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La corrupción también ha penetrado la estructura de la Iglesia en México: Barranco

Bernardo Barranco, coordinador de  Depredadores sagrados, un libro que sirve como “una visión actual de la pederastia enfocada en México”, habla en entrevista de cómo casos como el de Marcial Maciel y Los Legionarios de Cristo muestran cómo la corrupción ha penetrado las estructuras religiosas católicas en México.

Por Obed Rosas/SinEmbargo

CdMx.– La corrupción ha permeado a la clase política, las estructuras militares, a los empresarios, a las estructuras financieras y policiales, por lo que “sería lógico pensar que también ha permeado a la estructura eclesiástica”, planteó el escritor y sociólogo Bernardo Barranco.

“Lamentablemente uno tendría que suponer que si la corrupción ha permeado las más altas estructuras de la vida social, se tiene que admitir también que la corrupción también ha penetrado las estructuras religiosas católicas en este país”, comentó en entrevista Barranco, quien es el coordinador de Depredadores sagrados (Grijalbo), un libro que reúne ensayos de víctimas, filósofos, teólogos e incluso religiosos católicos y que sirve como “una visión actual de la pederastia enfocada en México”.

En ese sentido, Barranco habló de Marcial Maciel, quien para él personifica al depredador sexual religioso ,y de la congregación que fundó: Los Legionarios de Cristo, que pese a los abusos de su líder por muchos años a varios seminaristas y a la omisión que tuvo la Iglesia en estas agresiones aún sigue en pie, administrando colegios en el norte del país.

“Lo que intentó vendernos la Iglesia es que se trató de un depredador sagrado solitario y, por lo tanto, la misma estructura que él mismo creó está intacta y pura. Es un relato absurdo y ridículo porque si el tipo está podrido lo que va a construir es una estructura podrida que, además, sabemos muy bien que lo solapó, entregó dinero, entró en la lógica de corrupción y lo encubrió”, denunció.

El padre Marcial Maciel (izquierda), fundador de los Legionarios de Cristo junto al Papa Juan Pablo II. Foto: Tarcisio Samaniego, Cuartoscuro.

Para él lo que hay de fondo es que Los Legionarios construyeron una estructura económica inmensa que financia a El Vaticano mediante empresas, holdings, aseguradoras, colegios, universidades, terrenos, construcciones. “Era la lógica con la cual Los Legionarios se posicionaron a nivel internacional. Una lógica muy al estilo de la corrupción mexicana comprando a altos miembros de la jerarquía y comprando la propia estructura de Los Legionarios”. 

“En el fondo, el interés económico primó sobre las aberraciones religiosas y de degradación y perversión sexual que existe hoy en Los Legionarios”, expuso Barranco autor de otros libros como Las batallas del Estado laico: La reforma a la libertad religiosa (2016).

Bernardo Barranco expuso que estos casos de pederastia en el seno de la Iglesia católico han sacudido las entrañas de esta institución dando pauta a una crisis que la ha desbordado y ha impactado en sus niveles de credibilidad, de autoridad moral  y de respetabilidad.

“Estamos hablando de que la crisis está impactando también el nivel de ingresos. Se habla de la crisis de El Vaticano en materia económica y una de las grandes causas es precisamente que la gente ya no aporta donativos, limosna, apoyos, etc. Estamos hablando de una crisis muy grande. Ahora, hasta dónde tendría que venir la reforma.  Hay muchas opiniones. Hay quienes siguen apostando por pequeños ajustes hasta otros que están planteando que la crisis amerita un Concilio Vaticano Tercero, donde el tema central sea la relación entre la Iglesia, la religión católica y la sexualidad”, planteó.

Cuestionado sobre cómo se puede recuperar la confianza, sobre todo después de haber permitido por años casos de abusos a menores que después se negaron y ocultaron, Barranco identificó que hay “una especie de fractura de la narrativa eclesiástica”, una fractura de reconciliación y de búsqueda de perdón de la sociedad.

Por ejemplo, planteó, el año pasado, el Episcopado mexicano declaró que había 152 sacerdotes que habían sido removidos de sus cargos por pederastia. Pero, quiénes son esos sacerdotes, cuáles son sus nombres, en qué parroquias se dieron esos hechos, cuántas víctimas hay, qué atención se les dio y cuál es el estatus legal de estos criminales.  “Las respuestas son cero, no hay nada; sigue la oscuridad y opacidad”. 

 “En el fondo no han habido cambios reales y, por lo tanto, hay una distancia muy grande entre el discurso y lo que es la práctica. La Iglesia corre el peligro de seguir en este tobogán que no sabemos a dónde va llegar”, detalló.

La portada de Depredadores sagrados. Foto: Random House.

