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Gordos... y desnutridos

Por Francisco Ortiz Pinchetti

— Convertido en una obsesión generalizada  –y justificada–, alentada en los últimos tiempos por la pandemia de la COVID-19, el tema de la obesidad ha eclipsado otro de similar o mayor gravedad: el de la desnutrición, que afecta a amplios sectores de la población mexicana.

Ambos males fueron medidos por la encuesta Nacional de Salud Pública  y Nutrición 2018-2019 (Ensanut), cuyos resultados fueron dados a conocer esta semana. El estudio fue elaborado por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) con la colaboración del INEGI, que efectuó la parte metodológica y operativa.

De esa encuesta se desprende como dato sobresaliente que el sobrepeso y la obesidad afectan a más de 75 por ciento de las personas adultas en nuestro país. Ese altísimo porcentaje es resultado de una intrincada red de factores donde destaca el ambiente obesogénico que no respeta fronteras ni edades… pero también la persistencia de la deficiencia alimentaria y nutricional, que afecta a millones de niños y adultos en nuestro país.

El estudio tuvo como objetivos identificar los factores ambientales, socioeconómicos y culturales que determinan nuestros patrones de alimentación, actividad física, consumo de tabaco y alcohol y uso de los servicios de salud, entre otros.

De acuerdo con la Ensanut 2018-19, el sobrepeso y la obesidad afectaron a 75.2 por ciento de las personas adultas y en 35.6 por ciento de la población infantil. La diabetes mellitus se incrementó de 9.2 por ciento en 2012 a 10.3 por ciento en 2018, y la hipertensión arterial pasó de 16.6 por ciento en 2012 a 18.4 en 2018.

La desnutrición, según la muestra, afecta de manera severa a los pequeños, con mayor gravedad en las zonas rurales. Y es que si bien el sobrepeso más obesidad alcanza al 6.8 por ciento de los niños menores de cinco años de edad, otro 4.8 por ciento presenta bajo peso y el 14.2 por ciento  baja talla. Además, un 1.4 por ciento  sufre emaciación (adelgazamiento patológico).

El gasto per cápita en alimentos se incrementó en los últimos seis años, lo que por supuesto no significa una mejor alimentación, y con el aumento también en los gastos de salud se ha puesto a la población pobre en una mayor vulnerabilidad. Todavía 17 de cada 100 mexicanos manifiestan no tener acceso a la salud pública y gratuita.

Además, mientras la provisión de servicios públicos de salud representa el 60 por ciento del total de las consultas, 45 de cada 100 entrevistados refiere haber tenido gastos en su última atención médica.

Otros datos revelados por la Encuesta indican que  a pesar de que entre 2012 y 2018-19 hubo una disminución de cinco puntos en la inseguridad alimentaria, una cuarta parte de los hogares mexicanos experimentan la forma más grave de inseguridad alimentaria.

También, que el 14 por ciento de los niños menores de cinco años presentan baja talla. Esa prevalencia es 4.6 veces mayor en zonas rurales que en zonas urbanas.

El promedio de atención al niño sano fue de 5.5 consultas en relación a las 16 a las que deben asistir. El porcentaje de niños que tienen evaluación de desarrollo infantil temprano es de menos del 20 por ciento. Y de esos, cerca de 20 de cada 100 tuvo desarrollo infantil inadecuado. Un 33 por ciento de niñas y 38 por ciento  de niños presentan exceso de peso.

La investigación también detectó por primera vez que 17 por ciento de los niños de 1 a 4 años de edad, un millón 400 mil, presentan intoxicación por plomo, principalmente en Michoacán, Ciudad de México, Oaxaca, estado de México, San Luis Potosí y Puebla, entre otros, debida a la exposición al barro vidriado con que están fabricados los trastes.

De los alarmantes resultados arrojados por la Ensanut 2018-19, el INSP concluye que “los graves problemas de salud y nutrición y la deficiencia en los servicios preventivos para los niños menores de cinco años, indican que es fundamental fortalecer los servicios de calidad para este grupo de edad”.

El combate a la obesidad y el sobrepeso, tanto en niños como en adultos, es un tema evidentemente prioritario de salud pública en nuestro país. En ese sentido va la reciente reforma a la Norma Mexicana para hacer obligatorio el etiquetado frontal, medida que ya ha sido adoptada prácticamente por la totalidad de los fabricantes de alimentos procesados y bebidas azucaradas. Este esfuerzo, sin embargo, no debiera opacar la gravedad del otro gran mal alimentario que afecta a nuestra población, que es la desnutrición.

Este padecimiento, que tiene repercusiones obvias en todos los aspectos de la vida humana, incluido el desarrollo intelectual, debiera recibir la mayor atención por parte de las autoridades e instituciones de salud. Es una aberración doble tener mexicanos gordos y a la vez desnutridos. Válgame.

DE LA LIBRE-TA

OCURRENCIA. Como ya es práctica común en el actual gobierno, en lugar de regular debidamente a las empresas de outsourcing para evitar que exploten a sus empleados y evadan impuestos, el Presidente y su partido optan por la prohibición de esa actividad, lo que representa mandar al desempleo, en plena crisis, a más de tres millones de trabajadores. ¡Genial!

@fopinchetti

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