Brasil: Aumentan los casos de coronavirus en indígenas

Por MAURICIO SAVARESE y DAVID BILLER/ AP

SAO PAULO — A medida que el COVID-19 se adentraba en los territorios indígenas más remotos de la Amazonía brasileña, la agencia gubernamental responsable de proteger a los pueblos nativos ignoró los llamados para que actuara, y en su lugar optó por librar batallas ideológicas, aseguraron funcionarios de la misma institución.

La constante promoción del presidente Jair Bolsonario por desarrollar la vasta región amazónica ha provocado que, durante meses, activistas indígenas, celebridades y agentes de campo hicieran sonar la alarma. Aseguran que, ante la creciente pandemia, no tomar acciones será suficiente para que muchos de los pueblos indígenas desaparezcan.

The Associated Press habló con cuatro agentes que trabajan con pueblos indígenas en las zonas más remotas de la Amazonía brasileña, y todos ellos llegaron a la misma conclusión: La Fundación Nacional del Indio (FUNAI) difícilmente ha hecho algo para coordinar una respuesta a una crisis que podría diezmar a los grupos étnicos.

No hay suficiente equipo de protección para los agentes que se adentran en los territorios indígenas o se reúnen con los pueblos nativos en las ciudades. Artículos necesarios, como el queroseno y la gasolina, escasean. La entrega de alimentos comenzó apenas la semana pasada — un mes después de que se les instruyera a los pueblos indígenas a permanecer en sus aldeas — y sigue siendo insuficiente.

Desde que comenzó la pandemia, ha existido temor sobre la vulnerabilidad de los pueblos indígenas que viven lejos de las instalaciones de salud en los centros urbanos, y cuyo estilo de vida comunitario los vuelve más susceptibles a un contagio acelerado.

Al menos 88 indígenas ya han muerto de COVID-19 en la Amazonía, de acuerdo con un conteo de la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) que incluye cifras del ministerio de Salud e información de líderes locales. Es posible que el número sea mayor, porque a menudo los hospitales no utilizan los nombres indígenas de los pacientes al momento de su ingreso.

Cuando los indígenas comenzaron a sucumbir ante el coronavirus, el FUNAI estaba enfocado en otras cuestiones, de acuerdo con Antônio Carlos Bigonha, quien encabeza la fiscalía publica responsable de cuestiones indígenas. Dijo que la respuesta del FUNAI ha sido “criminal, laxa e insuficiente”, un reflejo del abierto respaldo de Bolsonaro a que los indígenas se integren a la población en general.

“El ambiente del COVID-19 es tan grave, porque la integración por sí sola es grave, pero en el contexto de una pandemia es un genocidio”, dijo Bigonha en una entrevista telefónica.

CIMI, un grupo católico defensor de los derechos de los indígenas, dijo que las políticas del FUNAI no habían protegido a los pueblos nativos. El FUNAI se defendió, atacando lo que dijo fueron “políticas públicas socialistas” implementadas en 2003 por el izquierdista Partido de los Trabajadores que, sostuvo, volvieron a los pueblos indígenas dependientes de la asistencia social.

“Este no es un plan socialista”, dijo Bigonha. “Es sólo una interpretación de los hechos históricos: Adoptamos una política integracionista a comienzos del siglo XX y prácticamente acabó con los pueblos indígenas”.

El fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, reconocido por su trabajo con las tribus indígenas, elaboró un manifiesto en el que advierte de la amenaza inminente que enfrentan los pueblos nativos e hizo un llamado al gobierno brasileño a que tome medidas para su protección. El documento atrajo a 245.000 signatarios, incluyendo a Paul McCartney, Meryl Streep, el cineasta Pedro Almodóvar y la modelo Gisele Bündchen.

El FUNAI no tardó en responder: El organismo devolvió las fotografías que Salgado había tomado de la tribu Korubo en la región aislada del Valle Javari, cerca de la frontera con Perú, además de que emitió un comunicado en el que le recomendaban a Salgado que subastara las imágenes para comprar alimentos, productos de higiene personal y artículos de limpieza para los pueblos indígenas.