***

—El tema de los Depredadores sagrados representa en la actualidad una crisis de la que la Iglesia católica no ha podido desligarse. En ese sentido iría mi primera pregunta, ¿de qué tamaño y qué tan honda debe ser la reforma dentro que debe emprender el Vaticano?

—Es una crisis, dicha por muchos especialistas, comparable sólo a la Reforma del siglo XVI. Es la Iglesia que está sacudida en sus entrañas de manera muy fuerte y que no solamente atañe al tema de la pederastia, sino también al tema de cómo maneja la sexualidad. Es una crisis que la ha desbordado y la ha llevado a que sus niveles de credibilidad, de autoridad moral  y sobre todo de respetabilidad se hayan caído. En países como Chile en los últimos siete u ocho años la feligresía ha caído hasta casi el 50 por ciento. Chile, que era un país tan católico como México. O Estados Unidos, donde la caída de católicos ha sido entre un 20 y 30 por ciento. 

Estamos hablando de que la crisis está impactando también el nivel de ingresos. Se habla de la crisis de El Vaticano en materia económica y una de las grandes causas es precisamente que la gente ya no aporta donativos, limosna, apoyos, etc. Estamos hablando de una crisis muy grande. Ahora, hasta dónde tendría que venir la reforma.  Hay muchas opiniones. Hay quienes siguen apostando por pequeños ajustes hasta otros que están planteando que la crisis amerita un Concilio Vaticano Tercero, donde el tema central sea la relación entre la Iglesia, la religión católica y la sexualidad. Tenemos un amplísimo abanico de posiciones y de posturas sobre qué es lo que hay que hacer. 

—Se abordan distintas visiones en torno a los diferentes problemas. Por una parte las voces de los denunciantes e incluso una visión dentro de la misma Iglesia. Este mosaico de posturas, ¿qué es lo que busca mostrar al lector? 

—Es una visión actual de la pederastia enfocada en México. Ha habido muchos ensayos, artículos periodísticos, libros teológicos, pero ninguno tiene el acento de hacer un corte de caja de lo que está pasando hoy en México. El libro tiene la redacción de víctimas de diferentes generaciones. José Barba, que fue de la primera generación de víctimas heroicas que buscaba sobre todo la reivindicación eclesiástica, buscaba que la Iglesia les reconociera su causa. Otras víctimas que plantean la reparación del daño en materia económica, como se vio mucho en Estados Unidos. 

Tienes a Ana Luz Salazar en el libro que le importa un comino la Iglesia. Le importa muy poco si hay reparación económica de daños. Lo que quiere es justicia y que metan a la cárcel al depredador que la violó cuando era niña en Quintana Roo. Tienes una perspectiva de las diferentes visiones que hay en el mundo de las víctimas. Son importantes las víctimas porque, en todo esto, el enfoque de la pederastia se ha perdido. Tiene que estar centrado en las víctimas. 

Luego tienes artículos como el de Leopoldo Cervantes, que lo que hace es advertirnos que la pederastia no sólo se da en la Iglesia Católica, es decir, los focos de atención están ahí, pero está también en las iglesias evangélicas y las protestantes. Él denuncia lo que llama un ‘código de silencio’, es decir, el no hablar y tapar las cosas para que no se vean estas pequeñas iglesias sacudidas por los escándalos. Sabemos que los hay y son tan fuertes como en el mundo católico. Veamos lo que está pasando en Los Ángeles con el juicio que se está llevando a Naasón en la Iglesia La Luz del Mundo. 

Luego tienes un texto, que me encanta a mí, que es el de Cristina Sada, una persona que es muy activista que proviene de las élites de Monterrey. Es prima hermana de Salinas Pliego de TV Azteca. También es descendiente de esa dinastía Garza Sada del Grupo Monterrey. Ella parte de la pregunta de por qué los colegios han incrementado sus bonos y las colegiaturas. Hace una encuesta con los padres y llega a la conclusión de que no les interesa los escándalos ni que sus niños corran peligro, tampoco les interesa el nivel académico de los colegios. Lo que les interesa es que esos colegios de legionarios en Monterrey son espacios de agregación social. Es decir, son lugares donde los ricos conviven en esta lógica de una especie de enclaustramiento de las clases altas, de cerrarse frente a la sociedad y de mantener esta estirpe de elitismo. Eso me pareció muy interesante. 

Ruth Casas hace un trabajo extraordinario desde la teología feminista y habla mucho de la masculinidad sagrada. Los pastores son dueños de las conciencias, dueños de las almas y también se convierten en dueños del cuerpo. Es un trabajo muy interesante. Mónica Uribe nos habla del tema del encubrimiento eclesiático y toma como eje a Norberto Rivera, quien encubrió a Marcial Maciel y a otro gran depredador sanguinario como el padre Nicolás Aguilar. 

