Primero de Mayo: Mirando hacia adelante

Por Leonardo Boff

Pedro A. Ribeiro de Oliveira es bien conocido en América Latina. Sociólogo con buenos antecedentes teológicos, de la Coordinación Nacional del Movimiento de Fe y Política, autor de varios libros y artículos sobre el análisis de la situación y la situación religiosa en Brasil. En este artículo nos refuerza con la esperanza de que no habrá un retorno al antes de la crisis, con todos los impases ecológicos y sociales que estaban destrozando nuestra sociedad. Y deja en claro que quien evitará el regreso al antes de la crisis, será la Tierra misma, ya que, si intentamos regresar, nos volverá a dar nuevas lecciones, pesadas, hasta que aprendamos a vivir con justicia, con más igualdad y con fraternidad en la Casa Común. Es una buena contribución a la muy necesaria esperanza. Lboff.

En este primero de mayo se han publicado en Brasil, al menos dos importantes notas de animación para la lucha de las clases trabajadoras: una, de la Comisión Pastoral Episcopal para la Acción Sociotransformadora, de la CNBB (Conferência Nacional dos Bispos Brasileiros), y otra de la Comisión para los Trabajadores Pastorales, de la Arquidiócesis de Campinas, São Paulo. Son documentos importantes, que retoman grandes temas de la Enseñanza Social de la Iglesia y palabras de la Escritura para estimular a los y las militantes en su reivindicación de los derechos ahora secuestrados por el capital. Sin embargo, eché en falta un análisis de la realidad a enfrentar, porque lo que se vemos hoy es muy desfavorable para las clases trabajadoras.

Como una expresión de solidaridad con todos los trabajadores que sufren la pérdida de derechos, pero que aun así arriesgan sus vidas en defensa de los que más sufren –pienso en los pueblos indígenas [http://fepolitica.org.br/tag/povos-indigenas], desprotegidos en su territorio tradicional y atacados cobardemente por grupos amparados por el propio gobierno brasileño–, traigo aquí mi aportación a la comprensión de la realidad social y económica que se nos viene encima.

Inmerso en la pandemia de la covid-19, este año, en ninguna parte del mundo los trabajadores pueden salir a las calles para celebrar su día. De hecho, desde el triunfo del neoliberalismo, hace más de veinte años, esta fiesta venía perdiendo fuerza, a pesar de que la victoria de Lula en 2002 renovó las esperanzas de días mejores. Sin embargo, los últimos cinco años sido de sufrimiento: los derechos se han erosionado, mientras el desempleo por su parte ha aumentado. El golpe final ha sido la precariedad del trabajo y el vaciamiento de los sindicatos. Una vez que termine la pandemia, quedará una crisis económica (caída de la producción) y financiera (quiebras económicas, y falta de inversión), que habrá que atravesar. ¿Cómo será la vida para aquellos que sólo viven de lo que producen con su trabajo? ¿Cómo enfrentar esta realidad el 1º de mayo?

Es demasiado temprano para esbozar el escenario que se avecina, pero seguramente el mundo será bastante diferente de lo que era hasta ahora. La crisis económico-financiera, agravada por el clima de guerra entre las potencias emergentes y las decadentes, traerá un nuevo modo de producción y consumo capaz de renovar el capitalismo [http://fepolitica.org.br/tag/capitalismo], probablemente basado en la planificación estatal a través de la tecnología de la información (como está sucediendo en China). En este capitalismo de quinta generación, las clases trabajadoras serán los grandes perdedores, y sus derechos difícilmente estarán garantizados… ¡Nada de optimismo!

Sin embargo, este escenario ignora lo que la Tierra está preparando para la especie homo sapiens / demens y que ha tenido en la actual pandemia una señal de advertencia: la catástrofe climática y ambiental. El modo de producción y consumo capitalista no puede hacer nada ante ella, porque para él lo que cuenta son las empresas, las personas jurídicas, y no las personas reales, con carne, hueso y espíritu. Su impulso de supervivencia intensificará el uso de todos los instrumentos de la tecnociencia más avanzada, pero ni siquiera podrá doblegar la voluntad de la Tierra para deshacerse del mal que nuestra especie le está haciendo.

Ante esta catástrofe, que ya está en el horizonte, podemos imaginar dos posibilidades opuestas y extremas: (a) mantener el proceso económico actual, impulsado por el espejismo del crecimiento sin fin, o (b) operar una verdadera conversión de la humanidad hacia una civilización planetaria, respetuoso de los Derechos de la Tierra y de toda la Comunidad de la Vida. Lo primero significaría dar aún más fuerza al mercado y a las empresas, aunque eso implique la reducción de la especie humana a un pequeño número de personas que vivan en burbujas tecnológicas. Lo segundo implicaría un retorno a la vida frugal, con la que una economía basada en la cooperación, la solidaridad y la reciprocidad, aseguraría lo necesario para la vida, sin exceder los límites de los recursos ecológicos renovables en cada territorio. Para aquellos que viven de ingresos de capital, esto es impensable. Pero para las clases trabajadoras, esta economía que sólo garantiza lo necesario, es parte de su experiencia: no tienen que ser ricos para ser felices. Alimentar, en la práctica diaria, la experiencia de solidaridad, de cooperación, poner todo en común, y preparar el proceso de expropiación privada de los medios de producción, es el desafío que enfrentan los hombres y las mujeres para salir de la crisis en el camino de la vida.

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