Por Gustavo Esteva

— Paso a paso se extienden rebeliones que definen la condición actual. Las hay silenciosas y pacíficas, casi invisibles, que siguen empeñosamente su ruta radical. Otras muchas entran a confrontaciones abiertas de difícil pronóstico.

La más grave, a corto plazo, será por la emergencia alimentaria. El 9 de junio el secretario general de la Organización de Naciones Unidas alertó sobre el agravamiento de la inseguridad alimentaria, el eufemismo que disimula el hambre que afecta ya a mil millones de personas. Este mes la FAO propuso medidas urgentes para evitar la crisis alimentaria, porque aumentará el número de personas que no pueden pagar por su alimentación. No faltan alimentos: tiran buena parte de ellos productores y consumidores, mientras muchas personas mueren de hambre o desnutrición. En América Latina, llegarán pronto a 80 millones por lo menos.

Ana de Ita examinó brillantemente en este espacio la política de autosuficiencia alimentaria del gobierno: concebida para las trasnacionales, engorda sus negocios a nuestra costa; no previene el hambre y contradice la búsqueda de autonomía alimentaria de los pueblos ( La Jornada, 19/7/20). No parece haber previsión alguna ante el nuevo estado de cosas, esa condición trágica de quienes no podrán adquirir sus alimentos por tiempo indefinido. Muchas personas organizan ya un nuevo modo de vivir, que por lo pronto apenas les permitirá sobrevivir; otras muchas sienten la amenaza en la puerta, pero no saben qué hacer o no pueden hacerlo. La cuestión todavía es invisible, porque grupos solidarios de toda índole se han estado ocupando de las personas con hambre. Pero el número pronto los rebasará y surgirán desafíos de toda índole.

Las confrontaciones más agudas, en México, serán probablemente las relacionadas con programas que el gobierno sigue llamando desarrollo y los pueblos resienten como agresión racista y colonial. La Asamblea Oaxaqueña en Defensa de la Vida y el Territorio definió muy claramente los términos de esta confrontación el 22 de julio, en su Jornada por la Vida y por la Madre Tierra. En su primer panel abordaron los Desafíos de los pueblos y comunidades ante el despojo territorial. El segundo declaró: Las entrañas de la Madre Tierra se respetan: sí a la vida, no a la minería. El tercero analizó el Proyecto interoceánico y etnodesarrollo, que el Presidente consideró en Oaxaca, dos días después, como su proyecto insignia.

Los dos primeros paneles acotaron bien los términos de la confrontación continua encerrada en el extractivismo. No satisface a los pueblos que el gobierno actual haya decidido no otorgar más concesiones mineras. Alegan que ya no hay mucho más que concesionar y que el problema son concesiones otorgadas con engaños y corruptelas, sin tomar en cuenta sus derechos y puntos de vista. Logran a veces expulsar a las mineras, pero a un enorme precio; luchan contra poderosas empresas y contra todos los niveles de gobierno. Se mencionaron luchas específicas en que funcionarios del actual gobierno o diputados y senadores de Morena son dueños o asociados de las empresas. La confrontación, que cunde por todo el país, es continua. Impone un inmenso desgaste a los pueblos y no tiene salida clara.

Según el director del Corredor Interoceánico, el tren que es su eje principal entrará en operación en el primer semestre de 2021. Hay oposiciones puntuales al tren mismo, pero la resistencia se orienta cada vez más contra planes que buscan transformar el modo de vivir de los istmeños con 10 parques industriales y otras muchas acciones. Cuatro mujeres indígenas hablaron con gran lucidez de todo eso en el tercer panel, dedicado a la que es ya la principal confrontación en Oaxaca.

Habrá discrepancias difíciles de procesar. Ciertos grupos se interesan en los empleos y mejoras en los servicios públicos que les prometen. Los pueblos respetan esas reivindicaciones, pero rechazan que eso quieran todos. Se oponen con vigor a que se siga profundizando el terricidio que se comete y que los proyectos destruyan el tejido social comunitario y sus formas de vida. Denuncian el carácter engañoso de las consultas y anuncian que no están dispuestos a ceder. Defenderán su vida y su territorio hasta el final. Así se lo hizo saber la asamblea al Presidente el pasado viernes en un comunicado a quien tenga oídos para escuchar, a quien quiera oír y actuar (https://bit.ly/39BRJM7).

Necesitamos apelar a una combinación especial de astucia y organización para lidiar con lo que tenemos encima. Tanto fuerzas oscuras como otras muy visibles, en el marco de la abierta militarización del país, conspiran para llenar de sangre estas confrontaciones y usarlas para sus propósitos. No debemos permitirlo. Pero tampoco cejar. Como dijeron el miércoles las compañeras que tomaron la palabra en nombre de todas y todos, es hora de poner el cuerpo y todo lo demás para defender la vida. Está realmente en peligro.

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