A seguir resguardándonos

Por Ernesto Camou Healy

— Según las autoridades el día 28 de mayo la epidemia en nuestro País llegará a su punto máximo, después iniciará un descenso paulatino. En Sonora vamos un poco desfasados; y parece que nuestros coterráneos son bastante indisciplinados, por ellos quizá el pico se dé hasta mediados de junio, y habrá que ver a qué costos. Y contra las expectativas, al parecer los calores le han hecho lo que el viento a Juárez al coronavirus.

Deberemos guardar prudente distancia y sano aislamiento durante el mes de junio, al menos; sobre todo aquellos en mayor riesgo: Adultos mayores, y los que padecen enfermedades como diabetes, hipertensión y obesidad. En una situación ideal, se podrían reanudar las actividades durante junio, cuidando los adultos mayores y los enfermos crónicos.

Son muchos los que confunden letalidad con contagio: Desde el principio se dijo que el porcentaje de muertes sería bajo, pero el de contagio, muy alto, porque el virus es agresivo en ese sentido. Pero no hay que vivir asustados: Si uno está en grupo de riesgo, debe cuidarse. El problema radica en que los que se enferman levemente, pueden contagiar a otros, con mayor riesgo.

La prudencia recomienda armarnos de paciencia y, quienes puedan hacerlo, seguir encerrados; si es necesario salir y deambular por calles y oficinas hacerlo con precaución. Y al volver a casa, cuidarse de no infectar a los padres o abuelos. De ese modo llegaremos al mes de julio con la esperanza de que termine esta extraña realidad que nos tocó vivir.

Ahora bien, eso no significa que el Covid haya sido vencido: Si algo hemos aprendido es que posee una dosis alta de oportunismo que lo hace proliferar y encontrar nichos desde los cuales atacar. Es probable que permanezca agazapado, diríamos desde un cierto antropocentrismo, y provoque problemas en unos meses. Quizá tenemos que aprender a vivir con esa posibilidad, por lo menos hasta que se logre una cierta inmunidad generalizada, o una vacuna probada.

Pero no hay que permanecer en el miedo. Tenemos décadas amenazados por la influenza, que resulta mucho más mortal, y seguimos tranquilos; la amenaza de la diabetes nos deja fríos a la mayoría y la obesidad, podemos comprobarlo con un vistazo, no nos parece amenaza mortífera. Y son más perniciosos que este virus.

Lo que debemos aprender es que un virus poco letal puede infectar a todo el planeta y causar muertes y estancamiento de la economía, por meses. Y si bien el virus fue un algo natural, el que haya habido millones casi inermes frente a él, es producto de una economía mundial que ha puesto los ojos en ganancias repartidas inequitativamente, por sobre el buen vivir de la humanidad.

Para empezar, son demasiados, en todo el mundo, los que viven en pobreza extrema, mala salud y sin recursos siquiera para comer lo suficiente. Esa economía depredadora debe pasar a la historia. 

Se necesita un cambio de paradigma, que el objetivo estribe en que el trabajo sea digno y suficiente para que la generalidad de la humanidad tenga una vida aceptable; que la diferencia entre el estrato económico más alto y el más bajo, no sea tan abismal como hoy; que se busque que las mayorías del mundo tengan techo, ropa, comida, educación y servicios de salud. Y trabajo digno para pagarlo.

En Sonora y México, se deben desterrar muchísimos alimentos que sacian, pero deterioran la salud. Los refrescos gaseosos deberían traer una leyenda que explicitara su peligrosidad; lo mismo con la comida chatarra, dulces y antojitos enchilados o no, igual los postres azucarados en extremo, y se debería reducir el consumo de carnes, sobre todo las rojas. Lo mismo debe suceder con las harinas blancas y los cereales con aditivos y endulzantes.

Somos uno de los países con más alta tasa de obesidad; y eso provoca, a su vez, hipertensión y diabetes; y nos hace víctimas perfectas del coronavirus.

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