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¿Luz al final?

Por Ernesto Camou Healy

— Estas últimas semanas, al menos en el Estado de Sonora, hemos percibido un fenómeno que todavía necesita analizarse y explicarse por parte de los especialistas: Los contagios por la epidemia de Covid 19 parecen estar aminorando, aun antes de que las vacunas empiecen a hacer su efecto; pero simultáneamente se aprecia un ligero aumento en la letalidad del virus. Una dinámica doble: Menos enfermos, pero con una pequeña posibilidad de mayor gravedad.

Lo mismo parece suceder en los Estados Unidos, quizá nuestra mayor fuente de contaminación en la franja fronteriza. Es probable que la dinámica sea incluso más amplia y que en varias partes del globo se está arribando a un punto de inflexión en la pandemia.

Todavía es muy pronto para pensar que se avizora el final del túnel. Sería irresponsable lanzar las campanas al vuelo y decretar el fin de la amenaza, más bien hay que intentar comprender y explorar alternativas posibles para un futuro que todavía no es inmediato.

Que los contagios disminuyan parece una buena señal, sobre todo porque resulta difícil atribuirla a las vacunas, cuya efectividad se va a empezar a constatar varias semanas después de la aplicación generalizada. Los virus tienden a mutar y ajustarse a la población receptora. Si tiene una alta letalidad y muere rápidamente la mayoría de los infectados, que no es el caso del Covid, la enfermedad desaparece rápidamente porque hay menos posibilidades de esparcir la dolencia, como sucede con el Ébola, por ejemplo. Ahora bien, el Covid ha resultado muy contagioso, pero no demasiado letal, por más que todos tenemos historias tristes de amigos o parientes que sucumbieron por su causa.

Se podría explicar el descenso en los contagios porque ya hay un cierto sector de la población que ha sido expuesto o contagiado y que generó defensas contra el virus; digamos que esos que han sanado portan anticuerpos que los defienden a ellos, y también amparan al resto, al aminorar la tasa de contagios. Es, de alguna manera, el desarrollo normal de una enfermedad epidémica; pero hay que insistir en que quienes dictaminan son los científicos que la estudian: Se puede tratar simplemente de un respiro temporal. Ya se anuncia, en varios rincones del orbe, el hallazgo de cepas más contagiosas, o más nocivas. No es posible cantar victoria.

Y ahí estriba un problema fundamental: Después de casi un año de reclusión, cierre de comercios, de actividad económica disminuida o ralentizada, la tentación para la mayoría de la gente, y las autoridades y empresarios, es decretar el fin del encierro y tratar de reanudar una vida, y una economía, que han estado contenidas e inmovilizadas por muchos meses ya. Y en esta ilusión coinciden quienes están hartos del encierro y los dueños de establecimientos que han visto disminuir su actividad durante la dilatada cuarentena. Pero conviene subrayar que tal vuelta a la “normalidad” puede generar nuevos repuntes de la epidemia, puesto que salir, convivir y aglomerarse en sitios públicos, incrementa las posibilidades de infecciones futuras y genera nuevas oleadas del Covid.

Eso puede suceder en la Semana Santa, el Domingo de Ramos es el 28 de marzo, y que es un lapso para pasear, convivir y abarrotar lugares de vacaciones. Son las condiciones perfectas para que el progreso contra la epidemia retroceda y se ocasione un rebrote, que sería evidente y advertido; pero no parece demasiado temido.

La disminución de contagios más que un desenlace, es una señal para renovar precauciones como uso de tapabocas, la mayor reclusión posible, sana distancia y lavado de manos frecuente y concienzudo. Hay que insistir también en que el ejercicio moderado y una dieta sana con énfasis en verduras y frutas, menos carbohidratos y pocas carnes rojas, también ayuda. Es una noticia que nos motiva a renovar esfuerzos y precauciones y dar un empujón final, de varios meses seguramente, en contra de una amenaza que ha sido persistente y alevosa.

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