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Más pobres

Por Francisco Ortiz Pinchetti

— Mientras el Presidente de la República y su nutrida comitiva emprendían a bordo de un Boing 737 con capacidad para 170 pasajeros su histórico vuelo de 11 minutos rumbo a un aeropuerto inexistente, en la prensa matutina nos enterábamos que en 2020 se revirtió el avance logrado en la lucha contra la pobreza en las últimas tres décadas.

O sea, resultó que en efecto la pandemia nos vino como anillo al dedo: hoy tenemos más pobres y nuestros pobres son más pobres.

Y no son datos divulgados por los adversarios retrógradas, neoliberales  y corruptos del sabio Andrés Manuel. Se trata del Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2020, dado a conocer por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Indica el organismo que  la crisis económica producto de la pandemia de COVID-19 “podría exacerbar los elevados niveles de pobreza y empeorar las condiciones de vida de quiénes ya se encuentran en esa situación”, sobre todo a las mujeres, las personas indígenas, las personas con discapacidad, los jóvenes y las personas mayores, quienes ya sufrían discriminaciones estructurales.

El Coneval reiteró su proyección según la cual 10.7 millones de personas podrían caer en situación de pobreza extrema por ingresos como producto de la pandemia, mientras que 9.8 millones enfrentan la posibilidad de caer en pobreza. Estos datos, subrayó, representan “un riesgo importante de retrocesos en los logros de desarrollo social de las últimas décadas”, que alejaría todavía la perspectiva de construir un sistema de seguridad social universal.

Pero no es sólo culpa de la COVID-19. Lejos de paliar esos efectos de la contingencia sanitaria con medidas anti cíclicas (como en casi todos los países del mundo), apoyos a la actividad productiva y la preservación de empleos, sobre todo a las micros y pequeñas empresas, López Obrador se aferró a una  política de “rásquense con sus propias uñas” y precipitó con ello el cierre de millares de negocios con la consiguiente e irremediable pérdida de fuentes de trabajo.

El propio Coneval subrayó que la política social del actual Gobierno está concentrada en programas con transferencias directas de dinero, pero no significan una atención integral para evitar carencias en la atención médica, seguridad en el ingreso y desarrollo humano. Se identificó, pone el informe, que los Programas Integrales de Bienestar analizados no atienden en su totalidad los riesgos que enfrentan las personas en sus distintas etapas del ciclo de vida.

Esos programas “han tendido a enfocarse en las transferencias directas de apoyos económicos más que en la prevención, mitigación y atención de dichos riesgos que limitan el acceso a derechos”.

Por otro lado, un estudio específico del Consejo encontró que el programa Jóvenes Construyendo el Futuro “es un desastre”, que podría incentivar la deserción escolar, pues entrega más dinero a quienes no estudian que el que se reparte entre quienes sí lo hacen.

Conviene más ser “nini” que estudiante.

El estudio comparó los programas de Jóvenes Construyendo el Futuro, que entrega 12 pagos de 4 mil 310 pesos mensuales a jóvenes que no estudian ni trabajan y acepten capacitarse, y el de Jóvenes Escribiendo el Futuro, que entrega 4 mil 800 pesos bimensuales a estudiantes universitarios, sólo durante los 10 meses que dura el ciclo escolar.

Trascribo textual:

“Los programas Jóvenes Construyendo el Futuro y Jóvenes Escribiendo el Futuro que podrían competir entre sí al compartir el mismo grupo etario, pero con apoyos y montos diferentes. Esto podría ocasionar que un sector de esta población se desencante por el programa que ofrece el mayor monto, en este caso el Programa Jóvenes Construyendo el Futuro, y derive en la deserción escolar al tratarse de un incentivo económico más alto”.

Obviamente, los  efectos nocivos de la pandemia afectan particularmente a los sectores más vulnerables. Las mujeres, en particular. Otro informe, éste de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), pone como ejemplo de ello que la crisis de COVID-19 provocó en México que 33.2 por ciento de las mujeres que se empleaban como trabajadoras del hogar perdieran su trabajo, y por la situación económica y sanitaria, muy difícilmente van a reincorporarse pronto a la economía. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) registró al cierre de 2019 a poco más de dos millones 400 mil mujeres como trabajadoras del hogar, por lo que ahora cerca de 800 mil se quedaron sin empleo.

Y que cada quién se rasque con sus uñas. Los pobres, primero. Válgame.

DE LA LIBRE-TA

AMLOLANDIA. Vaya país, en el que se rifan aviones sin avión, se procesa a corruptos sin presos, se elabora un Plan Nacional de Vacunación sin vacunas y se inauguran aeropuertos… sin aeropuerto.

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