Yo trabajo el tema de las diferentes etapas de los medios de comunicación. En un primer momento, medios que fueron cómplices y, en un segundo momento, medios que explotan e incluso hacen de la pederastia un género periodístico. Hay películas, documentales, reportajes, radionovelas e incluso una película gana el Óscar. Ese boom de denuncias de pederastas ha venido bajando y estamos en otro estado en términos de la comunicación. Finalmente, está Erika Barrón que hace un análisis muy concienzudo de la evolución de la bibliografía sobre el tema de la pederastia de tal manera que tienes filósofos, víctimas, análisis sociales y es un corte de caja de dónde está hoy la pederastia clerical en México.  

—Por otra parte, ¿cómo se puede recuperar la confianza en una institución que por años ha mentido a sus fieles, ha protegido a los agresores y no ha ayudado a dar justicia a las víctimas?

—Es un problema muy serio que tiene la Iglesia, porque en un principio negó los abusos. Después tenía una actitud de conspiración, de complot local o internacional para dañar la imagen del cura y la Iglesia. Cuando explotan con casos muy contundentes, lo que hace la Iglesia es pretender negociar, chantajear y en algunos momentos culpabilizar a las víctimas. 

Las víctimas sufren una doble culpabilización. Primero el pasado y luego el chantaje de obispos y clérigos que les pedían no dañarlos, que eso sanaba, que lo dejaran pasar. La actitud deplorable de andar cambiando a los depredadores de parroquia y de lugar en lugar también causó mucho daño. Hoy la Iglesia acepta el problema, pero el discurso del propio Papa sigue siendo un discurso muy aterciopelado, bonito. 

La Iglesia tiene una narrativa en la que pide perdón, comprensión, paciencia y que hará cambios importantes. Pero esos cambios no han llegado, sigue la misma lógica. Por ejemplo, el año pasado, el Episcopado mexicano declaró que había 152 sacerdotes que habían sido removidos de sus cargos por pederastia. Quiénes son esos sacerdotes, cuáles son sus nombres, en qué parroquias se dieron esos hechos, cuántas víctimas hay, qué atención se les dio y cuál es el estatus legal de estos criminales. Las respuestas son cero, no hay nada; sigue la oscuridad y opacidad. 

Hay una especie de fractura de la narrativa eclesiástica. Es una fractura de reconciliación y de búsqueda de perdón de la sociedad. Pero en el fondo no han habido cambios reales y, por lo tanto, hay una distancia muy grande entre el discurso y lo que es la práctica. La Iglesia corre el peligro de seguir en este tobogán que no sabemos a dónde va llegar. 

—El Papa Francisco llega con este nuevo discurso y se esperaba que venía una nueva reforma, ¿qué es lo que sucede con el Papa?

—El Papa enfrenta muchas inercias. Enfrenta una Iglesia muy ensimismada que sigue con esa lógica de puño cerrado. Todas estas denuncias siguen siendo concebidas como intentos de minar la Iglesia y por tanto las iniciativas que ha mostrado Francisco no tienen eco en la estructura eclesiástica. Un ejemplo claro es en México. El Papa en México ha apretado las tuercas sobre todo a nivel de nuncio. Por más intentos que ha hecho el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano o el secretario de la Conferencia episcopal, no reaccionan. Tienen una actitud de avestruz. Creen que esto se va olvidar y que va a pasar, pero el hecho es que al contrario. 

Hay una actitud muy negativa y será cada vez mayor frente a la Iglesia si es que no muestra realmente una actitud de querer enderezar una nave que está yéndose a pique. La Iglesia católica se está yendo a la deriva por más esfuerzos que está haciendo el Papa. Sobre todo la feligresía escéptica cada vez al discurso de la jerarquía y los obispos que no quieren ni les interesa o no sé qué diablos les pasa, pero no le entran al tema. 

El Papa Francisco. Foto: Luca Zennaro, EFE/EPA.

—En el caso mexicano es notoria la manera en la que conviven la clase política con la Iglesia, esta cercanía ha llegado a niveles donde se asoma la corrupción, ¿la Iglesia mexicana es una muestra de qué tan corrompida está esta institución?

—Por supuesto. Si ves que la corrupción ha permeado la clase política, las estructuras militares, los empresarios, las estructuras financieras, las estructuras policiales, sería lógico pensar que también ha permeado a la estructura eclesiástica. Es un hecho y podemos tener diferentes botones.

