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Normalistas de Saucillo comparten cuento infantil en memoria de estudiantes de Ayotzinapa

Por Raúl Fernando Pérez (texto y fotos) / Raíchali

“Esta es la historia de los sueños, pero de los sueños arrebatados…”

Con estas palabras comienza el cuento “El lugar de los desaparecidos”, una historia escrita para concientizar a las infancias sobre la desaparición de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa en 2014.

Para conmemorar el mes 83 desde este suceso, un grupo de estudiantes de la Escuela Normal Rural “Ricardo Flores Magón” de Saucillo se reunió en el centro de la ciudad de Chihuahua para leer este cuento a niños y niñas.

el lugar de los desaparecidos un cuento infantil para recordar Ayotzinapa

El cuento relata la historia de Lía, una niña que como por arte de magia visita el lugar a donde van los desaparecidos:

El rostro de las personas era triste, caminaban apagadas y sin sentido, retumbaban sonidos en lo alto, pero no se veían de donde provenían. En la plaza Principal del mundo de los desaparecidos se encontraba un grupo de jóvenes sentados, uno de ellos notó la presencia de Lía y se acercó a ella.

—Eres nueva aquí verdad, ¿crees que a ti también te busquen? –preguntó el joven.

Las normalistas recorrieron las calles del centro para invitar a los niños y las niñas que veían a escuchar el cuento. Pronto llegaron acompañados de sus madres y padres y se sentaron en las gradas de un edificio con crayones y hojas para colorear.

Después de cada lectura, las normalistas invitaron a los niños y las niñas a reflexionar sobre la desaparición de los estudiantes y la importancia de la educación. 

El cuento fue escrito por María Guadalupe Márquez Ramírez, también estudiante de la Escuela Normal de Saucillo, para contar la historia de estas desapariciones a las personas más jóvenes y dejar en ellas una semilla de conciencia sobre la seriedad del evento.

He aquí el relato de María Guadalupe:

Esta es la historia de los sueños, pero de los sueños arrebatados.

Esta es la historia de la niña más rara del mundo, una niña que no deseaba jugar, no deseaba tener amigos, no le daba hambre y no deseaba la vida, a pesar de tener el cariño de sus padres y hermanos. Lía era su nombre.

Su hermano pequeño Job, en cambio, era un soñador. Una tarde mientras su madre les preguntaba qué querían ser de grandes… Job sin pensarlo respondió –Maestro, Mami. En cambio, Lía se burló de su hermano y contestó –¡Yo no quiero ser nada! ¡Yo no tengo sueños! ¡Yo solo quiero desaparecer!

Lía siguió creciendo y llegó el momento de asistir a la primaria. No tenía ilusión por nada, así que decidió quedarse en el salón de clases en un rincón junto al escritorio del profesor, solo quería ser invisible quería desaparecer, cuando de la nada cae, golpeando su cabeza, un paquete color café, parecía un libro envuelto, tenía letras grandotas que decían “Desaparecer”. En su mente era lo único que quería, y deseaba que aquel libro la alejara del lugar, así que sin pensar abrió el paquete encontrándose con un Libro “Ayotzinapa, horas eternas”. Cerró los ojos, pues no pensó en la gran historia  que podría encontrar, pero que gran sorpresa se llevó cuando al abrirlos una vez más se encontraba en otro mundo. “Bienvenido al lugar de los Desaparecidos” anunciaba aquel obscuro lugar. Con mucho miedo, pero a la vez mucha curiosidad por saber dónde se encontraba, decidió caminar por ahí. Veía muchas personas, pero no conocía a nadie.

El rostro de las personas era triste, caminaban apagadas y sin sentido, retumbaban sonidos en lo alto, pero no se veían de donde provenían. En la plaza Principal del mundo de los desaparecidos se encontraba un grupo de jóvenes sentados, uno de ellos notó la presencia de Lía y se acercó a ella.

—¿Eres nueva aquí verdad?, ¿crees que a ti también te busquen? –preguntó el joven.

—¿A mí? –contestó– es que… yo… yo…–respondía Lía.

—Tranquila, sé cómo te sientes –dijo el joven mientras la abrazaba ligeramente– Sé cómo es el primer día, te sientes mal, crees que estás en una pesadilla, con el tiempo algunos vuelven, otros seguimos aquí. Hoy se cumplen 6 años que me desaparecieron a mí, Jorge Antonio Tizapa Legideño. A lo mejor me has visto antes; mi madre Hilda, mi hermano y mis compañeros han puesto fotografías mías y de mis otros 42 compañeros desaparecidos. ¿A ti por qué te desaparecieron? –preguntó el joven.

—No, a mí no me desaparecieron, era mi primer día en la escuela y yo… yo siempre quise desaparecer, no quería estar en ningún lugar, yo quería desaparecer – respondió Lía.

El Joven sonrió irónicamente mientras le decía –¿Querías desaparecer? como si fuera un sueño –se apresuró rápidamente a contestarse el joven–. No niña, desaparecer no es como si fuera un sueño, porque para desaparecer te tienen que arrebatar tus sueños –dijo el joven mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.

—¿Cómo terminaste aquí? –preguntó Lía llena de dudas.

