mercado informal sin ninguna prestación o posibilidad de recibir remuneración por hacer home office. Cerrar las calles, clausurar el gobierno y apagar totalmente la economía generaría una grave afectación a los ciudadanos más humildes, algo que podría crear mucho más sufrimiento y muerte que el mismo Covid-19.

Así, para evitar que la cura sea peor que la enfermedad es importante avanzar con mucha cautela y responsabilidad, sin paranoia, con base en la información científica y evitando cualquier tentación de usar esta crisis de salud pública con fines políticos.

www.johnackerman.mx

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