El FUNAI dijo a la AP en un correo electrónico que adoptó “todas las medidas a nuestro alcance” en el combate a la pandemia. Señaló que ha distribuido 45.000 despensas y más de 200.000 artículos de protección personal en todo el país, sin hacer un desglose por regiones, y que próximamente repartiría otras 40.000 despensas.

Agentes de campo, incluyendo tres empleados del FUNAI, contaron una historia distinta. Hablaron con la AP a condición de guardar el anonimato por temor a sufrir represalias después de que varios funcionarios del gobierno de Bolsonaro fueron despedidos o reasignados por hablar con los reporteros.

No hay liderazgo y las solicitudes realizadas a las instalaciones del FUNAI en Brasil no reciben respuesta durante semanas, afirman.

La microrregión del Alto Solimoes, cerca de la frontera con Colombia, tiene una de las tasas de mortalidad por COVID-19 más elevadas de Brasil. El único hospital con respiradores artificiales, una instalación militar en Tabatinga — en la frontera —, sólo cuenta con 13 dispositivos, informó el ministerio de Salud.

Para contener el virus, desde mediados de marzo los agentes del FUNAI han dicho a los grupos indígenas que deben evitar que nadie ingrese a sus territorios y bloquear los accesos por ríos y caminos cercanos a sus comunidades.

Pero mientras no se entreguen suficientes despensas, las tribus no permanecerán en sus territorios, aseguraron los agentes. Se puede practicar un poco de agricultura cuando los ríos abastecen las regiones del Alto Solimoes y del alto río Negro, y la gran mayoría venden o intercambian lo que pescan o cazan.

En el Alto Solimoes, que alberga a unos 76.000 indígenas, únicamente seis de los 350 grupos étnicos de la zona habían recibido 1.300 despensas hasta la semana pasada, según uno de los agentes que participó en la operación. Eso ha perjudicado aún más la credibilidad del FUNAI, afirmó el agente.

La coordinadora del FUNAI para la región del río Negro, Auri de Oliveira, dijo que el principal problema no era la escasez de alimentos, sino que los indígenas vayan a las ciudades cercanas para recibir ayuda de emergencia del gobierno en efectivo. Dijo que la demora en la entrega de las despensas se debe a la “burocracia normal” y que los paquetes ya comenzaron a llegar.

“Las despensas ayudarán a mantener a las tribus indígenas en sus aldeas”, escribió en un mensaje de texto. “Veremos si vuelven a venir a la ciudad, porque habrá un nuevo ciclo de pagos de asistencia social”.

Aunque comienza a llegar un poco de comida, es insuficiente: Un líder tribal de la región del Alto Solimoes dijo vía telefónica el viernes que su aldea ha recibido despensas para únicamente 90 de las 700 familias de la comunidad.

Las limitaciones brasileñas en el combate a la pandemia en la Amazonía están inquietando a sus vecinos. El presidente de Colombia Iván Duque desplegó tropas a su frontera con Brasil después de que se disparara el número de casos de COVID-19 en la región. Unos 8.000 indígenas viven cerca de la localidad colombiana de Leticia, ubicada junto a la frontera, donde el número de infecciones se ha incrementado drásticamente en las últimas semanas.

Perú cerró su frontera con Brasil en marzo. Del lado brasileño, un agente reportó que el coronavirus ha llegado al Valle Javari, la remota región en donde se tomaron las fotografías que el FUNAI devolvió a Salgado, en las que se veía a miembros de la tribu Korubo posando con lanzas, navegando el río en canoas y cargando entre la selva a un tapir que acababan de cazar.

El Valle Javari alberga a la mayor concentración de pueblos indígenas aislados en todo el mundo, con 10 grupos, según el FUNAI. Los hospitales cerca de las tribus aisladas están hacinados, dijo un agente de esa agencia, quien emitió una lúgubre advertencia: Si el virus golpea más fuerte, el colapso será rápido.

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