Con voz nostálgica el joven comienza. –Yo he querido regresar, no hay día que no lo desee. Todo empezó cuando era pequeño, mi madre me peguntó que quería ser de grande y sin pensarlo respondí que “Maestro”. Así que todo comienza en ese sueño por quererme superar, le dije a mi madre que me iba de casa, salí para la ciudad, tenía muchas ganas de estudiar. Ser maestro desde niño lo soñé, jugaba en aquel patio a la escuela y a mi hermanito enseñé. No teníamos para el viaje, me puse a trabajar, con ansias hice mi examen de entrada a la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. El 26 de septiembre de 2014 sucedió todo lo peor, fuimos atacados y golpeados en la cuidad de Iguala por policías.

—¿Por qué? ¿Los policías eran malos? –interrumpe Lía.

—No sé si los policías eran malos o solo estaban recibiendo órdenes del gobierno de atacarnos, pero lo hicieron –respondió el joven.

—¿Por qué los gobernantes los atacaban? –preguntó la niña.

 —Siempre lo había hecho, no solo a nosotros de Ayotzinapa, también a otras Normales Rurales, nos decían guerrilleros porque exigimos nuestros derechos y los de otras personas, especialmente de los que más necesitan.

—¿Qué más pasó el 26 de septiembre? ¿Qué hizo que estuvieras aquí?– insistió la pequeña.

—Cuando nos atacaron corrimos todos, queríamos salvarnos, sentíamos mucho miedo, nos disparaban y nos gritaban muchas cosas, quisimos defendernos pero nosotros solo teníamos piedras y ellos tenían armas. Los policías seguían llegando, estaban dispuestos a asesinar. Tres de mis compañeros cayeron. Sus familias ahora lloran su ausencia, uno más está en una cama, en estado vegetal, digo, sin moverse, ni hablar ni nada desde entonces. Ya no pudimos salvarnos y a golpes nos levantaron, nada podíamos hacer, nos pusieron boca abajo con la bota en la cara, nos querían desaparecer, nos levantaron de ahí y nos llevaron a otro lugar, empezamos a llorar y todo se empezó a nublar. Después de un golpe en la cabeza todo se me oscureció, ahí se me borraron los sueños de ser un buen profesor. Desperté aquí en el mundo de los desaparecidos, donde vienen los que no han vuelto.

Lía comenzó a secar sus lágrimas —¿y ahora tu familia te busca en la tierra de los vivos… en México?

—En mi jacal mi madre ha llorado estos 6 años, quiere verme de regreso como cuando me iba; ella no pierde las esperanzas que me regresen con vida –contestó–. Ven, está por empezar…

¿Empezar? ¿Qué? –preguntó Lía.

—Son las voces, es la única conexión que tenemos con el mundo, cada 26 salen a las calles todos los que no pierden la esperanza de volver a vernos, su esperanza es lo que nos mantiene, si nos olvidan ellos ganan. Ven, vamos a escuchar– dice el joven.

Aquellas voces estremecían, algunos de los jóvenes lloraban y se abrazaban los  unos a los otros, y en aquel lugar seguían retumbando las voces –¡VIVOS SE LOS LLEVARON,  VIVOS  LOS  QUEREMOS!…! NOS  FALTAN  43!…! 26  DE SEPTIEMBRE NO SE OLVIDA, ES DE LUCHA COMBATIVA!… ¡NO ESTAMOS  TODOS, NOS FALTAN 43!… ¡AYOZTI VIVE, LA LUCHA SIGUE!… Esto se oía por todos lados, con voces de hombres, mujeres y niños.

—¿Los conoces? –preguntó Lía– ¿Conoces a todas esas voces?

—Algunos son mi familia y amigos –respondió– otros son nuestros hermanos normalistas, que no me conocieron pero que luchan por nosotros, son de  las 17 Rurales del país, desde las más encontradas al Norte como El Quinto, Saucillo, Aguilera, todas las del Centro; El Cedral, San Marcos, Cañada honda, Atequiza, Cherán, Tiripetío, Tenería, Panotla, Teteles y Amilcingo y todas las del sur; Ayotzinapa, Tamazulapan, Mactumatzá y Hecelchacan. Todas formadoras de maestros, y creadas para educar a los hijos de campesinos, llevar la educación a los que menos tienen.

Lía conmovida por todo lo que le había contado, por darse cuenta que desaparecer no es un sueño y que no quería ser buscada, no quería sentir “voces” quería su realidad, que ella tenía todo y no se había dado cuenta, buscaba una manera de regresar el tiempo y soñar con muchas cosas, al sentirse tan mal se echó a llorar un largo rato.

Después de un rato, Lía despierta en el aula desconcertada por todo lo que había escuchado y visto, se encontraba confundida no sabía si aquello solo había sido una pesadilla. Agitada busca a su profesor y le pregunta –¿Usted sabe que pasó con los 43 de Ayotzinapa?

Tras escuchar la versión de su profesor que coincidía con lo que le había sucedido, Lía descubrió su misión, su meta y para lo que estaba hecha. Para buscar a todos los que les han quitado sus sueños, por que desaparecer es un sueño del que los desaparecidos quisieran despertar, seguir soñado no es precisamente seguir durmiendo y estar desaparecido no es un sueño para que se haga realidad. Para seguir buscando los 43 de Ayotzinapa.

Fin

Autora: María Guadalupe Márquez Ramírez de 3 “C”.

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