Desde los vínculos con el narcotráfico —se habla mucho desde hace unos 15 o 20 años de las famosas narcolimosnas— hasta los momentos más actuales en que se ha documentado que el crimen organizado en Aguascalientes apoya económicamente con bienes o terrenos a la Iglesia católica. Con el caso Duarte en Chihuahua se ha documentado que una buena parte de la alta jerarquía formaba parte también de estos bonos secretos o especie de salario documentario que Duarte otorgaba a políticos y también a miembros de la Iglesia. 

Es decir, lamentablemente uno tendría que suponer que si la corrupción ha permeado las más altas estructuras de la vida social, se tiene que admitir también que la corrupción también ha penetrado las estructuras religiosas católicas en este país.   

—Por hablar de un caso en concreto, el de Marcial Maciel y Los Legionarios de Cristo, ¿cómo entender que pese a los abusos y la omisión en estas agresiones aún exista esta orden?

—Sí, es algo verdaderamente paradójico. Lo que intentó vendernos la Iglesia es que se trató de un depredador sagrado solitario y, por lo tanto, la misma estructura que él mismo creó está intacta y pura. Es un relato absurdo y ridículo porque si el tipo está podrido lo que va a construir es una estructura podrida que, además, sabemos muy bien que lo solapó, entregó dinero, entró en la lógica de corrupción y lo encubrió. La siguiente imagen que nos quieren vender es la de la manzana podrida en una canasta sana y por lo tanto hay que quitar a la manzana podrida para poder sostener a la canasta de manzanas sanas. Esto es absurdo y ni un niño de sexto año de primaria lo aceptaría de manera integral. 

Lo que hay de fondo es que Los Legionarios construyeron una estructura económica inmensa que financia a El Vaticano. Empresas, holdings, aseguradoras, colegios, universidades, terrenos, construcciones y que El Vaticano ha recibido, en esta lógica de corrupción interna, en la época de Maciel. Imagina que por invitarte a dar una misa te daban un sobrecito con 50 mil dólares. El Cardenal fulano de tal que fuera al seminario de Los Legionarios terminaba con una rica comida, un rico vino y un sobrecito de 50 mil dólares. 

Era la lógica con la cual Los Legionarios se posicionaron a nivel internacional. Una lógica muy al estilo de la corrupción mexicana comprando a altos miembros de la jerarquía y comprando la propia estructura de Los Legionarios. Cuando tiene esta papa caliente Benedicto XVI, cuando le estalla el escándalo mayor de Los Legionarios, él envía a un cardenal ecónomo a intervenir la Legión. Este cardenal, que era una de las personas que manejaba los dineros de El Vaticano, entró a la congregación para manejar los dineros de Los Legionarios y ahí él es el que opera esta sobrevivencia de Los Legionarios. En el fondo, el interés económico primó sobre las aberraciones religiosas y de degradación y perversión sexual que existe hoy en Los Legionarios. 

—Por último, ¿tiene la Iglesia la fortaleza para salir de esta crisis o estamos en la antesala de un declive más profundo de la Iglesia?

–Hay dos respuestas. Una respuesta de los historiadores que dicen que, en más de dos mil años de existencia, la Iglesia es la única institución que ha sobrevivido. Ha sobrevivido al patriarcado, al esclavismo, a la Edad Media, a la modernidad y probablemente a la posmodernidad. La Iglesia es una de las instituciones con una gran capacidad de adaptarse a los tiempos  a lo largo de la historia. Desde una mirada histórica, uno podría decir que esta crisis es muy severa y fuerte, pero viendo otras donde papas fueron asesinados y El Vaticano fue invadido, es capaz de sobrevivir. Tiene la capacidad. Cómo, no lo sabemos. 

Pero si le pides a un sociólogo que haga un corte, como a mí, te diría que la Iglesia tiene que hacer mucho más de lo que ha hecho hasta ahora. Mucho más. La Iglesia ha sido muy tacaña frente al tema. Ha querido conciliar su estructura, su modus operandi y las inercias con las exigencias de realmente reformarse y mostrar a la sociedad que quiere cambiar. Desde una perspectiva de lo actual, la Iglesia va perdiendo la batalla, está perdiendo credibilidad, está perdiendo autoridad moral  y está perdiendo pertinencia frente a un mundo convulso que en la pandemia necesitó de mucha ayuda espiritual, pero la Iglesia se vio no solamente imposibilitada sino que sufrió la crisis de la pandemia. Los templos cerrados, las estructuras atrofiadas y el internet se convirtió en el nuevo templo religioso. Youtube se convirtió en la verdadera catedral de la fe. Esto le presenta serios desafíos a las estructuras tradicionales de la Iglesia. Está esa doble visión. Como historiador te diría que la Iglesia ha atravesado por mayores crisis y, como sociólogo, la Iglesia ha hecho muy poco para enfrentar la crisis actual. 

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