Inminente, asomo al libro de Lourdes Bustillos

La novela donde parecía que la ley de la oferta y la demanda era la única ley que importaba

Presentación de Inminente, libro de Lourdes Bustillos

Por Jesús Chávez Marín

— [Febrero 2018] Iniciar la lectura de una novela es abrir una puerta hacia una casa desconocida, una región distinta de la vida cotidiana; al leer las primeras líneas ya intuimos cómo va a ser el paseo que nos espera, y por eso es tan importante el primer párrafo de cada libro. La novela de Lourdes Bustillos inicia en un monólogo, o en el fluir de una conciencia que dice:

Me han llamado cruel, tirano, frío, calculador. Qué puedo decir, soy un buen inversionista, supongo que lo llevo en la sangre. Adquirir empresas en medio de la crisis me ha dado buen resultado.

Ese personaje tiene la doble función narrativa de ser la voz que cuenta los hechos y la cámara fiel que mantiene con firmeza y con soltura el punto de vista desde el cual el lector va conociendo detalle a detalle una avalancha de sucesos; lo mismo se introyecta en los pensamientos secretos del protagonista, que se expande hacia una visión panorámica donde retrata ciudades y otros mundos tan vastos como el sueño. Ese personaje tan fascinante es Max Gasol.

Ya en la segunda página aparece quien es su alma gemela y a la vez constantemente su antagonista persistente: tal como suele ser en el monólogo interior de cada uno de nosotros la machacona voz de la conciencia, a la que muchas veces no le hacemos el menor caso. Ella se llama Giulia Ferreti, una ejecutiva española, una eminencia para las finanzas, asistente personal de Max, y por supuesto, y aquí la autora se concede la licencia melodramática de la gran señora Corin Tellado, también su amante. Con delectación nos platica el narrador de cuando la fue conociendo:

Me llevé una grata sorpresa, y no hablo solo por su cabello rubio, cuerpo escultural, ojos azules, mirada penetrante, porte y estatura de modelo. Sin embargo, tengo que admitir que influyó. Lo que me sorprendió fue su astucia, su mente ágil y la frialdad a la hora de tomar decisiones. Es uno de los seres humanos más competitivos que he conocido en mis treinta años de vida. (…) Nuestra relación pasó de lo laboral a lo personal inevitablemente. A pesar de que la aprecio, no siento lo que los demás llaman amor. Creo que es un concepto sobrevaluado.

Con magnífica intuición narrativa, la autora va desplegando su texto con soltura y a buen ritmo, de tal manera que parece natural cómo va revelándose la personalidad de cada protagonista que va apareciendo en la historia; en cierto momento de la lectura los miramos en cada detalle de su forma de vestir, el tornasol de su pelo y hasta su tono muscular, y en luego la cámara casi de cine nos enfoca una expresión, una mirada donde se adivinan intenciones y se evocan tormentas del pasado. Y el latido del futuro.

De esa manera conocemos que Max, exitoso empresario internacional, ha desarrollado una maquinaria financiera que le permite apoderarse de empresas acaudaladas en el momento exacto de su fragilidad; para conseguir eso no duda en navegar por los linderos de la ilegalidad, de tal manera que su estrategia podría incluir el espionaje industrial, el fraude, el chantaje y aun alguno que otro oportuno asesinato para eliminar obstáculos y allanar los caminos de su ambición sin límites. Todos estos actos no le producen a Max el menor escrúpulo, no tiene conciencia ni moralidad, se mueve en un mundo en el que la única ley que importa es el imperio del más fuerte, la ganancia absoluta.

Además de sus socios financieros y de su mega oficina en Madrid donde circula con moderno dinamismo un ejército de colaboradores, su apoyo más seguro para ciertos trabajos es un amigo suyo de la infancia que se llama Gael Santos.  La voz narrativa, ya dijimos: el eterno monólogo interior que es el narrador de la novela lo describe de esta manera:

Gael es mi otro amigo del MIT (Massachusetts Institute of Technology); tiene formación militar, no terminó la carrera porque decidió cambiar de profesión a pesar de su beca. Era el más listo del grupo. Ahora trabaja como consultor independiente o remediador de asuntos difíciles, por llamarlo de alguna forma.

