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El Nobel de Economía

Por Ernesto Camou Healy

Hace unos días la Academia Sueca de las Ciencias concedió el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel, a tres economistas que laboran en universidades norteamericanas. Vale la pena subrayar que dicho galardón se añadió a los Nobel originales: Física, Química, Medicina, Literatura y Paz, que instituyó Alfred Nobel y se conceden desde 1901. El de economía es más reciente, data de 1969, y en este 2021 lo recibieron el canadiense David Card, de la Universidad de Berkeley, Joshua D. Angrist, del MIT de Massachusetts y Guido W. Imbens, de Stanford.

El Comité del Nobel anunció que recibían el premio, en el caso de Card, por su contribución a la economía del trabajo, mientras que Angrist e Imbens, por sus contribuciones metodológicas al análisis de las relaciones causales. Resultan interesantes los comentarios de colegas y comentaristas que afirman que sus “aproximaciones en la investigación económica son de lo más disruptivas e innovadoras”. Card estudió la inmigración masiva de cubanos a una localidad en Florida y comparó las consecuencias con otras localidades en las que no hubo tal llegada de inmigrantes. Su conclusión fue que la generalidad de los habitantes se benefició del arribo de los nuevos moradores, cuando la expectativa tradicional era que fuera más bien perjudicial.

El mismo Card estudió las consecuencias del incremento del salario mínimo en un estado norteamericano, y lo comparó con lo sucedido en la entidad vecina que no tuvo tal aumento. Concluyó que el salario agregado trajo consecuencias positivas para la población, empleo y economía estatales.

Angrist e Imbens aplicaron su metodología a comparar dos generaciones similares cuya diferencia importante es que la primera tuvo un año menos de escolaridad, y la segunda, inmediatamente posterior, tuvo un programa ampliado en un ciclo anual, y encontraron que la segunda cohorte tenía un salario promedio 9% mayor al de sus antecesores.

El entusiasmo que ha originado el premio se debe, afirman algunos comentaristas, porque se valida una metodología novedosa que estudia y compara sucesos reales para arribar a conclusiones científicas, que permitirá el inicio de una economía más predictiva, merced a los nuevos “modelos naturales”, y permitirá, dice algún comentarista, que se acabe la “lamentable injerencia de los sesgos y que los intereses políticos que con debates nada rigurosos no tendrán alternativa que enfrentarse a los datos más objetivos y realistas”.

Resulta encomiable que se destaque a investigadores que están innovando la disciplina económica y permitiendo acercarla a la cotidianidad. Eso está rindiendo frutos que anuncian nuevos derroteros para los estudiosos de la economía. Impresiona sin embargo que expertos reconocidos se sorprendan por los llamados “experimentos naturales” y digan que es innovador para la investigación empírica, nacido en los años 1990: “Los experimentos naturales son situaciones surgidas de la vida real que los economistas analizan para determinar relaciones de causa efecto.”

Encuentro una cierta soberbia y lo que denominaría “etnocentrismo disciplinar” en tales afirmaciones. Entre las ciencias sociales, la sociología y la antropología se han acercado a eso que ellos ahora llaman “realidad real” o “natural”, desde sus inicios hace ya casi dos siglos. Estudiar grupos humanos y culturas desde una observación cuidadosa y metódica, in situ, es algo que hemos hecho los antropólogos desde siempre; y aplicar métodos comparativos entre comunidades o conjuntos de individuos analizados para lograr conclusiones más generalizadas tiene, en esta disciplina, una historia añeja.

Ciertamente los resultados de estos esfuerzos se suelen presentar en textos comúnmente amplios y prolijos que dan cuenta de la riqueza de esas realidades analizadas, y lo suelen hacer con una profundidad sustancial y cuando se realizan concienzudamente contienen una abundancia de matices que difícilmente pueden alcanzar otras metodologías más orientadas a la estadística. Eso apunta a una necesidad que ha sido arduo conseguir: La colaboración entre perspectivas disciplinarias complementarias, pero que no siempre tienen conciencia de necesitarlo. Ojalá este estímulo ayude a ir abriendo caminos de colaboración. ¡Bienvenidos!

Ernesto Camou Healy es doctor en Ciencias Sociales, maestro en Antropología Social y licenciado en Filosofía; investigador del CIAD, A.C. de Hermosillo. Correo: e.camou47@gmail.com

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