No todo ha de ser suave y tierno

Por Guadalupe Ángeles

— Tremendo, brutal, como lo es el destino manifiesto, esa mentira que inventaron los estadounidenses para convertir a Latinoamérica en su patio trasero… pero no hablamos de política, hablamos del mundo que diseña ante nuestros ojos el arte narrativo de Luciano Ramírez, que se va desarrollando en las páginas de este su primer libro de cuentos “Canción de cuna para espantar brujas (y otros cuentos)”, publicado por Literalia en 2019.

Visitamos estos relatos y somos envueltos en ellos por una prosa delirante que abre sueños pesadillescos entre vidas igualmente espantosas, o recurre a modos de narración que no dejan nada a la imaginación o todo a ella, es decir, sus textos tocan temas nada agradables, pero la forma en que son escritos invita a confrontarnos con ellos, ¿cuál fue el filósofo que dijo: “Nada de lo humano me es ajeno”?, seguro ese filósofo estaría de acuerdo conmigo en que, de algún modo quizá no tan claro, es necesario revisar las crónicas de lo intolerable, de lo indigno que es posible en todo espíritu humano, ¿tal suposición hace este libro necesario? Necia sería si no supiera que la respuesta a esta pregunta es personal e intransferible, como las enfermedades terminales o las decisiones que vuelcan una vida en otra.

Me hago cargo del hecho de que nombrarnos escritores nos aparta de la ingenuidad; nadie que se atreva a escribir ficción desconoce los alcances de la misma, ¿a qué me refiero específicamente? A la responsabilidad que creo entender Luciano Ramírez asume en su elección de temas, decidió retratar al mundo tal como es, sin pudor, y si sus cuentos nos recuerdan películas tristes o sórdidas es sólo por el rumor de mundo real que corre por sus páginas, donde dibuja personajes a quienes no sabemos si odiar o compadecer, ¿acaso hay algún matiz entre estas dos sensaciones? Supongo que sí, del conocimiento de ello se vale el autor para mostrarnos postales del infierno que, ya lo dijo alguna vez Sartre, son los otros.

Indudablemente adentrarse en este libro es tarea para valientes, en un país como el nuestro donde no hay día en que no tengamos noticias de asesinatos y hechos de violencia inexplicables, pudiera pensarse que ya todos estamos acostumbrados al horror, y no es cierto, ¿cuántas veces no me dijeron que hubo quienes no soportaron tal lectura debido a la crudeza del dolor ahí reflejada? Tendemos a ser niños ingenuos, quien no, que lance la primera piedra, yo misma se la puedo alcanzar; en el fondo desearíamos que existieran seres de mirada hermosa que solucionaran mágicamente todo problema, que el amor entre los bípedos mal llamados humanos fuera decretado, no, más bien inoculado de formas imprecisas, para que ninguno de nosotros abrigara nunca sentimientos de odio o venganza; pero ante lo ilusorio de ello, no nos queda más que ser adultos y no dejarnos amedrentar por unas cuantas palabras, ¿otra cosa es la poesía del arte narrativo? Sí, contestarán a coro un buen número de redactores de cuentos de hadas para adultos o cuentos políticamente correctos, manufacturados para adormecer almas asustadizas, Luciano no es de estos perpetradores de juguetes literarios, él se atreve como se atrevió Rimbaud y se sigue atreviendo el Bukowsky que llevamos dentro todos los que alguna vez escribimos cuento pornográfico, ¿acaso no el arte narrativo requiere de un amplio abanico de temáticas? Ese Sí que resuena de inmediato ante tal pregunta es el que redime (si es que necesitara redención) al escritor de estas canciones de cuna que nos llevan a distintas pesadillas, cuya magnitud de espanto es equivalente a su posibilidad de existencia real en el mundo de todos los días.

Valga entonces darle un fraternal saludo a este escritor nada novel, al contrario, hacedor de ya varios textos que dan fe de un narrador que utiliza sus herramientas (el lenguaje y en él su propio espíritu) sin doblegarse ante ningún tema, haciendo del arte de narrar una especie de religión cuyo manto protege de la nada.

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