Resulta que este personaje se mueve en las sombras, su mundo es el delito industrial y científico, no tiene reparo en destruir un pueblo completo o en eliminar a un ejecutivo señalado, siempre y cuando su cliente lo dote de recursos ilimitados; en su mundo el dinero lo consigue todo. Lo más impresionante de su personalidad es que siempre actúa tranquilo, frío y exacto. Lo rodea en varias ciudades un equipo de asesinos selectos, secretarias muy efectivas y otro tipo de profesionales de movimientos clandestinos.

A pesar de que esta es una novela de acción, erizada de múltiples aventuras, donde hay un secuestro que es el vértice de una espiral de conflictos familiares, pasionales, criminales y hasta un amor sincero que redime y purifica; en cada página el lector no se queda con el simple gozo de un relato que lo atrapa desde la primera página y que abre varios cauces de extrañamiento, sino que es inevitable que aparezca la reflexión de este mundo tan complicado que vamos conociendo y que parece la metáfora alucinante de nuestra propia época de violencia y quebrantos familiares.

Uno de los mayores males que se ha ido instalando en las orillas de nuestra alma  colectiva en esta época de tanta violencia, cuando las imágenes de los noticieros en la televisión suelen estar plagados de escenas horrorosas y las páginas de los periódicos anuncian muertes y fraudes, es la trivialización del mal, que es peligrosísima para la formación del alma de los que van llegando. Los niños y los jóvenes tal vez ya no tengan la misma sensibilidad que antes tuvieron sus padres y sus abuelos para comprender el daño que un ser humano hace a otro. Lo peligroso es que ya les parezca lo más natural del mundo y que lo siguiente sea que pasen de ser testigos a protagonistas y les parezca que así es la vida.

En algunas conversaciones suelen contarse como hechos ajenos el montón de jovencitos para quien ya los modelos y héroes de su vida nunca serán John Lennon,  Benito Juárez o Josefa Ortiz de Domínguez, sino literalmente el Chapo Guzmán y sus similares. Se dice que para ellos ya no importa construir una vida o un patrimonio sino arrebatarlo a la manera de los grandes criminales.

En esta novela, a pesar de que sus personajes se mueven en regiones de alto nivel económico, pareciera que ya no tienen ningún otro valor más allá que el dinero, y solo se salvan los jovencitos hermanos del protagonista, y eso porque aun no ingresan al mundo de los negocios que es su destino seguro. En algunos momentos esta buena novela de aventuras se convierte en una historia de horror.

El gran acierto es un fino cernido de varios géneros narrativos: más que todo es una novela de aventuras y también es una love story, incluye una delirante historia de pasión amorosa, es también un magnífico relato policiaco y la historia del mundo corporativo tal como sucede en el ambiente globalizado, a pesar de todo también es una novela de amistad, otra del conflicto con el padre en la formación de la profunda identidad. A la vuelta de cada página corre el aire ligero del buen discurso narrativo que caracteriza el estilo de esta autora sorprendente.

Quisiera platicarles por lo menos alguno de los muchos finales que van cerrando cada uno de los temas, de los cuales ya di noticias de algunos y no crean que de todos. Me aguanto las ganas para no echarles a perder ninguna de las emociones que hallarán en las páginas de este libro. Les sugiero que lo compren, que lo lean, y estoy seguro que lo van a disfrutar igual o más de lo que yo lo he disfrutado.

Bustillos, Lourdes: Inminente. Editorial Martha Retana, México, 2017.

1 Comment

  • Fernando Suárez Estrada

    Extraordinaria crónica literaria, Maestro! Los buenos libros son inspiradores! Autora y cronista, Chihuahuenses universales!
    Gracias mil a ambos! Salud

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