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México y lo migrantes

Por Ernesto Camou Healy

— La semana pasada la Guardia Nacional disolvió una caravana de migrantes que provenía de Honduras. Por ley el Gobierno tiene la obligación de impedir la entrada de personas sin la documentación en regla; desde una mirada humanitaria, resulta comprensible que esas multitudes opten por huir de su país, y de la pobreza, la represión y la inseguridad sin frenos que ahí se viven: De alguna manera se debe intentar compaginar el respeto a la ley y la búsqueda de soluciones humanitarias al problema.

Tenemos en la frontera Sur el aprieto de los inmigrantes que aspiran cruzar nuestro territorio y acceder a la jauja norteamericana; pero también hay una crisis en el Norte mexicano, donde se acumulan extranjeros, sobre todo centroamericanos, que solicitaron asilo en los Estados Unidos por cuestiones de persecución política en sus países.

Fue Donald Trump quien para esquivar su responsabilidad para con los demandantes de asilo, que deberían permanecer en su territorio mientras se analizaban las peticiones y se concedía o negaba refugio, ideó que México fuera un “tercer país seguro” donde los perseguidos políticos esperaran el dictamen de los funcionarios estadounidenses.

Trump amenazó con poner fuertes aranceles a productos mexicanos si no hospedábamos a esos peticionarios. Tuvimos que hacerlo y ahora hay en Tijuana y Reynosa grandes campamentos de refugiados a la espera de asilo político. Y eso ha puesto nerviosos a Biden y su gente que están presionando a México para que despejen esos campamentos, que ellos ayudaron a crear, y los alejen de la frontera para evitar, entre otras cosas, movimientos masivos de cruce hacia el suelo gringo. También les preocupa, dicen, que atraigan bandas criminales, lo cual es un contrasentido pues la inseguridad y los delitos en toda la franja fronteriza son consecuencia directa de su demanda irresponsable y atroz por estupefacientes que mantienen sosegada a una porción ingente de su población.

Es en este contexto que el presidente López Obrador envió una propuesta al Gobierno norteamericano para ir hacia las causas económicas y sociales de la emigración centroamericana. Fue más allá y calificó de “hipócrita” impedirla y ponerla en riesgo incluso de vida, cuando al mismo tiempo allá hace falta fuerza de trabajo.

Para evitar eso expuso a los Estados Unidos la necesidad de iniciar una etapa diferente con respecto al fenómeno migratorio, que no se limite a contener el flujo de personas, y propuso llevar programas de desarrollo a esos tres países y tratar de generar, en un corto plazo, quizá seis meses, alrededor de 400 mil empleos y contemplar la opción de que el coloso del Norte acepte emitir visas temporales para esos trabajadores, ahora indocumentados. “Que se ofrezca trabajo, se protejan los derechos humanos es lo que expongo al presidente Biden” señaló López Obrador.

Se trata, afirmó, de iniciar una nueva etapa en la política migratoria, orientada en lo fundamental al desarrollo de los pueblos; para que haya trabajo en Centroamérica, para que tengan opciones, alternativas y esperanza. Hay que atender a las comunidades de origen de la gente, que se orienten inversiones hacia esos países que pueden producir mucho de lo que los estadounidenses están importando desde Asia, subrayó.

Con eso, señaló, se podría frenar ese éxodo y evitar los sufrimientos de tantos que cruzan el País y son víctimas de las bandas de narcotraficantes y sus brutalidades: Hay sicarios que los secuestran y torturan para extorsionar a sus familiares en territorio gringo, y manden dólares para “rescatarlos”. En otros casos los retienen y hacinan en bodegas para utilizarlos como rehenes en caso de ser detenidos en México.

Las historias de los migrantes son escalofriantes: Urge planes de contingencia para que el País que originó las redes de narcotráfico con su demanda de nirvanas inyectables, o antes, con sus repúblicas bananeras sujetas a su voluntad imperial, que generaron miseria por décadas, acepte su responsabilidad y proponga iniciativas efectivas de solidaridad.

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