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Manuel Puig se fue derechito al cielo

Por Jesús Chávez Marín

El domingo 22 de julio de 1990 se nos fue derechito al cielo el novelista Manuel Puig. Con él se apaga uno de los puntos de vista de más delicada poesía que se ha expresado en la narrativa latinoamericana del siglo 20, una de las prosas más originales y de sabrosa lectura.

Con cada hombre muere una visión del mundo. La de Puig era una cosmogonía intimista y cotidiana, de una dulzura y humanismo que había alcanzado su más alto nivel técnico.

Puig murió prematuramente, en su mejor momento profesional como escritor. Y en pleno éxito. Desde su primera novela, La traición de Rita Hayworth (1968), hasta su reciente ingreso a la dramaturgia, fue formando un núcleo de lectores cada día más numerosos y fieles.

El recurso de retomar textos cliché y recrearlos literariamente fue afortunado y creó una zaga de discípulos y de imitadores. Hace el boletín en Boquitas pintadas (1969), la novela policiaca en The Buenos Aires affair (1973), los relatos cinematográficos en El beso de la mujer araña (1976), la ciencia ficción en Pubis angelical (1979), el diario íntimo y el diálogo cotidiano en Maldición eterna a quién lea estas páginas (1980).

Manuel Puig fue ciudadano del mundo. Estableció su residencia en la tierra, ciudades como Buenos Aires, Roma, Nueva York, Río de Janeiro. Finalmente se compró una casa en Cuernavaca, México, donde murió a causa de un problema post operatorio de vesícula.

Agosto 1990

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