La siguiente reflexión nos llegó a través de las redes sociales en calidad anónima. Preguntando acerca de su autor, nos han informado que pertenece al escritor argentino-mexicano Eduardo Grecco. El texto nos parece sumamente iluminador. No tiene desperdicio, la verdad. Por ello lo replicamos en este espacio con la propia idea de compartir, como asimismo el propio autor tuvo a bien diseminarlo.

Por Eduardo Grecco

— “Siempre hace falta un golpe de locura para desafiar un destino…”. (Marguerite Yourcenar) Ya he citado, en otra oportunidad, la frase de esta mujer maravillosa como persona y como escritora. Su vida estuvo llena de repliegues y vicisitudes que le permitieron, seguramente, hablar de la vida con la certeza de alguien que la ha vivido a pleno.

Hoy nos han colocado en un escenario de guerra. Una guerra con un oponente silencioso e invisible que medra en nuestro organismo y puede provocar su muerte si este se halla desvalido y herido en su fortaleza. Un adversario que algunos refieren que no es natural sino producto del ingenio humano. Un demonio surgido, tal vez, de la sombra del anhelo de poder de quienes quieren diseñar el destino del planeta. No se sé si esto es verdad, pero ya nada extraña. He aprendido el nivel de maldad que habita en los corazones de quienes por ambición y avaricia destruyen la tierra, la sociedad y las personas. También, veo el modo en como se usa esta crisis de salud para hacer negocios espurios, medrar con el dolor y desarrollar planes políticos para mantener lugares de dominio o desconocer la voluntad de la gente. O, como se pretende con seudo guías espirituales, adormecer la conciencia de lo que el mundo en verdad necesita.

Los virus han sido fuerzas evolutivas en la historia filogenética de la especie. Ellos han ganado batallas, pero la humanidad sigue ganando la guerra. El costo que se paga es muy alto, ya que, el valor de las vidas no se mide en estadísticas, porcentajes, ni en daños “colaterales”.

Un costado que hay que detenerse a mirar es el hecho que, esta crisis, se intenta gestionar con separatividad y explotación, no con solidaridad y reciprocidad. Hoy nos imponen una autoritaria restricción y se propaga el aislamiento como mecanismo preventivo y, tras esa real necesidad para detener contagios, hay una ideología de limitación de nuestra libertad, un progresivo cercenamiento de derechos que luego de la pandemia seguirá avanzando fomentada por una persistente propaganda del veneno del miedo que incentivan los medios de información. No se fomenta el recogimiento sino el aislamiento.

Es cierto que la cuarentena es necesaria para detener cualquier epidemia, pero el aislacionismo conduce al colapso social sin ofrecer una defensa cierta ante las infecciones. La respuesta real ante una epidemia no reside en segregar, sino en cooperar. Por lo tanto, no hay que buscar responsables en el cielo, están entre nosotros aquí en la tierra.

Ya nos están avisando de la crisis económica que se avecina y la sensación que me invade es como si las personas no fuéramos lo importante, que lo valioso ocurre en la bolsa de valores. Nos dicen que hay un mal destino financiero irremediable que se aproxima. Se habla de salvar bancos, líneas aéreas, petroleras… en lugar de ayudar a la gente, de imaginar crear un sistema de salud fuerte y distributivo, capaz de evitar crisis como la presente, y de dejar de destinar recursos a laboratorios donde se investigan herramientas biológicas de uso militar.

Estamos en guerra. Una guerra que no se lleva a cabo, en lo global, con armas sino con dinero y biología. Pero, en lo local, la violencia derrapa todos los días y en cada sitio. Tenemos que despertar y “dar un golpe de locura” y cambiar el destino que están escribiendo a nuestras espaldas. Hay otros virus que nos carcomen: corrupción, impunidad, explotación, autoritarismo, contaminación, abuso, violencia, tortura, injusticia, desaparición forzada, robo a la sociedad, timba financiera, endeudamiento… Hay que dar un golpe de locura y construir una sociedad de valores no de negocios, de solidaridad no de competencia, de producción no de especulación, de salud no de enfermedad, de cooperación no de egoísmo, de aceptación no de discriminación… Estoy convencido que las esencias florales nos ayudaran a crear este mundo. Un mundo de paz, libertad, amor, unidad y sabiduría, con el que Bach soñó.

Ahora bien, todo sucede en el campo de las relaciones. Los seres humanos habitamos complejas redes de relaciones que se extienden en todas direcciones. De manera que no existe nada fuera del espacio relacional y hoy estamos frente a una encrucijada de cambios vinculares.
En este sentido, las virosis representan, en lo inmunitario, lo que, en el plano humano, son las relaciones tormentosas.

Es necesario cambiar el paradigma vincular destructivo, que hoy es práctica masiva en el mundo, y pasar a construir relaciones armoniosas. Si lo logramos, esto no significa que los virus van a desaparecer, sino que nuestras defensas podrán con ellos. Y, lo harán, porque habrá paz en nuestros corazones y fortaleza en nuestro sistema inmunológico. De ahí la importancia de Agrimony en nuestra vida. Agrimony, el pacificador, el donador de paz, el dador alegre y aquella flor que nos enseña que los auténticos virus, como señalaba Camus, son los morales.

Eduardo

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